“La militancia me acercó a mi viejo, estoy orgulloso de él”

Marcelo Roldán es hijo de Néstor Roldán, desaparecido en mayo de 1977 durante la dictadura luego de ser secuestrado en Miramar y trasladado a la Base Naval. Milita en Hijos, continuó la lucha de su padre y compartió su historia de vida con QUÉ.

24/03/2016
“La militancia me acercó a mi viejo, estoy orgulloso de él”
(Fotos: QUÉ Digital)

La madrugada del 26 de mayo de 1977 una patota entró por la fuerza a la casa en la que vivía Néstor Miguel Roldán, un obrero de la construcción y además filetero del Puerto de Mar del Plata de 26 años. Lo detuvieron ilegalmente y lo trasladaron a la Base Naval de esta ciudad por militar en la Juventud Trabajadora Peronista luego de años de persecución. Desde aquella noche se encuentra desaparecido y nada más se supo de él. Marcelo Roldán, su hijo mayor, tenía entonces seis años. Pasaron casi 40 años y todavía sigue buscando y encontrando piezas del rompecabezas para reconstruir la historia de su padre.

Marcelo y su hermana Rosana militan en la agrupación Hijos. La desaparición de su padre los impulsó a levantar la bandera que busca reivindicar la lucha de su padre y la de todos los trabajadores desaparecidos en la última dictadura cívico-militar. Detrás de esa bandera negra y blanca están los rostros de los que ya no están, de aquellos a quienes les arrancaron la integridad por soñar con un mundo mejor. Cuando a su padre le preguntaron por qué militaba y por qué mejor “no se dejaba de joder”, cuenta Marcelo que respondió: “Porque pienso en mis hijos”.

Néstor Miguel Roldán nació en Miramar en 1950 en el seno de una familia humilde y trabajadora. Se crió prácticamente solo, luego de que su madre se fuera a trabajar a Buenos Aires con un matrimonio a quien le limpiaba su casa. Comenzó a trabajar a los 13 años, tuvo que abandonar la primaria y a los 18 se casó con su vecina de 16 años de la cual estaba enamorado. Se trasladaron a Mar del Plata y fruto de ese amor nacieron Marcelo y Rosana.

“El hombre que le daba trabajo en esa carnicería se encariñó con él y lo trajo a Mar del Plata y desde entonces hizo su vida acá. Primero laburó de ayudante en la carnicería, después trabajó en un frigorífico, en Rico, que hoy es el cuartel de la Policía local. A los 18 se casó con mi vieja y se vinieron a vivir a Mar del Plata”, contó Marcelo Roldán a horas de la marcha del 40 aniversario del golpe de estado del 24 de marzo de 1976.

La historia se cuenta desordenada, porque así son las historias de vida. La cronología perfecta resulta deliciosamente imposible e innecesaria cuando el destino se tiñe de incertidumbre, de dudas, de blancos, de silencios, de explicaciones inconclusas, de no saber qué paso después de esa noche.

“ME ESTÁN PERSIGUIENDO”

Eran los ’70. Néstor militaba en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP), en la unidad básica más cercana a su domicilio, ubicado en la ex 170 entre Falucho y Gascón de Mar del Plata. Trabajaba en la construcción de la Colonia de Chapadmalal para la empresa Dazeo, actividad que alternaba como filetero en el Puerto, cuando había pescado para filetear.

En 1974, dos años antes del golpe, un grupo de policías uniformados irrumpió en su casa. “Buscaban papeles, pero no encontraron nada”, le contó años más tarde su madre a Marcelo.

Nadie más en su familia militaba. Solo él. Su mujer apenas sabía que concurría a la unidad básica, pero no mucho más. A fines del ’76, ya separado de su esposa, Néstor le escribió una carta a su abuela y su hermana desde Buenos Aires dicéndoles que sentía (y sabía) que lo perseguían y que iba a regresar a Miramar. Y así lo hizo.

La madrugada del 26 de mayo de 1977 aún tiene escenas inconclusas en la memoria de quienes presenciaron la detención ilegal de Néstor Roldán en su casa de Miramar ubicada sobre la calle 38 N° 231. Marcelo tenía seis años, poco recuerda y lo que sabe, lo fue reconstruyendo a cuentagotas a través de cuatro décadas de relatos.

DESAPARECIDOS GOLPE DE ESTADO DICTADURA LESA HUMANIDAD 24 DE MARZO

“Y BUENO, ERA UN SUBVERSIVO”

“Eran las 3 o 4 de la madrugada. Cayó un operativo conjunto a las dos casas, en la que había vivido mi viejo de chico y en la de al lado. En la casa de mi viejo estaban su primo, que en ese entonces tenía 20 años, y un tío que era sordo. La cana les preguntó por mi viejo y el primo les dijo que hacía mucho que no lo veía”, revivió Marcelo.

Lo buscaban a Néstor. Justo cuando habían creído la mentira de que no estaba, “aparecieron los milicos que habían entrado al lado y la señora de lado le dijo que al que buscaban en realidad había estado esa tarde en la casa, entonces se lo llevaron a Daniel, el primo de mi viejo”, continuó.

A Daniel “lo tiraron” en la parte trasera de una camioneta Chevrolet color verde y se dirigieron al domicilio en el que se encontraba viviendo Néstor. “Llegaron, lo agarraron, lo tiraron atrás de la misma camioneta y a los dos los pisaron, les pegaron, se los llevaron”.

El primo fue el último testigo. Según contó Marcelo, Daniel cree que estuvo unas dos noches detenido y luego lo liberaron. No obstante, vale aclarar y remarcar que los detalles de esta detención no trascendieron hasta hace tan solo unos seis años, cerca del 2000.

Hasta entonces, Daniel solo se angustiaba al recordar lo ocurrido y cuando contó su versión “pedía perdón todo el tiempo”. Algún familiar años más tarde le dio a Marcelo una explicación poco convincente -aunque conocida- de lo ocurrido: “Y bueno, qué querés, era un subversivo”.

Base Naval

A partir de las rondas de declaraciones en los juicios por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Base Naval, por la descripción de las sillas, los platos en los que les daban de comer y el tipo de capuchas que les ponían para cubrirle el rostro se pudo determinar que Néstor Miguel Roldán, de 26 años, estuvo detenido desde las horas posteriores a su desaparición en la Base Naval de Mar del Plata. De ahí en adelante, nada más se se supo de él.

“Después de dar testimonio, a mi tío hace un año y medio le agarró un cáncer fulminante y no llegó a juicio”, aclaró el hijo del trabajador desaparecido. El caso de Néstor Roldán está contemplado en el juicio denominado Base Naval 5, que se realizaría en 2017.

MEMORIA PORTUARIA

Marcelo Roldán tiene hoy 44 años y es padre de tres hijos. Trabaja en la construcción, como su padre; tiene una activa militancia política, como su padre. Desde la desaparición, estuvo al cuidado de su madre y de Julio, su padrastro, a quien define como “una gran persona”.

Una mañana a su sobrina le encomendaron en la escuela un trabajo en el que la pequeña contó que su abuelo había desaparecido y que había trabajado en el Puerto. El docente a cargo de la tarea colaboraba entonces para darle vida y forma al libro “Memoria Portuaria”, impulsado -entre otros- por el histórico dirigente Ricardo Muñoz, “El Polaco”.

Cuando su sobrina llevó la foto de su abuelo, “El Polaco” lo reconoció inmediatamente: “Resultó que habían trabajado juntos pero no en el Puerto, sino en la construcción, en Colonia de Chapadmalal, porque él también intercalaba entre la construcción y el Puerto”.

Lo que el dirigente le dijo a Marcelo Roldán lo desconcertó: “Cuando yo lo conocí no militaba en el peronismo, sino en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Yo no sabía, pero podía ser, me sorprendió eso de mi viejo”.

En el camino para reconstruir la historia de su padre, Marcelo comenzó a militar primero en el peronismo y luego, hasta el día de hoy, en la agrupación Hijos y en el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) que integra el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), espacio en el cual fue en las elecciones del 2015 -por primera vez- candidato a concejal por la lista que encabezó el docente y dirigente de izquierda Gustavo Vicini.

“UNO TIENDE A CUESTIONAR A SU PADRE”

En Miramar hay ocho personas desaparecidas. Uno de ellas es Néstor Roldán. Al regresar a la vecina localidad, su hijo se puso en contacto con gente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). De ahí en más, un largo camino de militancia logró en él transformar sus propias creencias y las ideas sobre su padre, dándoles continuidad de alguna manera.

“Uno a tiende a cuestionar a su padre. A decir, quedé solo, me dejó solo. Cuando pasó esto yo tenía seis años. Pero la militancia me sacó ese odio que estaba mal encaminado. Empecé a conocer la historia de mi viejo pero también la de esos trabajadores, de los ’70, las reivindicaciones, por qué peleaban, en qué creían. La militancia me acercó mucho a mi viejo”, reconoció el hoy referente de Hijos en Mar del Plata y contó que con los años entendió que no tenía que darle explicaciones a nadie, sino que a él le debían -y le deben- explicar qué pasó con su padre.

MARCHA 24 DE MARZO 03

“La militancia en Hijos me parece muy importante. Yo voy a reivindicar a mi viejo y a todos los compañeros estando en Hijos porque hay una continuidad de ese sistema represivo que no se ha desarticulado y que sigue disfrazado de otra manera. Se ve en las comisarías, en los casos de gatillo fácil, en los femicidios. El problema es el sistema. Los cachetazos de la vida me han hecho entender que si no se cambia el sistema no hay reforma posible”.MARCELO ROLDÁN (Hijos)

-Si la militancia genera conciencia y transforma, después de aquellos años de cuestionarle cosas a tu papá, ¿qué aprendiste y qué le dirías hoy?

-Quizás no estaríamos en el mismo partido, pero seguro militaríamos por lo mismo, por combatir el capitalismo. No sé si sería igual que mi viejo, yo soy yo y él es él. Pero me gustaría tenerlo. Quisiera poder entender por qué militó, por qué se enfrentó cómo lo hizo. A mí la militancia me acercó mucho a mi viejo. Le diría que estoy orgulloso de él y que me gustaría tenerlo conmigo.

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