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26/06/2020

Los sucesos que marcaron los cien días de cuarentena en Mar del Plata

Contagios en el Puerto y entre el personal de salud, hambre en los barrios, marginalidad en el basural, apertura comercial, conflictos laborales y un cordobés que encendió alarmas en los ingresos, los hitos de la cuarentena local.

Los sucesos que marcaron los cien días de cuarentena en Mar del Plata
(Imagen: Qué digital)

Mar del Plata cumple al igual que todo el país los cien días de una cuarentena tan drástica como necesaria para contener el avance de una pandemia de magnitud como lo es la del coronavirus. Los sucesos que marcaron la agenda en estas catorce semanas de aislamiento social, preventivo y obligatorio están signados no sólo por los vaivenes sanitarios, sino también por una agudización de los conflictos que la ciudad arrastraba y que evidenciaron, como en todo el mundo, cuestiones que van desde las penurias socioeconómicas de los excluidos hasta los ajustes contra los trabajadores y la demandada responsabilidad social.

LA CUESTIÓN SANITARIA

Desde el 20 de marzo, con el inicio de la cuarentena, cambiaron prácticamente todos los aspectos de la vida de las personas y, paralelamente, fue moldeándose la idea del traspaso a una “nueva normalidad” en la que los cuidados sanitarios llegaron –probablemente- para quedarse.

No obstante, aunque con una tasa de duplicación de casos controlada a lo largo de los cien días de cuarentena en Mar del Plata, el covid-19 ingresó a la ciudad y dejó a su paso tres momentos claves.

Por un lado, lo que encendió alarmas fue la cadena de contagios entre el personal de salud. Si bien la primera enfermera infectada fue una trabajadora de la Clínica Pueyrredon a principios de abril, en mayo se dio una seguidilla de contagios que llegó a tener ramificaciones incluso en la vecina ciudad de Miramar. Del total de 18 trabajadores del sistema de salud local contagiados hasta esta semana, hubo 8 que fueron detectados en ese período vertiginoso de solo cinco días entre el 8 y el 12 de mayo.

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De todas maneras, el virus también llegó por mar: desde que la pesca fue autorizada se convirtió en uno de los sectores que más preocupación generó ante cuestiones estructurales -y sobre todo de higiene- que desde hace un puñado de años empezaron a ser denunciadas y que ahora, con una pandemia y siendo un sector que regularmente trae trabajadores de otros distritos, quedó aún más en evidencia.

Más allá del ingreso al Puerto del MV Ushuaia en abril y del Natalia en junio, ambos con tripulantes con sintomatología, los primeros casos positivos en la pesca se registraron prácticamente en simultáneo a fines de abril, y en ambos casos se trató de obreros llegados de zonas de circulación viral para trabajar en Mar del Plata, a bordo del Atlantic Surf III y el Scirocco –que incluso llegó a zarpar del Puerto-. El tercer trabajador de la pesca infectado se confirmó esta semana, también proveniente del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y quien cursaba hasta este sábado su tratamiento en un hotel.

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La última “alarma sanitaria” se encendió en la ciudad esta semana y tuvo trascendencia nacional por su tenor: un joven cordobés que rompió la cuarentena, cruzó medio país con permisos de circulación y documentación de otra persona y al llegar a Mar del Plata dio positivo. Aunque los protocolos sanitarios surtieron efecto, su caso llevó, por ejemplo, a endurecer los controles de documentación para el ingreso de no residentes por cuestiones de fuerza mayor, sobre todo teniendo en cuenta la carrera marplatense de cara a ingresar a la fase 5 de la cuarentena, que implica 21 días sin contagios y parece cada vez más improbable.

REGISTRADOS, PRECARIZADOS Y MARGINADOS

EL TRABAJO

La llegada de la pandemia encontró a Mar del Plata en una situación social de extrema vulnerabilidad, luego de que las gestiones de Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Carlos Arroyo dejaran el poder con 160 mil pobres y 42 mil indigentes en una ciudad que en diciembre fue, una vez más, la capital nacional de la desocupación.

Por eso, el presente ya era agudo para los trabajadores, como también lo eran las pérdidas para buena parte de la clase propietaria. Pero incluso los patrones que no perdieron ni pierden encontraron la opción de aprovechar la intervención del Estado a través del programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) y usaron como excusa la pandemia para ajustar sobre las y los que ponen el cuerpo día a día e incluso para despedir, pese al decreto que prohíbe los despidos en este contexto.

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Los conflictos laborales fueron una constante. En la zona del Puerto, una planta estuvo tomada 17 días. Un callcenter multinacional incumplió acuerdos gremiales e implementó retiros voluntarios con dinero que se ahorró de los sueldos gracias al aporte del Estado. En marzo y abril el porcentaje de comerciantes que no pagó la totalidad de los sueldos superó el 30%. El sector gastronómico y hotelero, desde las grandes franquicias hasta los proyectos familiares, se vio fuertemente golpeado a partir de la ausencia de turismo y de la crisis. Y éstos, son solo algunos.

Pero también el ajuste sobre los trabajadores se vio entre los empresarios más poderosos de la ciudad. Por un lado, Florencio Aldrey Iglesias, quien fue denunciado por los trabajadores del multimedios La Capital S.A. por amenazas, suspensiones y recortes, incluso habiéndose inscripto en el programa ATP para las empresas “más afectadas” por la crisis.

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También se sumó a esa lista Juan Inza y su holding que domina la Cámara Marplatense de Empresas de Transporte Automotor de Pasajeros (Cametap) y prácticamente monopoliza el servicio de colectivos local y regional. A pesar del peso de las empresas que ostenta, los subsidios que ya recibe, los que pidió el intendente Guillermo Montenegro para el sector y argumentando haber sido rechazado en la entrega del ATP, el empresario anunció que ajustará contra los choferes y la Unión Tranviarios Automotor (UTA) mantiene medidas de fuerza desde este lunes, en consonancia con los empresarios que buscan más asistencia estatal para regularizar la situación laboral.

EL HAMBRE

Gobierno tras gobierno, la presencia de las organizaciones sociales y la organización popular en las barriadas sigue siendo importantísima para las familias que, en no pocos casos, reciben gracias a ellas el plato de comida más nutritivo -sino el único- del día. La cuarentena, la falta de trabajo y la ausencia del Estado agudizaron una situación que, si bien los Comités Barrales de Emergencia se proponen contener, es cada vez mayor.

Ante la demanda en ascenso de comensales en los comedores, merenderos y ollas populares, la necesidad de más alimentos llevó a las organizaciones sociales que no responden a ninguna gestión a impulsar manifestaciones e incluso cortes de ruta para que sus necesidades de asistir a las y los excluidos fueran escuchadas por el Estado, ese al que intentan reemplazar con su presencia en los barrios.

LA BASURA

Si se habla de conflictos estructurales que se agudizaron con la pandemia, las y los 500 recuperadores informales del predio de disposición final de residuos forman parte de uno de ellos. La cuarentena los dejó sin la posibilidad de ingresar al basural, donde la pobreza y la indigencia que padecen los lleva diariamente a buscar en la basura su sustento.

Sus reclamos fueron mutando ante una reacción oficial que, más allá de montar una tropa de efectivos policiales amenazado con desalojar uno de los bloqueos que llevaron adelante en la puerta del predio, tardó demasiado en llegar.

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Sus ingresos, que provienen de lo que encuentran entre la basura, mermaron al tener que cumplir el aislamiento. Pidieron, entonces, una asistencia alimentaria y, en paralelo, que se iniciaran las gestiones para poder reingresar al predio. Pidieron, también, que se esclareciera dónde están los fondos recaudados por la tasa Girsu que desde hace más de una década se deberían utilizar en su contención. Luego de poder entrar, con un protocolo y dos veces por semana, pidieron aún sin respuestas que el Estado los reconozca y que se regularice su situación.

Para las respuestas que encontraron y las que aún siguen buscando durante la cuarentena implicaron el bloqueo del ingreso al basural durante un total de once días, distribuidos en cinco cortes distintos.

LOS COMERCIOS Y LA REAPERTURA ECONÓMICA

Más allá de la posterior habilitación de las salidas recreativas, en Mar del Plata el punto de quiebre en torno a los niveles de circulación de personas en medio del aislamiento se dio con la reapertura de comercios minoristas no esenciales, que cambiaron la dinámica diaria marplatense sin que eso se viera reflejado en la tasa de duplicación de casos positivos.

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Más allá de la “irresponsabilidad” con la que se refirió Guillermo Montenegro a aquella primera foto de la reapertura de comercios que se dio en la prueba piloto, actualmente el intendente se encolumna detrás de la confianza en la población, en las consecuencias sanitarias de la apertura comercial y en la particularidad de Mar del Plata para seguir insistiendo ante la Provincia con el objetivo de que el gobierno bonaerense permita la reapertura, con público, de los locales gastronómicos. Si bien aún no está permitida, promete ser otro determinante paso de cara a la “nueva normalidad”.

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