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30/01/2023

Los pequeños productores en tiempos de sequía: el impacto y los pedidos

Productores de la Unión de Trabajadores de la Tierra reclaman apoyo estatal y avances en el proyecto de ley que busca garantizar el acceso a la tierra.

Los pequeños productores en tiempos de sequía: el impacto y los pedidos
(Foto: ilustrativa / Qué digital)

La sequía que afecta a parte importante de la Provincia también se replica a nivel local sobre las pequeñas familias productoras que abastecen buena parte de los alimentos que se consumen a diario en Mar del Plata en medio del verano y una producción de estación centrada, según enumera Edgar, productor nucleado en la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), en tomates redondos, cherry, zanahorias y frutillas agroecológicas, berenjenas y morrones. El acceso a la tierra y el apoyo del Estado hacia los productores de la agricultura familiar, entre los principales pedidos.

En noviembre, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires declaró el estado de emergencia o desastre agropecuario por sequía, con facilidades impositivas y créditos para grandes productores y líneas de financiamiento destinadas a pequeños y medianos productores, incluso con aportes no reintegrables para agricultores familiares incluidos en el registro Renaf. Sin embargo, más allá de que solo hay 67 municipios adheridos, entre los que no se encuentra General Pueyrredon, todavía sin una ley que los reconozca y ampare de manera integral, la asistencia lejos está de llegar a todos los agricultores familiares. 

A nivel local, pequeñas familias productoras nucleadas en la UTT aseguran no recibir ningún tipo de ayuda en medio de un contexto cada vez más complejo en el que no tienen acceso a su propia tierra y en el que, por ejemplo, bajo calores intensos y sin lluvias, como en el caso de Edgar, quedan obligados a utilizar un sistema de riego por aspersión con el que tienen “que estar regando día y noche si no no se llega con la producción”.

En diálogo con Qué digital, el productor relata que la sequía se replica en Mar del Plata “con muy pocas lluvias” y calores intensos que producen, por ejemplo, que las flores se sequen, las plantas se estresen y, como consecuencia de ello, no crezcan y afecte a la producción. A su vez, asegura que el calor atrae bichos y plagas y sostiene por esa razón todos los productores de la zona están afectados, más allá del “pequeño respiro” que significaron los dos días lluviosos en la última semana en Mar del Plata.

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En cuanto al impacto directo de las condiciones climáticas, sufren el importante consumo energético que les demanda sostener la producción. En su caso, utiliza un sistema de riego por aspersión que funciona a través de una bomba de agua sumergible que “tiene que estar día y noche prendida y genera un gasto importante con la luz”, lamentó. De manera similar, la abundante cantidad de plagas en medio del verano genera la necesidad de preparados e insumos que se vuelven “un trabajito más” para las familias. “Por esas razones es que hay partes donde la verdura sube. Porque a un (pequeño) productor le cuesta bastante producir”, señaló Edgar.

Entonces, el pedido concreto al gobierno sería, para Edgar, “acompañar y hacer un seguimiento a los productores, ver qué es verdaderamente lo que necesitan”. Y graficó, para su caso particular, que una solución posible sería tener un sistema de riego por goteo “donde vos puedas instalar todo tu campo y regar mejor, gastar menos agua, menos tiempo y regar bien”.

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El sistema de riego por goteo es un sistema “presurizado” donde el agua se conduce y distribuye por conductos cerrados que requieren presión, según explican desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). El sistema es caracterizado por ser de “alta frecuencia” ya que permite regar desde una a dos veces por día (todos o algunos días) según el tipo de suelo y necesidades de cultivo y reducir las condiciones de estrés hídrico de las plantas ya que mantiene la humedad del suelo “a niveles óptimos”.

LA AGRICULTURA FAMILIAR EN MAR DEL PLATA MÁS ALLÁ DE LA SEQUÍA

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Esas dificultades climáticas se dan, además, dentro de un contexto estructural y que suma presiones a las familias productoras al momento de lograr un buen rendimiento: Edgar redujo de cinco a dos las hectáreas que alquila en la zona sur para su producción ante el grado de pérdida que le generaba. Es que la crisis que afecta a las y los pequeños productores no está ligada únicamente a la sequía sino a un reclamo por el que la UTT presentó en 2016 un proyecto de ley para facilitar no solo políticas públicas beneficiosas sino también el acceso a la tierra y que la tenencia de ella sea más justa y no concentrada en manos de unos pocos.

Es que en la mayoría de los casos, la tierra no suele ser de quienes la trabajan sino que los productores de la agricultura familiar alquilan o se desarrollan mediante los porcentajes que acuerdan con los dueños de los campos: “No puedo abastecer porque también sube el precio de las semillas. Te cobran todo en dólares como los plásticos que utilizamos. A eso se suma que nos afecta el clima y no tenemos ningún tipo de ayuda”, grafica Edgar.

Eso trae aparejado otras condiciones como por ejemplo los gastos que se deben asumir para alquilar una vivienda o ni siquiera poder acceder a una vivienda digna: “Estamos en casillas de madera donde el dueño no nos permite edificar en el terreno que nos alquila”, puntualizó sobre las producciones familiares de Mar del Plata.

Presentado por cuarta vez en 2022, el proyecto de Ley de Acceso a la Tierra plantea que las y los pequeños productores accedan a líneas de créditos blandos para comprar la tierra que trabajan además de construir y adquirir sus propias herramientas. El proyecto de ley apunta a garantizar también políticas públicas claras y concretas para el sector de la agricultura familiar, quienes -según datos de la UTT- producen más del 60% de los alimentos para las familias argentinas. Desde el sector buscan garantizar el “comercio justo” de los alimentos, la soberanía alimentaria y la agroecología como forma de producción.

Pero mientras tanto, para las pequeñas familias productoras de alimentos del país y de la ciudad seguir avanzando se vuelve difícil sobre todo cuando, según el relato de Edgar, se “invierte todo lo que se tiene” y la temporada resulta mala, limitando además la producción del año siguiente.

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