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02/06/2021

Liberté: buscar la dignidad con autogestión, a pesar de los estigmas y las trabas

El taller-cooperativa de la Unidad Penal 15 de Batán se presenta como un modelo para el resto de las cárceles de la Provincia. La historia, los logros y el presente del dispositivo carcelario inédito.

Liberté: buscar la dignidad con autogestión, a pesar de los estigmas y las trabas
(Fotos: Taller Solidario Liberté)
Sebastián Alí

Por: Sebastián Alí

Más de uno de los que estamos acá tenemos algún amigo o algún hermano que está en prisión. Esta canción no es para ellos, porque melonear cuando estás adentro no es bueno. Es para que nosotros nos demos cuenta que están sujetos al pésimo infierno“,

Carlos “Indio” Solari (introducción a “Pabellón Séptimo”. La Plata, 2008)

La autogestión como una forma de buscar la dignidad puede no ser una frase novedosa, pero cuando se la adjudica a un contexto de encierro adquiere una semántica significativa y todavía más revolucionaria. Entonces, en la Unidad Penal 15 de Batán no es un concepto más. Allí, desde 2014 un grupo de personas privadas de su libertad organizadas en el taller-cooperativa Liberté lleva adelante un proyecto que, paso a paso, va adquiriendo mejores condiciones de vida frente a un Estado que no las garantiza, amparado en una sociedad que no tampoco se lo reclama al estar viciada de punitivismo y al no entender los derechos de los internos como factor ineludible en el discurso imperante de la “seguridad”.

En plena Unidad Penal 15, una biblioteca con más de 3.500 libros que reparten al resto de los pabellones, un almacén donde pueden adquirir alimentos que ni sus familias tienen permitido llevarles y con un sistema propio de pagos para sortear la prohibición de manipular efectivo, actividades deportivas, cursos y una diplomatura única, conectividad que ellos mismos pagan mes a mes y comparten a la institución, una huerta y un apiario.

En un principio eran solo dos internos en búsqueda de generar sus recursos, pero lograron la aceptación de las autoridades penitenciarias, crecieron y actualmente son 80 integrantes, quienes además de aspirar a conformar una cooperativa, son quienes lo sostienen a pesar de los estigmas y, muchas veces también, a pesar de las trabas que imponen funcionarios del Servicio Penitenciario.

“Liberté es un emprendimiento 100% autogestionado por presos, con todo lo que significa la palabra preso, la palabra autogestionado y que sea al 100%. Lo hacemos, como dice nuestro slogan, para construir esperanza en el mismísimo infierno y porque estamos convencidos que con dignidad y derechos humanos, la persona es persona frente a un sistema que lo primero que te hace sentir es que no lo sos. Nosotros vamos por ese camino. Muchos pueden decir que los presos que están acá no respetaron previamente los derechos de otros y es muy probable. Pero eso hay que cambiarlo para que no lo haga más, ya que lo hizo alguna vez”, introdujo en diálogo con Qué digital, Xavier Aguirreal, el iniciador de un taller que hoy es un modelo para muchas unidades y para el propio Estado.

LA HISTORIA DE LIBERTÉ

Xavier relata que surgieron porque tenían la necesidad de cubrir la provisión de elementos que el Estado en 2014 no les daba como maquinitas de afeitar, papel higiénico, remeras o un plato digno de comida. “Algunos le pedían a las familias, pero el Estado te lo tiene que dar, no es una ocurrencia nuestra”, cuestiona.

Pero su familia es de bajos recursos y Xavier no quería pedirle sostén. “Era una vergüenza, una locura e injusto para ellos”, definió. Y fue así como empezó a buscar alternativas para generar sus propios recursos y dio con un funcionario penitenciario que le habló de la posibilidad de llevar adelante un emprendimiento o taller de producción propia, a pesar de que el trabajo desde la cárcel -reconoce- suele estar vinculado habitualmente a las donaciones y no al beneficio personal. A pesar de ello, lograron la debida habilitación: “Fuimos ganando nuestro espacio y muchos se acostumbraron a que el trabajo sea moneda corriente entre los presos“, relató.

Así, con su compañero de celda y el padrinazgo de un pastor adventista, decidieron comprar una máquina de coser con la que iniciaron un taller de confección de ropa de trabajo, para luego cambiar de rubro y pasar a fabricar relojes de pared que vendían al afuera.

Así, no solo podían costear su propia supervivencia, sino que también podían obtener excedentes que les permitían abastecer a sus familias en el exterior.

Luego, en 2016, cuando estuvieron a punto de perderlo todo por la quita del espacio donde trabajaban desde 2014, conocieron al juez de Necochea Mario Juliano, a quien contactaron para asesorarse. Xavier contó que, en cuestión de horas, Juliano (fallecido en 2020) resolvió el problema y se convirtió en el padrino de Liberté: “Nos cambió la forma de pensar. Nos explicó que no solo teníamos derecho a pelear por un paquete de arroz sino que había un montón de derechos que eran nuestros y nos estaban arrebatando”.

Placa en homenaje a Mario Juliano. (Fotos: Liberté)

En 2017 tuvieron otro conflicto, aunque directamente con autoridades del Servicio Penitenciario: a través de un decreto, los talleres de presos debían empezar a pagar un porcentaje al Servicio Penitenciario para poder funcionar. “Nos opusimos totalmente, Juliano también se opuso. Se hicieron todas las gestiones y no se pudo. A tal punto que a mí me llevaron cuatro días a buzones por disciplinamiento para que cambie mi parecer”, contó y agregó que por las protestas de los 14 integrantes que tenía en ese entonces el taller, los amenazaban con traslados: “Yo tenía como destino el penal de Sierra Chica. Nos levantábamos a la mañana y no sabíamos si íbamos a seguir teniendo las cosas del taller o nos las habían tirado”, contó, compungido.

Frente a ello, decidieron judicializar la cuestión y en 2018 pudieron obtener el permiso para funcionar de manera autogestionada, con el debido control del SPB a las actividades que llevan adelante, pero ahora con libertad suficiente para empezar a ganar derechos.

EL FRUTO DE LA AUTOGESTIÓN

“Con la autogestión hemos logrado comprar nuestra comida y, por ejemplo, poder leer un libro”, relata Xavier a modo de introducción sobre cada uno de los pasos que dieron desde el 2018.

Antes de Liberté, el interno que quería leer un libro -cuenta- dependía de la autorización de un oficial para acceder a la biblioteca, y no era extraño encontrarse con respuestas negativas. “Entonces dijimos, esperá, armemos nuestra propia biblioteca. Y hoy tenemos una biblioteca con 3500 libros”, destacó. La biblioteca se formó inicialmente con donaciones: primero de 500 libros de la biblioteca del buque Logos Hope que llegó en 2019 a Mar del Plata, a lo que se sumó una donación de más de dos mil libros que realizó un joven desde Necochea.

Pero hoy no solo quienes estén en el taller pueden leer, sino que además crearon un servicio de “biblioteca móvil” con el cual todos los días llevan, con un carrito, libros al resto de los pabellones. “Así como hicimos con la biblioteca hicimos con la huerta con la ayuda del INTA, con el apiario donde producimos nuestra propia miel, y con el almacén que surgió en la pandemia donde proveemos de productos que nunca antes habían entrado a la cárcel como alfajores, gaseosas, helados, chicles, que acá estaban restringidos”.

Con respecto al almacén, contó que recibieron un préstamo por parte de la “Asociación Mario Juliano” con el cual pudieron empezar a pagar la mercadería que llega directo desde proveedores oficiales, lo que permite que los productos lleguen enteros a los internos, sin necesidad de que sean tajeados por los oficiales del Servicio Penitenciario en búsqueda de elementos prohibidos.

Lo que más nos llena a nosotros es que estamos proveyendo de mercadería que al preso no hay manera que le llegue ni por visitas. Si la mamá quiere traerle un alfajor a su hijo no se puede”, celebró y lo calificó como “uno de los grandes logros”.

Incluso, con las ganancias del almacén pueden darle un sueldo a quienes se desempeñan allí y también, con otro porcentaje, crearon un fondo de reparación para víctimas de delitos en junto con la Asociación Victimas por la Paz, que es administrado por la organización.

También, los derechos adquiridos tienen que ver con lo educativo: lograron incorporar cursos y el ingreso de profesores ajenos a la escuela oficial de la unidad. “Ya no teníamos trabas para ir a la biblioteca ni para ir a la escuela. Ahora los cursos eran nuestros”, sostuvo Xavier.

El último de los logros tiene que ver con algo central como el hacer frente a la imposibilidad de manejar efectivo dentro de la cárcel por las normas penitenciarias: utilizan cuentas bancarias mediante las cuales adquieren los insumos, pagan los servicios y donde, por ejemplo, las familias de los internos que quieren comprar en el almacén hacen las transferencias. También, lograron convenios con Pago Fácil, que les facilitó los medios para agilizar los pagos desde el afuera y desde cualquier punto del país.

Con los fondos que logran obtener, incluso, pueden pagar el internet y las plataformas que utilizan para desarrollar los cursos propios y también los otorgados por la institución: karate para cinco unidades en simultáneo, talleres de boxeo y de baile latino.

EL “HOSTIGAMIENTO” CONTRA LIBERTÉ

A pesar de tener la autorización de las principales autoridades de la Unidad e incluso del Servicio Penitenciario para llevar adelante las múltiples actividades deportivas, culturales, económicas y recreativas en el taller, en las últimas semanas desde Liberté denunciaron que fueron objeto de lo que calificaron como un “hostigamiento” contra su funcionamiento en el interior de la cárcel por un subdirector que, frente a las licencias de sus superiores, suele quedar a cargo de las instalaciones.

Según relató Xavier, normalmente y con el permiso correspondiente, hasta horas de la noche algunos de los internos trabajan en el taller preparando las viandas de alimentos y bebidas que entregan a las visitas que llegan al penal. Sin embargo, una noche no pudieron hacerlo: el subdirector decidió cerrar el taller unas cuatro horas antes. A pesar de los reclamos formalizados, mes y medio después, volvieron a tener el mismo conflicto con el mismo funcionario.

Al respecto, señaló que el propio director de la Unidad reconoció que había sido una decisión inconsulta. No obstante, el hostigamiento continuó: “El lunes siguiente, mandó a soldar los portones del fondo que dan a un campo de deportes que hicimos nosotros, la huerta y al apiario que construimos nosotros. Nos cortó el acceso a todo eso”, contó, y relató que dos horas después el director, que estaba de licencia, tuvo que dar la orden de quitar la soldadura y, otra vez, les pidió disculpas.

El otro episodio ocurrió al sábado siguiente, cuando los que acuden a Liberté querían participar de la primera diplomatura de extensión universitaria coordinada por presos y certificada por la Universidad Nacional de Mar del Plata, denominada “Modelos y prácticas de autogestión, lógicas de cuidado y justicia restaurativa en contexto de encierro”.

La misma es trasmitida desde el taller, y cuenta con la participación de docentes como con docentes como Iñaki Rivera desde Barcelona, el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Eugenio Raúl Zaffaroni o referentes del Instituto Latinoamericano de Criminología y Desarrollo Social de Perú, entre otros y cuenta con 1.500 alumnos inscriptos, entre ellos presos de otras cárceles, a cuyas unidades penitenciarias incluso debieron gestionarle la conectividad. Las clases comenzaron en mayo y se extenderán por el resto del año y, sin embargo, ese sábado los participantes de la Unidad Penal 15 de Batán no pudieron participar por impedimento del mismo funcionario en conflicto. “Estuvieron 1.500 alumnos alrededor del mundo pero los alumnos de Batán no pudieron participar”, lamentó.

Xavier asegura que el hostigamiento es solo contra el taller aunque dice desconocer los motivos. “Pidió cerrar Liberté nada más. El resto de los espacios donde había presos haciendo actividades no. ¿Los motivos? No los sé. Imagino que quizás por venir en un trabajo pleno de recuperación de derechos y dignidad, que además se está contagiando en diferentes lugares”, apuntó.

Finalmente, este miércoles el subdirector, tras los hechos denunciados por Liberté, fue removido de su cargo.

LA DIGNIDAD COMO META: “¿CUANDO SALGAN, QUÉ QUERÉS QUE SEAN?”

“Alguien por ahí me escuchará hablar de recuperar la dignidad y me dirá: Che, pero estás preso, ¿qué querés? Bueno es mucho más complejo que eso. Las cárceles no sirven para nada, a pesar de que existen. Los presos no van a estar de por vida en la cárcel, algún día van a salir. Entonces, el día que salgan de ahí está el quid de la cuestión: ¿qué esperás que sean? Estamos presos y queremos dignidad”, recalcó Xavier sobre el fin fundante del espacio carcelario.

Hay muchas personas e instituciones -como Pago Fácil, por ejemplo- que aportaron lo suyo para ayudar a Liberté, lo que para Xavier tiene un significado concreto: “Hay mucha gente que piensa igual, que la cárcel no sirve para nada, pero que ya que existe, que sirva para algo. Para que el día que el preso salga de la cárcel no sea un exdelincuente o un ex preso del que haya que cuidarse sino que sea un vecino más, eso se logra con dignidad“, concluyó.

 

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