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02/06/2019

En primera persona: del amor romántico a su peor pesadilla

Tras un noviazgo violento con Leandro Ahumada, Paola Fasola Castaño sufre acoso y es hostigada. “Él ahora busca destruirme desde lo emocional porque no me puede tener”, denuncia y cuenta su historia.

En primera persona: del amor romántico a su peor pesadilla
(Fotos: ilustrativas / QUÉ Digital)

Paola Fasola Castaño es madre de tres niñas, hace doce años que trabaja de forma independiente como esteticista corporal, pero desde el momento en que comenzó su relación con Leandro Ahumada, su vida cambió. Es que, en el marco de una relación violenta, a las agresiones físicas y verbales que comenzaron a aparecer, cuando decidió terminar con el vínculo se sumaron mentiras y difamaciones. Una historia que, según relata Paola, comenzó como un amor romántico y se transformó en una verdadera película de terror. “Él ahora busca destruirme desde lo emocional y hasta en lo económico, porque no me puede tener”, denuncia.

La relación inició como cualquier otra. “Después de mucho tiempo de estar sola lo conocí a Leandro, un chico encantador y carismático, simpático que me sedujo rápidamente. Me gustaba estar con él, todo era lindo y era lo que realmente estaba buscando”, relata Paola a través de un video que difundió en redes sociales, con el objetivo de dar a conocer su historia. Y en ese marco, confió detalles del vínculo de la pareja, que tras el paso del tiempo, incluso llegó a convivir.

“Él estaba para todo y en todo, todo el tiempo. Eso a mí en cierta forma me gustaba. Pero empezaba a ver raro el tema del control porque sobrepasaba bastantes límites. Al principio no lo veía porque en algún punto me gustaba y después empezó a ahogarme”, cuenta Paola en primera persona.

En ese marco, el control y las amenazas comenzaron a formar parte de la rutina de Paola. “Comenzó con cosas muy raras pero en ese momento mi enamoramiento no me permitía verlas del todo. Había cosas que no tenían mucho sentido como un ‘Me gusta’ en Facebook, un espiar el celular cuando uno duerme, el Whatssapp Web y todos los sistemas habidos y por haber de espionaje cibernético empezaron a sorprenderme porque hasta ese momento yo no había vivido una situación de ese tipo”, confiesa.

“Seguí adelante pensando que eran celos por amor pero sinceramente escapó a todo. Su control era a todo: dejé de tener vida social, como la venía teniendo, ir al gimnasio era un problema, tuve que dejar ciertas actividades y seguir con aquellas en las que no tenía tanto contacto con personas”, expone Paola en el video, donde cuenta que así fue cómo llegó a un punto en el cual el control se transformó en violencia física, lo que entonces sí la hizo pensar en la posibilidad de separarse.

Así, y después de haber tomado la decisión de terminar con la relación de “forma momentánea”, una mañana Leandro la citó para hablar “siempre con sus llantos, sus excusas de que no estaba bien emocionalmente y pidiendo perdón”. “Me convenció de volver a su departamento”, se lamenta Paola y frente a cámara se anima a dar detalles de lo que fue la peor pesadilla de su vida, luego de que Ahumada la tomara por el cuello “de una forma en la que casi ya no podía respirar”.

“Me tapó la cabeza con la almohada mientras me insultaba constantemente. Yo no entendía bien qué pasaba”, continúa en su relato la mujer, quien recuerda que el hombre no paró de insultarla en todo el momento y de repetirle que había encontrado algo sobre ella que “le parecía que era grave”. Paola dice no tener conciencia plena respecto a la cantidad de tiempo que permaneció ante esa violenta situación, pero en un momento dado logró escapar y pedir ayuda. Y ese fue el momento de quiebre para esa pareja, que terminaría separándose tiempo después.

De acuerdo al relato de la mujer de 40 años, aunque para ella esta situación fue totalmente nueva e inesperada, lo cierto es que para su agresor no era así. Es que, a fines de 2015 Leandro Ahumada atacó a una expareja de la misma forma e incluso esa noticia “impactó muchísimo, salió en todos los medios pero la verdad no lo había visto y lo desestimé porque él me contó su propia versión de lo que había ocurrido”, expone hoy Paola. Por ese hecho, Ahumada fue condenado un año de prisión domiciliaria pero “hizo artimañas para salir de esa situación”.

La pregunta que hasta ella misma se hace hoy es ¿por qué seguía con él? Pero ante el estado de “enamoramiento”, a veces no hay respuestas lógicas.

En medio de esta situación, y producto de lo difícil que puede resultar romper el círculo tóxico de violencia, al tiempo de ocurrido este violento episodio y luego de algunas idas y vueltas, la pareja volvió a encontrarse. “La verdad es que no escuché y me dejé guiar por el corazón. Estuvimos 8 meses en los cuales hubo excesivo control porque ya no vivía con él”, advierte Paola y expone cómo la violencia que vivía puertas adentro, luego se trasladaría a Internet.

 DE LA VIOLENCIA FÍSICA Y VERBAL AL HOSTIGAMIENTO Y EL ACOSO 

“Me llamaba de números privados”, grafica la víctima, quien asegura que, entre otras cosas, comenzó a recibir constantemente solicitudes de amistad en Facebook de desconocidos, de “personas nuevas, que eran usuarios falsos”. “(Él) me hablaba de diferentes sitios para saber si yo hablaba con otros hombres. Era todo una locura, yo no podía confiar en nadie”, revive.

Pese a lo violento del vínculo y la intensidad creciente del hostigamiento, Paola decidió volver a vivir con Leandro. Y ese fue otro punto de quiebre, pero en este caso para ella y sus hijas. “Ahí sí se desató la máxima violencia de él en su máximo esplendor”, repara la mujer e incluso admite que hasta su hija de 12 años -quien vivía con ellos- veía claramente lo que estaba ocurriendo e incluso se lo advertía: “En realidad todo el mundo me lo advertía pero era yo la que no quería verlo”.

Como era de esperarse, durante este nuevo período de convivencia tampoco hubo momentos de tranquilidad. “Mi vida se convirtió en tener a la policía en mi casa cada dos días. Era amenazada, me revoleaba objetos, tenía que estar constantemente contestando preguntas”, recuerda y cuenta que en una ocasión fue tanta la violencia que hasta llegó a salir desnuda al balcón de la desesperación.

En medio de estos episodios, Paola intentaba romper con el vínculo, tomaba coraje y lograba echar a Leandro, pero él siempre regresaba llorando, hasta que todo comenzó a tornarse insoportable, incluso hasta para los vecinos de la pareja.“Hasta que un día me puse un poco más fría, le pudimos sacar la llave y vino un patrullero. Desde ese día no convivo más con él”, se planta hoy la mujer.

Pese a que la decisión de romper con el vínculo fue dura, lejos de apaciguarse las aguas, al hecho de haberle puesto punto final a la relación le abrió la puerta a la difamación a través de las redes sociales: “Es más cruel que la violencia física, es levantarse todos los días a explicar algo que no ocurre. Tengo que explicarle a mi familia que lo que él dice no es verdad. Dice que tengo una enfermedad para que nadie se acueste conmigo, que soy una estafadora, que miento, que soy mala madre, mala amiga. Todos los días tengo que darle explicaciones a mis contactos, gente que no veo, de gente que tuve relación hace cinco años diciéndome que me va a bloquear porque su novia fue molestada por esta persona. Tengo que aceptar esto, dar explicaciones incluso a gente que no conozco”.

“Es un desgaste mental y físico que sé que voy a tener que tolerar durante mucho tiempo porque no va a parar, no tiene un límite”, suma Paola, quien pese a la existencia de un proceso penal contra Ahumada a partir de lo denunciado, también sabe que hay cosas que escapan a lo que ella pueda hacer: “A todas las personas que fueron molestadas espero que entiendan que fue esta persona que su trabajo es difamarme constantemente”.

Con el paso del tiempo, y luego de romper con el vínculo y -de alguna forma- lograr quitarse ese velo que no la dejaba ver realmente lo que pasaba en su propio hogar, Paola logró comprender lo que le sucedió desde otra perspectiva y por eso, y con paciencia, hoy confía y espera que la Justicia actúe, aunque también entiende que hay un juego perverso y este hombre lo sabe manejar muy bien. “Cuando salíamos, él me decía que lo molestaban, se hacía solicitudes de amistad de sus propias parejas y era todo invento de él, algo a lo que está acostumbrada su mente”, se sincera.

Y en ese sentido, Paola se anima, esperanzada respecto a lo que vendrá y con la idea de que otras mujeres puedan identificarse con su relato y liberarse de la opresión, a compartir su experiencia: “Hoy creo que el amor no es dolor, que no hay que hacer de esto algo normal. Estuve enamorada y tengo buenos recuerdos, pero quedaron en el recuerdo: hoy entiendo que esta relación me asfixió y quiero salir lo mas rápido posible de esta situación”.

DÓNDE DENUNCIAR O PEDIR AYUDA EN MAR DEL PLATA
  • Por emergencias: llamar al 911.
  • Línea 144 del Consejo Nacional de las Mujeres: las 24 horas.
  • Comisaría de la Mujer: las 24 horas, en Juan B. Justo 3649.
  • Línea Malva 108: de lunes a viernes de 8 a 20, para consultas.
  • Dirección de la Mujer: de lunes a viernes de 8 a 16, en Alberti 1518.
  • Centro de Atención a la Mujer Maltratada: lunes, miércoles y viernes de 14.30 a 17 en Larrea esquina Salta (472-0524).
  • En Red: en 9 de julio 3581 | (0223)156-017711 | redviolenciasabusotrata@gmail.com.

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