Juicio Subzona 15: la espera de un hijo en cautiverio

Silvia Castilla llegó a Mar del Plata en 1977 y fue secuestrada mientras estaba embarazada. Pasó por la Base Naval y la ESMA y permanece desaparecida. Relatos de amigos y familiares, 42 años después.

30/06/2019
Juicio Subzona 15: la espera de un hijo en cautiverio
(Fotos: archivo / QUÉ Digital)

Máximo Cargnelutti era amigo y compañero de militancia de Silvia Castilla. Él fue secuestrado en Buenos Aires y ella en Mar del Plata, y ambos se encontraron en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en 1977. El hombre recuerda hoy, 42 años después, haber estado los dos encadenados y humillados, pero ella, además, indignada y deseando un hijo. Es que Silvia Castilla había sido secuestrada estando embrazada. “Me preguntó si la iban a dejar tener su hijo; intenté darle ánimo diciendo que sí. No sé si esto me lo voy a perdonar alguna vez”, expresó Cargnelutti, en el marco de una declaración prestada desde México en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo desde el año pasado en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata.

Silvia Laura Castilla, oriunda de Bahía Blanca, estudiante de la carrera de Ingeniería Química y militante de la agrupación Montoneros, fue secuestrada en Mar del Plata en octubre de 1977, mientras se encontraba embarazada. Fue trasladada en un primer momento en la Base Naval y alojada en el edificio de la Agrupación de Buzos Tácticos. Más tarde, fue conducida a la ESMA a los fines de dar a luz en la sala de maternidad allí ubicada, lo que habría sucedido en febrero de 1978. Actualmente permanece desaparecida.

Cargnelutti, la mamá de Silvia, una amiga y una compañera de militancia declararon en una de las audiencias que le dio continuidad al juicio que se desarrolla desde abril del año pasado en Mar del Plata y que tiene a 43 imputados por delitos cometidos en la Subzona 15 -ámbito jurisdiccional, compuesto por las áreas 15.1 y 15.2- y en los centros clandestinos de detención conocidos como “La Cueva” y Base Naval.

Silvia Castilla. Desaparecida. Juicio Subzona 15“Me gustaría que aparezca el bebé”. Con esa frase Diana Edelstein, amiga de Silvia, cerró su declaración, ante los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Alfredo Ruiz Paz,  en la que contó que habían sido compañeras en la secundaria y en la universidad en Bahía Blanca y que con algunas pocas referencias ella le había contado que militaba en Montoneros. Asimismo, señaló que producto de la persecución que sufría Silvia alguna vez la había alojado en su casa y explicó que luego, hacia 1977, su amiga había decidido venirse a vivir a Mar del Plata junto a su pareja, que luego sería asesinado. “Salió en los diarios de Bahía y fue Silvia la que llamó a los padres de él para contarles”, recordó.

Diana mantuvo un intercambio de cartas con Silvia desde su partida de Bahía Blanca y la última la recibió, según recordó, en los últimos meses de 1977. Asimismo, expresó que su madre le había enviado ropa teniendo en cuenta que les había contado que estaba embarazada de una nueva pareja.

A su turno, Dora -hermana de Silvia- contó en el juicio que ella también sufrió un secuestro aunque fue por algunas horas en Bahía Blanca y luego de la detención de Silvia. “Me preguntaron por mi hermana, incluso me picanearon“, relató y sumó que horas más tarde fue liberada ante la amenaza de que no dijera nada de lo que le había ocurrido. “Mis padres se murieron sin saber de su hija, imperdonable”, lamentó en el cierre de su declaración y ante preguntas de la fiscal María Eugenia Montero.

 EL ENCUENTRO EN LA ESMA 

Máximo Cargnelutti fue el tercer testigo que declaró en torno a la desaparición de Silvia. Desde México relató cómo era su relación de amistad por haber estudiado juntos en Bahía Blanca y cómo fue aquel encuentro en la ESMA.

El hombre expuso que aquel encuentro se produjo entre fines de octubre y principios de diciembre de 1977 y detalló que la vio al menos dos veces: en una pudo intercambiar unas palabras.

“Vi a Silvia Laura Castilla en el altillo de la ESMA entre fines de octubre y comienzos de diciembre de 1977, desde la puerta de una sala de tortura, esto ocurrió después de 18 meses que no la veía, en un periodo cercano en el tiempo a mi encuentro con Graciela Tauro, otra secuestrada de Bahía Blanca embarazada y a la presencia de las monjas y familiares secuestrados en la Iglesia de la Santa Cruz”, contó el hombre luego a través de sus redes sociales. “La vi, desde el ingreso de esa ‘sala’ de interrogatorios del altillo, en uno de los compartimentos delimitados por paredes delgadas de madera compensada llamados ‘tabiques’ donde, como otros secuestrados, debía permanecer acostada sobre una colchoneta; tenía grilletes en los pies y los ojos cubiertos con un antifaz de viajero de avión y (estaba) demasiado abrigada para mi sensación”, sumó.

En este marco, contó que pudo hablar brevemente con ella. “Me dijo que la traían de Mar del Plata, que en esa ciudad había sido asesinado Nelson Vega (su pareja), nuestro común amigo de Punta Alta y que se encontraba en el cuarto mes de embarazo. Me preguntó si le iban a dejar tener su hijo; intenté darle ánimo diciendo que sí. No sé si esto me lo voy a perdonar alguna vez”. Máximo sostuvo que tras ello no volvió a verla más y, según su parecer, Silvia podría no haber dado a luz en ese lugar.

Silvia y Máximo se habían conocido hacia 1973 cuando compartían estudios de Ingeniería Química en la Universidad Nacional del Sur. También fueron compañeros de militancia en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y luego ella prefirió pasar al activismo en la Juventud Peronista. Hacia 1974 fueron ayudantes de cátedra. “Fuimos contratados al mismo tiempo, en marzo de 1974 como ayudantes de cátedra en la materia Introducción a la Química y simultáneamente fuimos declarados cesantes durante la gestión del Interventor Remus Tetu, en marzo de 1975. Las razones de la cesantía nuestra y de muchos otros docentes y no docentes que esgrimió Remus Tetu, y que magnificó el diario La Nueva Provincia, fueron la necesidad de depurar la universidad de elementos tendenciosos, politizados y la defensa de la ‘seguridad nacional”, recordó.

Hacia principios de 1976 mantuvieron contacto, y en junio de ese año Máximo abandonó esa ciudad para ocultarse de la persecución. Desde ese momento no supo nada más de Silvia hasta que la volvió a ver en la ESMA. “Seguimos esperando tener un día y un lugar para un luto“, lamentó, sobre el cierre de su declaración.

JUICIO SUBZONA 15 LESA HUMANIDAD TRIBUNAL FEDERAL  (1)

Quien también prestó declaración por haberla visto secuestrada a Silvia, aunque en su caso en la Base Naval, fue Liliana Gardella, que también permaneció allí alojada. La mujer -cuyo secuestro también es juzgado en el marco del proceso- contó que había sabido de su desaparición antes de haber sido secuestrada ella -lo que ocurrió el 25 de noviembre de 1977- y expuso que se conocían a partir de la militancia en Montoneros. Asimismo, explicó que Silvia estaba en ese momento en pareja con José Valledor, padre del hijo que esperaban, que fue asesinado el 6 de octubre de 1977 en la zona de las calles España y Peña.

“No recuerdo haber hablado con ella. Sí haberla visto”, expuso respecto al encuentro en la Base Naval y sumó también haber visto que estaba dentro de uno de los varios autos que formó parte del operativo en el que ella fue secuestrada en la zona de la estación de trenes de Mar del Plata.

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