Juicio Subzona 15: la lucha de una familia que todavía continúa

Héctor Cuccaro fue desaparecido en agosto de 1976 y meses después un explosivo fue activado en su casa. Sus familiares relataron su dolor en el juicio. “Si pudiera hoy estar con él le diría que sí valió la pena”, expresó su hermana.

24/03/2019
Juicio Subzona 15: la lucha de una familia que todavía continúa
(Fotos: archivo / QUÉ Digital)

“Él era muy feliz, ese ideal que él tenía, el de un mundo mejor, lo llevaba como orgullo y a mí me honra que él haya podido tener esa convicción”. Así describe Graciela a su hermano, Héctor Luis Coco Cuccaro Maldonado, militante de una unidad básica del Barrio Cerrito Sur, ligado a Montoneros, que en agosto de 1976 fue desaparecido. A 43 años, Graciela –junto a otros integrantes de la familia- declaró en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo desde el año pasado en Mar del Plata. La mujer remarcó que desde aquel día “nunca más supieron nada de él” y expresó: “Si pudiera hoy estar con él le diría que sí valió la pena”.

Héctor Cuccaro fue visto por última vez por su pareja el 25 de agosto de 1976. Hacía unos pocos meses había sido papá y vivía junto a ellos en una casa muy humilde del barrio Cerrito Sur. Héctor supo que su militancia política lo tenía en riesgo no sólo a él sino también a su familia. Por eso alejó de su casa a su pareja y su hijo y finalmente fue secuestrado y desaparecido. Meses después, y en medio de la desesperación e incertidumbre de su familia, un explosivo fue activado en la precaria vivienda. Su pareja debió irse de Mar del Plata, por miedo, durante algunos meses y mientras tanto su hijo quedó a cargo de los abuelos.

Una de las últimas audiencias del juicio contra 43 imputados que se lleva a cabo en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata por delitos de lesa humanidad cometidos dentro de la Subzona 15 y en “La Cueva” y la Base Naval tuvo como testigos a la familia y allegados a Cuccaro, víctima de unos de los 272 hechos que se ventila durante el debate.

“Él tenía una vocación de servicio por los demás, quería un mundo mejor. Al haber nacido en una familia muy humilde mi mamá siempre recordaba la ayuda social que le había brindado en esos años la señora Eva Perón, de manera de que en mi casa siempre se hablaba del tema. Creo que desde ahí nace un espíritu de querer retribuir a la sociedad. En mi casa el espíritu de solidaridad era moneda corriente”, expuso Graciela, hermana de Cuccaro, al prestar declaración ante los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Alfredo Ruiz Paz y al responder preguntas de los fiscales Eugenia Montero y Juan Pablo Curi.

JUICIO LESA HUMANIDAD MEGA CAUSA SUB ZONA XV  (8) JUEZ FALCONE

 

Coco estuvo muy ligado a lo que era la unidad básica del barrio Cerrito Sur”, recordó y expresó: “Él era muy feliz, ese ideal que él tenía de un mundo mejor lo llevaba como orgullo y a mí me honra que él haya podido tener esa convicción y dar lo que él consideraba y ayudar a quien podía. Ese era su espíritu, eso lo fue llevando a una militancia”.

Y antes de introducir su relato respecto a la desaparición de su hermano, señaló: “Si pudiera hoy estar con él le diría que sí valió la pena”.

De su familia, Graciela fue la última persona en ver a Coco. “Un día me fue a ver y me dijo que le cortara el pelo y le sacara la barba porque ‘lo habían localizado’”, relató la mujer y puntualizó que eso había hasta motivado una discusión entre ellos ante la preocupación que generaba su pareja y su hijo que había nacido tan sólo tres meses antes.

“Recuerdo que me dijo ‘A mí estos me van a matar, pero quédate tranquila que yo me lo voy a llevar la muerte y mi familia nunca va a tener ningún riesgo’”, expuso, para luego sumar: “Eso pasó y al poco tiempo nos esteramos, a la semana, que lo habían ‘levantado’ de calle con un compañero”.

En medio del dolor, la mujer contó que previamente, ante el conocimiento de que lo buscaban, le había pedido al padre que lo “protegiese” en la casa familiar. “Mi papá le dijo con mucho dolor le dijo que no podía arriesgar a toda mi familia y que lo sentía en el alma”, rememoró.

Como en los numerosos relatos que se exponen a lo largo del juicio, Graciela contó que fue su mamá –quien falleció meses atrás- quien se puso al hombro la búsqueda y lamentó: “Hasta la fecha nunca más supimos nada”.

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 LA DESAPARICIÓN, LA FAMILIA Y EL TERROR 

María Rosa Cabrera era la pareja Cuccaro. Lo había conocido en 1971 mientras realizaban una militancia social en el barrio Cerrito Sur. Al poco tiempo se fueron a vivir juntos y luego nació su hijo.

Tras exponer la militancia de Coco en Montoneros, la mujer relató dos secuencias vividas sobre el final del contacto con él. La primera se dio cuando una tarde llegaron un grupo de compañeros de militancia a su casa y Coco le dijo que tendrían que quedarse allí porque los “venían persiguiendo”, aunque finalmente se fueron de la vivienda. Y la segunda se produjo cuando le contó que había “caído” un compañero que tenía mucha información y eso lo mantenía sumamente preocupado por lo que decidió llevarla junto con su hijo a lo de lo de sus suegros.

“Me llevó a la casa de mis padres porque lo iban a buscar unos compañeros para llevárselo de Mar del Plata”, contó María Rosa y ahondó en el relato: “Me dijo que si en algunos días no tenía noticias de él que no lo buscara. Yo no le hice caso, y al pasar unos días fui a la casa con un vecino para que me ayude a buscar ropa, porque no tenía nada, y una vecina me dijo que no llegara porque a Héctor lo habían visto que llegaba con personas uniformadas de policías, que lo hicieron entrar esposado por la ventana y lo sacaron por la ventana y con un montón de papeles”.

Asimismo, contó que en medio del pánico que le provocó lo relatado, luego volvió a la casa para intentar recuperar sus cosas. “Los mismos vecinos me dijeron que no porque habían allanado toda la manzana y que habían puesto explosivos en mi casa”, recordó y expuso haber estado “aterrada” en aquel momento.

Era tal el temor de María Rosa que sus padres hicieron que se fuera unos meses de la ciudad mientras su hijo quedó al cuidado de ellos. “Mi vecina me contó que los militares lo golpearon muchísimo a su marido preguntando por la familia que había quedado. Lo que me extrañó y me aterró fue que lo golpearon a ese hombre para preguntarle por mí y por mí bebé y ellos diciéndoles mi nombre y mi dirección”, contó.

María Rosa coincidió en que fue la madre de Coco quien más se abocó a la búsqueda. Una de las tantas puertas golpeadas para intentar tener respuestas fue a través de uno de los hermanos de Coco, que hacía muy poco formaba parte del Ejército, en la parte administrativa de liquidación de sueldos.

“El hermano, que en ese momento pertenecía al Ejército, intentó tener alguna información. Según me relataron su madre y su hermana a él le dijeron que no lo busque porque le iba a pasar lo mismo”, expuso la mujer. Luego el hombre al declarar no puntualizó en esa situación y lamentó: “Mi mamá fue la que luchó toda su vida y falleció hace cuatro meses sin poder llevarse la verdad”.

Carlos, un amigo y compañero de militancia de Coco, también declaró en el debate y contó que previamente a su desaparición había pasado unos tres días en su casa ”porque le parecía que lo estaban siguiendo, buscando”.

Así, el hombre recordó su último contacto, visiblemente emocionado: “Nos despedimos y me dijo que tenía que hace un contacto. Encontrarse en una chica de una unidad básica. Desde ahí nunca más supe de él”.

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