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24/11/2019

Lenguaje inclusivo: generar consensos por “una comunidad más equitativa”

De la calle al ámbito académico, los usos del lenguaje son flexibles a las formas y los contextos que atraviesan. ¿Qué es y cómo se aplica el lenguaje inclusivo?

Lenguaje inclusivo: generar consensos por “una comunidad más equitativa”
(Fotos: ilustrativas / Qué digital)

El lenguaje es una herramienta fundamental de comunicación, es la base para trasmitir sentimientos, conocimientos y pensamientos y además es una construcción social, atravesada por la cultura. Desde hace tiempo, y en especial a partir del empuje del movimiento feminista, se comenzó a deconstruir o poner en duda todo aquello naturalizado desde hace siglos y que, de alguna u otra manera, privilegia al género masculino.

En el último tiempo, esta situación se vio reflejada también en el uso del lenguaje, un ámbito en el que generalmente se invisibiliza tanto a las mujeres como a otras identidades sexuales. Pero ¿qué es el lenguaje inclusivo?. Y planteada esa inquietud, ¿por qué resulta tan importante cambiar ciertas formas de nombrar? 

El cambio en los modos de utilizar el lenguaje comenzó a gestarse entre aquellas personas que comenzaron a cuestionar las formas instauradas desde la época de la conquista. Y así, desde las calles, estas nuevas formas llegaron también al ámbito académico, porque los usos del lenguaje son flexibles a las formas y los contextos que atraviesan.

En este marco, el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) aprobó este año la utilización del lenguaje inclusivo en sus comunicaciones, que van desde las ordenanzas oficiales, la difusión de eventos y actividades hasta los trabajos académicos, parciales y finales.

“Lo importante es que tenemos leyes que nos avalan, para defender el derecho a ser nombrades como queramos. Evitar la violencia simbólica es el fundamento principal de nuestro proyecto. Se trata de generar consensos para ser una comunidad más equitativa, más abierta a la diversidad y desde la práctica real, no solo desde un discurso”, le explicó a Qué digital Paula Martínez Stoessel, que integra el Programa Integral de Políticas de Género de la UNMdP y formó parte de la elaboración del proyecto.

Incluir desde el lenguaje es un punto de inflexión, que invita a debatir sobre las bases y normas gramaticales del uso del idioma español castellano y su proceso de adaptación involucra diferentes cambios. En este sentido, Martínez Stoessel -que además es licenciada en Comunicación Social- ahondó: “El lenguaje inclusivo no quiere volverse una norma. Me parece que viene a romper la norma y a generar todo el tiempo esa incomodidad“.

– ¿Qué es el lenguaje inclusivo?

– El lenguaje inclusivo es algo de lo que quizás estemos hablando ahora con más frecuencia pero es una cuestión que se viene trabajando hace bastantes años. Viene con un correlato del lenguaje sexista que el feminismo y quienes somos comunicadoras feministas o con perspectiva de género venimos discutiendo. Tiene que ver con esto de visibilizar en el lenguaje a las mujeres y ahora también las disidencias, personas trans o no binarias.

– ¿Rompe con lo establecido?

– Entendiendo que nuestra lengua, bajo la utilización generalizada del término genérico masculino muchas veces invisibiliza a estos sectores, que pone la mirada totalmente androcéntrica siempre sobre el hombre como medida del mundo, del universo como ley universal.

– ¿Por qué es importante deconstruir el lenguaje?

– Poder discutir esa cuestión es algo importante en nuestro contexto y tiene que ver también con comenzar a erradicar lo que se llama violencia simbólica, que es un tipo de violencia que está tipificada en la Ley 26.085 y que tiene que ver con todas estas prácticas o símbolos que reproducimos y que sostienen un sistema patriarcal y que es desigual hacia las mujeres, hacia las disidencias, hacia las personas trans.

– Si tuvieras que establecer desde cuándo está en discusión en Argentina, ¿qué fecha le pondrías?

– En los ’80 ya existía material de discusión sobre este tema. Se había empezado a debatir esto de la comunicación sexista y esto de dejar de reproducir el sexismo en el lenguaje; hace unos años fue avanzando esta cuestión del lenguaje inclusivo.

Ya no alcanzaba con el todos, ni con el todos y todas sino que había un sector que se estaba quedando afuera y apareció esta opción del todes. Antes fue el “@” y después la “x”. La “e” apareció como una posibilidad para el lenguaje oral y para poder hablarlo. Porque la “x” tiene esa traba, que no se puede pronunciar.

En 1987 ya la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) trabajaba para evitar que haya reglamentaciones con lenguaje sexista en los ámbitos en los que trabajaba. Son cosas que fueron pasando en otros países. En España, la Real Academia Española (RAE) de una forma un poco más directa hace mucho tiempo que lo viene discutiendo. Otros idiomas también lo han discutido y lo fueron incorporando de otras maneras. Argentina estuvo siempre a la vanguardia con algunas cuestiones en cuanto a la región y con este tema también. Después al hacerse mediático, permitió también la discusión en otros ámbitos y llegó a las Universidades.

– ¿El Movimiento de Mujeres y Diversidad tuvo mucha injerencia en Argentina?

– El Movimiento de Mujeres y Diversidad tienen toda la influencia sobre estos temas porque es los espacios donde se discute y también se empieza a posicionar o tener opinión sobre los temas. Después de ahí se traslada a otras cuestiones. En la televisión empezó a aparecer, los y las periodistas empezaron a hacer entrevistas a feministas o estudiantes y daban declaraciones con la e y resonó muchísimo; de ahí en adelante, con la lucha en la calle.

– De la calle al ámbito académico, esto genera mucha resistencia en algunos sectores ¿por qué crees que pasa?

– Sobre todo cuando aparecen estas intenciones de hacer cambios en la lengua, aparecen quienes están en contra. Primero puede ser por un motivo ideológico, pero por otro lado puede ser porque nunca se sentaron a pensar en cómo pudo ser, de dónde proviene esta lengua que hablo.

La lengua es una construcción social, histórica, política e ideológica que tiene que ver con un montón de factores. Entender eso lleva mucho tiempo y deconstruir lo naturalizado, por ejemplo en nuestra forma de hablar, también.

Y creer que porque existe la Real Academia Española tenemos que responder a eso sí o sí, cuando sabemos que las variaciones de nuestra lengua son muchísimas y dependen de procesos culturales, sociales y políticos; hacer caso a eso es obturar un poco la mirada, cerrar las posibilidades que tiene nuestra lengua y también la realidad que crea. Porque la forma de nombrarnos crea realidad constantemente y los significados que otorgamos a las palabras en cada contexto crean realidad y hoy pueden definir que una persona sea respetada, que sus derechos o su identidad sean respetados en cualquier ámbito. Es muy importante.

EL LENGUAJE INCLUSIVO EN LA UNIVERSIDAD

El uso de lenguaje inclusivo en la Universidad no se queda en lo superficial. “En el proyecto no es solo que a partir de ahora vamos a usar la “e” y la “x“, compartió la profesional respecto a lo aprobado este año. El proyecto habla de empezar a revisar las practicas de comunicación que hay dentro del ámbito académico: cómo las personas se dirigen al auditorio o qué imagen se usa para representar a la comunidad universitaria, por poner ejemplos.

“La diversidad de personas que la integramos somos muchas más que algunas imágenes estereotipadas que podamos usar”, destacó Martínez Stoessel y agregó: “Se trata de abrir mucho más la mirada sobre todas esas prácticas simbólicas que tenemos constantemente a la hora de nombrar, de representar o de estereotipar”.

Hasta hace muy pocos años la Universidad emitía sus títulos en masculino. Mi primer título dice Técnico en Comunicación Social; ahora en este contexto no está sucediendo y se están emitiendo en masculino y en femenino. No sabemos qué va a pasar con aquellas personas no binarias. Ahora estamos en esta discusión y aparecen todas estas cosas que son más complejas, pero la idea es avanzar y sensibilizar en esa cuestión.

-Proponer el proyecto en el ámbito académico no debe haber sido fácil, ¿hubo algún sector o facultad que se opuso?

– Fue un proceso largo que llevó alrededor de dos años. Fuimos reuniéndonos con distintos sectores de la Universidad y lo que sucedió fue que había unidades académicas que tenían el tema en agenda y otras que no, por las disciplinas, el recorrido en materia de género en cada unidad académica. Entonces lo que se hizo primero fue sensibilizar, en esos espacios, en primera instancia a las autoridades para hablar del tema. Sobre todo porque la intención del proyecto no es imponer una forma de hablar sino que pudiéramos llegar a acuerdos sobre cómo comunicar de manera que no discriminemos por razones de género, de identidad o de sexualidad.

-Claro, hay facultades que quizás son más técnicas y desde dónde no se lo había cuestionado…

– Exacto o hay disciplinas que quizás no lo tienen en agenda realmente. Hay facultades que tenían un recorrido en cuestiones de género pero no en el lenguaje. Humanidades, Psicología, Ciencias de la Salud eran lugares donde el tema estaba muy abordado. Y más allá de que dentro de la comunidad hay gente a favor y en contra, era un tema que existía, que se hablaba y se discutía y estaba presente.

-¿Cómo fue la recepción en la Facultad de Letras, que justamente trabaja con el lenguaje?

-A partir de que el proyecto ingresa al Consejo Superior, recorrió diferentes comisiones de trabajo. Pasó por la Comisión de Bienestar y después pasó a la Comisión de Interpretación y Reglamento. En esa comisión quienes están como representantes sugirieron que Letras diera su opinión. Entonces se envió a Letras, una docente realizó un aporte y dio su opinión con respecto al proyecto, pidiendo algunos ajustes en algunas cuestiones, bien teóricas y precisas sobre cuestiones que nosotras decíamos. Pero fue favorable al proyecto, en ningún momento lo rechazó, simplemente realizó recomendaciones y cosas para mejorar.

Después se discutió mucho tiempo en la Comisión de Interpretación y Reglamento. Sobre todo para que quedara claro que no era una cuestión obligatoria sino que garantizaba un espacio de acompañamiento a quienes quieran usarlo pero también ponía en compromiso a la Universidad para empezar a implementar un lenguaje que promueva este trato y una imagen no estereotipada de las personas que integran la comunidad universitaria.

-Ya es un inicio y es bastante movilizante. Aunque cuesta mucho romper viejas estructuras…

– Lo que hicimos también fue elaborar una guía de implementación con ejemplos de como evitar enunciar el género de la persona si no sé cuál es. Otra opción es usar el desdoblamiento que sigue reproduciendo la lógica binaria, pero entendemos que no podemos dar un paso más adelante si todavía tenemos sectores que siguen escribiendo en masculino genérico y ni siquiera implementan ese desdoblamiento binario. ¿Cómo hacemos para nombrar a personas trans o no binarias? Ofrecemos en esa guía un abanico de posibilidades que no nos cierren a una sola opción y que se pueda adaptar a todas las situaciones. Realmente la diversidad que tenemos en una Universidad como esta es tan amplia que necesitamos dar opciones.

– Además están amparadas por las leyes…

– Estamos amparadas por leyes para avalar este tipo de posicionamientos y de proyectos y está pasando en distintos niveles como en la Justicia. Lo que tiene la Universidad es que es un espacio muy observado y es interpelado constantemente. Y tener un posicionamiento con respecto a este tema es muy valioso. Le da visibilidad a un montón de gente que está en sus instituciones, empresas o trabajos intentando ampliar los derechos y hacer ver que se puede pensar de otra manera, que podemos ser más equitativos y equitativas en distintos espacios.

– ¿Por qué se usa la “e” y no la “i”, por poner otro ejemplo?

– No, específicamente. Son cuestiones que se fueron dando en distintos ámbitos. De repente apareció la e. A veces miro mis recuerdos de Facebook, el otro día apareció uno de hace cuatro o cinco años atrás y ya estaba usando la “e”, pero no recuerdo desde cuándo.

– ¿Y qué pasa en los casos donde se interpela el modo de hablar de alguien? ¿Deformar la forma de expresión porque sí no es un poco autoritario desde la otra parte?

– Hay dos cuestiones. Una que tiene que ver con el carácter disruptivo que tiene el lenguaje inclusivo, eso de generar incomodidad a la otra persona y provocar una reacción para llamar la atención o esto de que nos hace ruido. La otra cuestión es que no tenemos una normativa institucionalizada a nivel país de cómo vamos a hablar este lenguaje inclusivo y tampoco se sabe si la vamos a querer o necesitar. Pero lo que se puede es generar algunos acuerdos, por ejemplo en la Universidad Nacional de Mar del Plata se llegó al acuerdo de que se utilice y se recomienda utilizarlo para nombrar personas.

-Si lo llevamos a términos técnicos, por ejemplo en Arquitectura y Diseño es más complejo…

– Nosotras abordamos este proyecto sobre el impacto que tengan sobre las personas invisivilizadas. Entonces no nos metimos con objetos o verbos pero si muchas veces pueden aparecer palabras como cuerpa, que la verdad no nos hacen mucho ruido porque son parte de las luchas que damos ideológicas y simbólicas constantemente y que han puesto a la mujer hace siglos y a otro tipo de diversidades a la sombra del hombre.

Nadie tiene el poder de imponerle a otra persona cómo tiene que hablar, lo que sí, no podemos llegar al punto de que una persona se sienta excluida o discriminada porque no es nombrada en base a su identidad de género.

Es una base: si tenemos personas no binarias hay que incluirlas y hay que hacer el esfuerzo de incluirlas en nuestro lenguaje, en nuestra percepción. Estar atentos y atentas a lo que pasa con estas personas dentro de la comunidad universitaria y lo mismo con las personas trans. Si le estamos hablando a mujeres que se reconocen como tales, no hablarles en masculino genérico. Son detalles que hasta hace un par de años no se discutían. Aparecen palabras a disputar en ese sentido.

-Es que en 10 años las cosas cambiaron muchísimo…

-Cambiaron mucho las cosas y se van adaptando al contexto y la lengua también es flexible al contexto. Hay que tener en cuenta y en claro porque va cambiando en base a lo que va sucediendo, la coyuntura política, social, económica, cultural. Cuando aparecen las personas que defienden a la Real Academia Española en nuestra lengua castellana también hay que tener en cuenta que la RAE define un montón de palabras que ni siquiera usamos, define otras que están en ese diccionario pero las usamos con otro sentido, acepta modismos o formas modificadas.

La Real Academia Española va a seguir sosteniendo que el masculino genérico engloba a todas las identidades pero creo que el lenguaje inclusivo no quiere volverse una norma. Me parece que viene a romper la norma y a generar todo el tiempo esa incomodidad.

– Y ojalá en algún momento se puede recuperar lo perdido en cuanto a nuestra lengua ancestral ¿no?

– Ni te digo si tenemos que pensar el lenguaje inclusivo con los pueblos originarios. Primero porque es real porque puede existir y puede estar dada la discusión. Pero segundo es que tienen otro tipo de vínculo o cosmovisión con respecto a los objetos. Siempre nos quedamos en nuestra mirada: la blanca, clase media y un montón de cosas que hacen a la discusión. Pero es algo que está abierto y que incluso puede ir cambiando y puede empezar a usarse otra letra que no sea la e.Lo importante acá es que tenemos leyes que nos avalan, para defender el derecho a ser nombrades como queramos, evitar la violencia simbólica y ese el fundamento principal de nuestro proyecto. Se trata de generar consensos para ser una comunidad más equitativa, más abierta a la diversidad y desde la práctica real, no solo desde un discurso o una intención.

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