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14/05/2022

La historia de Tito y su familia, un caso testigo para las niñeces trans en Mar del Plata

Por segundo año consecutivo, Mar del Plata celebra este 14 de mayo el “Día de la visibilidad de niñeces y adolescencias trans” en conmemoración a la primera rectificación de identidad. Su historia.

La historia de Tito y su familia, un caso testigo para las niñeces trans en Mar del Plata
(Foto: Asociación Mundo Igualitario)
Celeste Verdicchio

Por: Celeste Verdicchio

Por segundo año consecutivo, este 14 de mayo Mar del Plata celebra el “Día de la visibilidad de niñeces y adolescencias trans y/o no hegemónicas” en conmemoración a la primera rectificación de una partida de nacimiento hecha en la ciudad: ese caso “testigo” fue el de Tito, un niño trans que realizó el trámite en el marco de la ley de Identidad de Género. A tres años del hecho que marcó todo un antecedente en materia de derechos humanos y de reconocimiento a la identidad, Qué digital dialogó con la familia de Tito para conocer cómo fue su historia, atravesada por el acompañamiento a esa transición y, también, algunos miedos.

Tras la aprobación de la ordenanza 19.251, Mar del Plata celebra por segundo año consecutivo el “Día de la visibilidad de niñeces y adolescencias trans y/o no hegemónicas”, una fecha impulsada en conmemoración a la primera rectificación de una partida de nacimiento realizada en la ciudad el 14 de mayo de 2019.

Esa rectificación pertenece a Tito, un niño transgénero cuyo género autopercibido no coincide con el que le fue asignado al nacer. Y junto a su familia, marcaron un importante antecedente a nivel local del cumplimiento de los derechos establecidos en la ley de Identidad de Género (26.743).

Tito nació en Mar del Plata en diciembre de 2010 y “desde muy chiquito empezó a expresarse de otra manera”, relata en una entrevista con Qué digital Matías, su papá. Aunque en un primer momento reconoce que “las formas de expresarse” de Tito -que ahora tiene ocho años- “parecían más un juego que otra cosa”, al poco tiempo notaron que no se trataba de un juego de roles del sexo opuesto sino que esa era la identidad de Tito: se autopercibía como un niño.

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Rápidamente, en cuanto Tito pudo expresarse, confirmó la sospecha: “En una oportunidad su madre le dijo ‘mi princesa’ y le contestó ‘no, princesa no, príncipe’. Y en ese momento apenas hablaba”, recuerda. Fue a partir de entonces, y luego de muchos indicadores, que los padres de Tito tomaron la decisión de comenzar a informarse, buscar otros relatos de niñeces trans y consultar con profesionales médicos que pudiesen orientarlos, “lejos de una postura de negación”.

“Lo primero que hicimos fue salir a buscar gente que entendiera de esto. Fuimos a Buenos Aires a ver profesionales de diferentes ramas médicas para entender qué estaba sucediendo, porque nosotros no teníamos la capacidad de entenderlo aun siendo médicos los dos. Y la consulta nos tranquilizó muchísimo. Entendimos que esto era así, que existe, que es natural y que hay que tomarla como tal, y acompañar el proceso de transición, no oponerse”, cuenta.

Sin embargo, en busca de otros relatos, Matías recuerda haber leído junto a Guada, la mamá de Tito, el libro Yo nena, yo princesa, que narra el testimonio de una niña trans y el derecho a la identidad, pero también lo difícil y doloroso que puede ser atravesar una transición: “Fue un detonante en nuestras cabezas. Nos permitió entender qué estaba sucediendo y que podía llegar a ser algo muy difícil para él, con mucho sufrimiento“.

Pero la respuesta a la que llegaron los papás de Tito, después de muchas consultas médicas y búsquedas de otros casos, fue que sencillamente debían acompañar: “Y eso fue lo que hicimos. Tito se desarrolló en un ambiente de muchísimo amor hacia él. Nunca tuvo un enfrentamiento, una oposición o intentar imponerle una postura porque entendimos, hablando con otros chicos transgénero, que estos chicos de por sí tienen un camino extremadamente difícil y que su refugio tiene que ser la familia”.

“Si pierden ese refugio en la familia se quedan sin nada. Y eso a mí me preocupaba muchísimo porque cuando uno se pone a investigar qué es lo que generalmente sucede con chicos transgénero te das cuenta que son historias terribles, muy tristes”.

Con frecuencia, las personas transgénero son rechazadas, estigmatizadas, excluidas y discriminadas socialmente. Las personas trans, a diferencia de las personas cis -aquellas en las que el género asignado al nacer coincide con el autopercibido- suelen tener una alta tasa de intentos de suicidio y una esperanza de vida mucho más corta. Una situación que, asegura Matías, le preocupaba muchísimo: según uno de los últimos informes difundidos por Fundación Huésped Argentina, cinco de cada diez masculinidades trans han tenido ideaciones suicidas y cuatro de cada diez de ellos han intentado suicidarse.

“No me angustiaba el tema de que él fuera transgénero sino las cosas que le podían llegar a pasar afuera de casa. Esos fueron mis principales miedos porque yo sabía que en casa él siempre iba a estar bien, acompañado y aceptado en su elección, pero uno no puede controlar lo que pasa afuera y eso también intentamos que lo aprenda”, revela Matías.

LA “NORMA” BINARIA EN LAS NIÑECES

Pareciera que la “norma” binaria, aquella que identifica a las categorías de género femeninas y masculinas como las únicas posibles, “pesa” más en los adultos que en las niñeces: “Se ve en cosas muy sencillas en los adultos, diferenciando las cosas que son de nenes y las cosas que son de nenas”, apunta Matías. Y si bien Argentina es un país con grandes avances en su legislación respecto a la identidad de género, aún falta mucho camino por recorrer en el plano social, allí donde deberían conocerse y aplicarse las leyes pero que siempre se va a paso más lento.

Y en ese sentido, las instituciones son un fiel reflejo de lo que ocurre a nivel social. Para Matías, los mayores inconvenientes al momento de acompañarlo en su transición fueron con los directivos y aquellos docentes que toman medidas posteriores al desatarse un conflicto: “Los cambios hay que hacerlos antes de un conflicto y no hacer pasar a los chicos por una determinada situación, porque una vez que pasan por eso ya está, ya quedó la marca. Desde el colegio, o desde cualquier ámbito en el que desarrollen los chicos, las instituciones tienen que entender que llegar tarde o hacer cambios posteriores a los conflictos no tiene sentido porque el daño ya se generó”.

“Hemos tenido buenas y malas experiencias. Con alguna docente en particular nos costó mucho más que entienda, que tenga empatía de ponerse en el lugar de Tito y entender las cosas que podían hacerle mal. Se ve con cosas muy sencillas a esa edad, como la distribución de los cuadernos en donde enseguida te ponen de un lado o de otro, según si sos nena o nene. Toda esa cuestión binaria a él lo hacía reflexionar de qué lado estaba y le generaba un conflicto. Lo decía de la manera en que podía y nosotros lo expresamos pero no había una respuesta. Y son cosas muy sencillas que no hacen al funcionamiento del colegio, de la currícula”, graficó.

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Para Matías, si bien en los últimos años han surgido muchos cambios positivos desde el plano legal, lamenta que los cambios culturales más estructurales demoran más: “Primero aparecen las leyes gracias a un movimiento importante pero después de eso se quiere generar el cambio social y eso es algo que va a tardar muchos años”.

“No es que porque haya una ley de identidad de género toda la gente que ha sido marginada y excluida por tanto tiempo va a ser incluida. La sociedad está muy dividida y el Estado no es laico, hay un pensamiento muy ligado a la religión que es muy difícil de convencer de algo así. Entonces se genera la ley, se genera la propuesta, pero después tiene que haber un cambio a nivel social y todavía falta bastante”, apunta.

AFECTIVIDAD Y ACOMPAÑAMIENTO

El 14 de mayo de 2019, fecha en la que se realizó la rectificación de la partida de nacimiento de Tito, fue un día de absoluta celebración y emoción, tanto para Tito como para su familia y los diversos organismos de derechos humanos y movimientos que encabezan la lucha por los derechos del colectivo LGBTIQ+. No obstante, antes de la rectificación que llegaría en 2020, a nivel familiar, la mayor trascendencia la vivieron el día que Tito se cortó el pelo -cuando tenía alrededor de dos años- y finalmente pudo verse a sí mismo como tal: “Le cambió la cara. Estaba muy feliz. Nunca lo había visto así”.

Según cuenta Matías, “el día de la rectificación fue un día tan importante para él que incluso quiso, muy consciente de lo que estaba ocurriendo, que sus mejores amigos del colegio lo acompañaran en ese momento. Lo mismo pasó con el corte de pelo, que te diría que fue el momento más emocionante para Tito. Le cambió la cara, la actitud. Se sintió de otra manera. Lo veías muy feliz y a mi me dio la sensación de que la trascendencia mayor fue en el cambio físico. No me olvido más de ese día y la alegría que tenía. No lo había visto así hasta ese momento”.

“Uno siempre tiene la idea de indicarle a los chicos lo que tiene que hacer o lo que no tienen que hacer. Pero la verdad es que hay que aprender a escucharlos. Obviamente uno como padre va guiando pero ya no es más un asunto ‘tan vertical’. Hay que aprender a escuchar porque después de grandes tienen historias tremendas. Quedan con rencores y muchas veces con patologías psiquiátricas porque crecieron en un ambiente hostil en el que nunca nadie los escuchó. No queríamos eso para Tito”, sostiene.

Por último, en el marco del Día de la visibilidad de niñeces y adolescencias trans, Matías se detiene un momento al reflexionar en otras familias que puedan transitar por lo mismo y asegura que su mayor consejo tiene que ver con la afectividad y el acompañamiento.

“El consejo es muy fácil. Nosotros no somos los dueños de nuestros hijos, somos los padres que tenemos que guiar y ellos tienen que tomar las decisiones porque es su vida, no la nuestra. Es fundamental aprender a escuchar y entender que es una elección que no es tuya porque es otra persona distinta a vos. Uno como padre guía y tiene la obligación de que sus hijos sean lo más felices que puedan y en eso está la aceptación. Aceptar que esto ocurre y que es una variante más de género. Tiene que haber mucho amor y acompañamiento para que cuando sucedan los ‘cachetazos de la vida’ sepan que adentro, con su familia, siempre van a tener contención. Creo que eso lo cambia todo”, concluyó.

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