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02/04/2022

Malvinas, 40 años: la salud de los excombatientes, una deuda que empieza a saldarse

El trabajo y los nuevos paradigmas de contención del Centro de Ex Soldados Combatientes de Mar del Plata a través de un programa de salud reconocido por el Municipio.

Malvinas, 40 años: la salud de los excombatientes, una deuda que empieza a saldarse
(Fotos: Qué digital)
Sebastián Alí

Por: Sebastián Alí

La Guerra de Malvinas es probablemente uno de los episodios más difíciles de la historia argentina, por sus características y el contexto en el que se dio, al tratarse del último intento del gobierno de facto para legitimarse en el poder, apelando tanto al sentimiento nacionalista para una “reconciliación” como a un histórico reclamo diplomático por la soberanía sobre las islas, a costa de la violencia y la sangre de jóvenes conscriptos que fueron enviados al combate al Atlántico Sur.

Lo que no admite ningún tipo de debate son los padecimientos de quienes prestaron servicios en el conflicto, muchos de los cuales regresaron al país con el peso de las traumáticas experiencias vividas siendo jóvenes de alrededor de 20 años, pero también con el estigma de la “derrota” y de quienes los emparentaban con el terrorismo de Estado del que las Fuerzas Armadas habían sido partícipes desde 1976.

El gobierno de facto fue responsable de llevarlos a las islas, sí, y en algunos casos con torturas y vejaciones perpetradas por sus superiores que esperan avances de la Justicia. Pero la democracia no reparó ese daño, o al menos tardó años, décadas: los escondió. Por distintas razones se los miró de reojo, y así fue como centenares de excombatientes que habían sobrevivido a las bombas y las balas durante el conflicto bélico, murieron por las secuelas de la guerra.

Desde 1983, lentamente se fue saldando esa deuda mientras los excombatientes se organizaron para sobrevivir y contenerse entre sí para enfrentar el combate más difícil: el de la indiferencia. Así surgió en la década del ’80 el Centro de ex Soldados Combatientes en Malvinas de Mar del Plata que desde 2003 encabeza un Programa de Salud para hacer frente a las secuelas y al estrés post traumático que sufren o desarrollan a lo largo de los años muchos de ellos.

Ese programa alcanzó un hito en 2021 con su institucionalización a través del reconocimiento que le aportó una ordenanza municipal, la cual además les garantiza una estabilidad. Así, el Centro ubicado en Misiones 3172 pasó a ser considerado oficialmente como uno de los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) articulados por la Secretaría de Salud, es decir, trascendió la atención de los exconscriptos y pasó a ser abierto a la comunidad, para la atención del barrio y para actividades de promoción de salud. “Pasa por devolverle a la sociedad lo que la sociedad nos dio. Somos parte del barrio y trabajamos para el barrio también”, destacan.

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Abril de 1995. Antonio Famulari, inspector de Tránsito de la Municipalidad y excombatiente, se suicidó en el Servicio de Psicopatología y Salud Mental del Hospital Central de Campo de Mayo -donde unos años antes había estado internado- en un hecho que motivó una condena al Estado por su responsabilidad en su cuidado y en la prevención de lo sucedido. Fue, además, el puntapié para que a nivel local se atienda la salud mental de los excombatientes a través del Programa de Salud.

“Nosotros no teníamos contención. Famulari fue al hospital militar de Buenos Aires porque antes había que viajar a atenderse. Entonces surgió la necesidad de un programa de salud. Empezaron los programas provinciales, pero sin una estructura. En paralelo, con el doctor -y también veterano- Hugo Scherbarth se empezó a formar el programa de salud municipal para veteranos. Empezó a funcionar y lo hizo muy bien porque a partir de que empezó a funcionar el programa, no hubo más suicidios, al menos hasta el año pasado. Fue justo en la pandemia y cuando empezaron a jubilarse los captadores, el programa se vio afectado”, explicó José Luis Capurro, coordinador del CAPS y encargado del Programa para veteranos.

Es que, hasta la institucionalización del Programa creado en 2003 a través de una ordenanza en 2021 y más allá de la contención ofrecida por la Región Sanitaria VIII, la salud mental de los veteranos estaba en manos de los dos psicólogos de la Secretaría de Salud municipal que articulaban con los captadores, es decir, integrantes del Centro de Ex Soldados Combatientes que “facilitaban” la asistencia con profesionales de la psicología a compañeros que la necesitaban. El problema surgió cuando los captadores empezaron a jubilarse y cada vez quedaban menos, a la vez que crecían las necesidades a abordar.

“El año pasado estábamos en un limbo, el último captador se jubilaba y justo estaba la pandemia. A partir de ahí se vio la necesidad de reformar el programa. Teníamos que ver qué hacer, primero porque ya no quedaban captadores. También había que agregar profesionales porque en un principio necesitábamos psicólogos y psiquiatras, pero después también asistentes sociales, y acompañantes terapéuticos, porque el estrés post traumático a través de los años se fue modificando. Las necesidades de nosotros se fueron modificando”, señaló.

Esa “reformulación” vino de la mano con la elaboración de un proyecto de ordenanza -aprobado por unanimidad en diciembre- del cual formó parte en su elaboración la propia Secretaría de Gobierno y a través del cual no solo se institucionalizó la asistencia, sino que también se sumó oficialmente al Centro a la nómina de CAPS de la Municipalidad: “Ahora empezamos la nueva etapa del programa que es reformular, rearmar y empezar a trabajar de una manera diferente en la prevención, en la atención, y vamos a tener un consejo asesor”, sumó.

¿Por qué sumar la tarea de asistentes sociales y acompañantes terapéuticos a la contención de los veteranos? Por el paso del tiempo y los cambios en la vida de los veteranos que empiezan a darse de manera abrupta, teniendo en cuenta que en su mayoría eran jóvenes de alrededor de 20 años y actualmente están llegando a la edad de jubilarse.

“Por eso, antes la idea era recibir a los veteranos, pero ahora nosotros tenemos que ir a buscarlos, es el cambio de paradigma”, analizó y agregó: “Nuestra principal patología es el estrés post traumático. Son signos que se van presentando después de la guerra. Por ahí no es al principio, sino con el paso de los años se va agravando y la demanda se va haciendo más grande con el paso del tiempo. Mucha gente lo va elaborando y al llegar a determinada situación de vida -por ejemplo, la mayoría se está jubilando y está cambiando sus ritmos de vida- y tiene más tiempo libre. Por eso tenemos que cambiar el programa. Ese cambio de vida funciona como un disparador de un montón de cosas y es lo que tenemos que tener en cuenta”.

Actualmente, están enfocando sus esfuerzos no solo en la búsqueda de captadores, sino también en la conformación del consejo asesor, el cual es clave para atender distintas problemáticas y brindar una asistencia integral, como el acceso a la Justicia o la situación previsional. Son, sin duda, pasos claves para una estructura de asistencia que ya asoma como un modelo a seguir: “El único programa de salud que tiene una estructura oficializada en la Provincia es la del Municipio de General Pueyrredon. Ese fue un gran acierto“, reflexionó José Luis.

LA SALUD DE LOS VETERANOS: EL IMPACTO DE LA PANDEMIA

Desde el Centro de Ex Soldados Combatientes estiman que hay alrededor de 2000 excombatientes en Mar del Plata y, más allá de los 13 caídos en las islas, estiman que al menos otros 24 fallecieron desde 1983 a la actualidad. Entre ellos, hubo al menos tres suicidios que tienen registrados a nivel local, el último ocurrido en febrero de 2021, es decir, en medio de la pandemia de coronavirus.

“Los registros oficiales tienen suicidios ‘declarados’, como los que nos pasaron a nosotros, y después están los ‘encubiertos’, que son muertes que se producen por otras causas pero que pueden tener alguna motivación, como un choque. Hemos tenido de esos casos, no lo vamos a saber nunca pero lo tomamos como un suicidio encubierto“, graficó en torno a las estadísticas que hablan de 38 suicidios a nivel nacional pero que, extraoficialmente, superan los 300.

Desde la creación del programa no se habían producido suicidios -aseguran- gracias al trabajo de prevención que realizan, pero la pandemia y el paso del tiempo supuso un quiebre y un cambio de paradigma que todavía están afrontando.

Silvina es psicóloga del CAPS y forma parte del Programa de Salud desde hace varios años para la atención de veteranos y sus familias, y también está involucrada en esa necesaria reformulación de la contención psicológica: “Estamos pensando el Programa desde un lugar más proactivo y pensado con las condiciones actuales que el veterano está padeciendo. Después de tantos años han transcurrido diversos momentos de la vida y estamos frente a personas que ya están jubiladas, con una vida más pasiva”, introdujo.

LA GUERRA DE MALVINAS, AYER Y HOY

Si bien asegura que el estrés post traumático y su desarrollo es “subjetivo” y depende de cada trayectoria de vida, sí reconoce que entre los veteranos se puede trazar un patrón: “Hay algo que es común a todos y que justamente tiene que ver con el paso de la vida activa a la vida pasiva con la jubilación, sin muchas de las distracciones que han tenido por una rutina laboral o la familia. Todo eso dio paso a otro momento donde tienen más tiempo, menos distracciones”.

Además, un punto de quiebre en este cambio de paradigma fue justamente la pandemia de coronavirus: “Es la otra cuestión que le dio otro curso a este trauma. El confinamiento de personas que se han agrupado siempre y tuvieron que aislarse dejó como resultado una evocación de la pérdida. Son nuevas pérdidas, de la vida activa y de los lazos producto de la pandemia, son pérdidas que activaron ese trauma, el padecimiento de la guerra”, analizó y remarcó que están trabajando para “reestablecer” los lazos que perdieron y la “regresión” que se produjo en torno a la salud mental.

De todos modos, como sucedió en las islas y como aconteció en los primeros años de la posguerra, un aspecto clave para la supervivencia de los veteranos pasa por la organización, la unión y la fraternidad que los une para juntarse primero y para hacer frente a las nuevas “batallas” que se presentan, después: “Se muestran muy implicados en la salud mental. Son personas que realmente están atentas a cómo están ellos y sus compañeros, no son indiferentes. Siempre hay atención y decisiones que se van tomando para que la salud de cada uno sea mejor. Eso es gratificante en lo profesional. No estoy sola, no solo cuento con mis colegas sino también con ellos mismos. Han sobrevivido a través de los años gracias a esa comunión, a ese trabajo en equipo, y así es como estamos buscando trabajar en este momento desde lo mental”.

EL CENTRO DE EX SOLDADOS COMBATIENTES DE MAR DEL PLATA

“Empezó con cuatro sillas, una mesa y en una concesionaria de autos en 1984″, recuerda José Luis Capurro desde una de las oficinas del Centro, que hoy cuenta con alrededor de 200 socios activos. Según cuenta, en sus inicios eran no más de diez jóvenes los que se unieron detrás del impulso de José Gurrieri, padre de uno de los caídos, quien los impulsó a formar la organización.

“En esos años estábamos mal vistos. No podíamos formar parte del centro, siempre tuvimos el estigma. Para algunos éramos militares, para otros éramos antimilitares. El centro se encargó de cambiar esa imagen. Es un trabajo constante, de demostrarle a la sociedad lo que se puede hacer trabajando todos juntos”, reflexiona.

Esos resquemores en torno a los excombatientes también se replican en torno al propio conflicto bélico y su contexto sociopolítico ligado a la dictadura militar. “Cada integrante del centro tiene su postura. El Centro es pluralista, cada cual tiene su mirada política pero acá no se habla de política, no hay grieta, no hay nada. Tenemos una sola causa, que es Malvinas y es la que en todo caso unifica todo siempre. La causa común es Malvinas. Siempre tiramos para adelante pensando solo en la causa y en el centro. Acá dan charlas todos, la Universidad, el Faro de la Memoria, no hacemos distinción de nada”, aclara.

De todos modos, en la marcha encabezada por Abuelas de Plaza de Mayo el pasado 24 de marzo, el Centro participó por primera vez, más allá de que años anteriores había habido excombatientes que marcharon de manera individual. “Este año, como es un año especial, fuimos como centro con este mensaje: no vamos en un sentido político, fuimos porque el 24 de marzo a nosotros nos afectó directamente porque el final de la dictadura fue la Guerra de Malvinas. Entonces estamos en contra de la dictadura y del golpe militar. Y creemos que la sociedad debería aprender mucho de lo que se logró desde el centro tirando todos juntos para el mismo lado”, reflexiona.

En lo que respecta a la lucha de los organismos de derechos humanos por la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia y su vínculo con la Guerra de Malvinas, dos integrantes del Centro denunciaron las torturas sufridas por sus superiores en las islas, por ejemplo, sometidos a estaqueamientos. El reconocimiento de esos hechos denunciados en 2007 por más de un centenar de sobrevivientes como delitos de lesa humanidad -con 130 militares imputados-, todavía es una deuda de la Justicia.

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