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21/11/2015

Paintball, una guerra de pintura que termina en paz

En Mar del Plata solo se practica en forma recreativa en unos pocos lugares alejados de la ciudad. Reglas, mitos y las características del equipamiento de un juego con historia, industria y muchos seguidores.

| Por Gonzalo Gobbi

El cine se encargó de demostrar cómo los juguetes podrían cobrar vida. Los videojuegos de acción en primera persona sembraron esa necesidad de experimentar fuera de la pantalla el combate en un modo recreativo, lúdico, sin heridos, solo por diversión. Tal vez la combinación perfecta de una guerra de juguete con un campo de batalla real pero ficticio a la vez, sea lo que ocurre dentro de las “canchas” de Paintball, donde la guerra es entre amigos, las armas (marcadoras) disparan pintura y las víctimas terminan con una sonrisa y manchas frescas sobre la ropa. Sin embargo este deporte, expresa mucho más que eso.

En Mar del Plata hay no más de cuatro campos de Paintball en funcionamiento. En la ciudad la actividad se practica mayormente en forma recreativa (la modalidad competitiva se conoce como speedball), principalmente entre conocidos que reservan el lugar -cual cancha de fútbol- y durante las casi dos horas que dura el turno cerrado ponen en práctica estrategias para vencer al enemigo en una guerra que tranquilamente puede terminar con un asado entre quienes interpretan a vencedores y vencidos con disfraces militares.

En el kilómetro 7,5 de la Ruta 88, frente al Parque Industrial, en el fondo del campo Juan, el “Capi”, recibe a QUÉ mientras un grupo de amigos prepara sus armas marcadoras, carga municiones de pellets (balas de pintura) y se coloca las máscaras y la ropa de combate antes de ingresar al campo de juego.

PAINTBALL 04

“Laguna Paintball” funciona en este campo (donde antes había un horno de ladrillos) desde hace unos ocho años. Está separado de la civilización por varios cientos de metros.

Las dos horas de juego cuestan 120 pesos y contemplan el alquiler del equipo mínimo e indispensable: una marcadora profesional, la máscara protectora homologada, las garrafas con dióxido de carbono que dan impulso al disparo y un centenar de bolitas de pintura. En caso de contar con el equipamiento propio, solo se abonan 40 pesos para jugar.

Una vez dentro de la cancha, por prevención, no se permite sacarse la máscara, ni subir a los árboles ni el contacto físico entre los participantes. El resto, que no es poco, está todo permitido: camuflarse, aprovechar los barriles, autos, árboles y demás escenografía para ocultarse y disparar, generar tácticas, dispararle al enemigo antes de quedar manchado, divertirse.

A lo mínimo e indispensable, solo por disfrute personal, se le puede agregar ropa de camuflaje, chalecos, guantes, visión nocturna, linternas, marcadoras con láser, handies para comunicarse durante el combate, etcétera. “Adentro te hacés la película”, cuentan los jugadores ya manchados de pintura de distintos colores.

PAINTBALL 02

La partida de cada jugador finaliza cuando un oponente lo mancha con una bola de pintura, llamada pellet: una cápsula de gelatina medicinal rellena con almidón y colorante vegetal, calibre 0,68 pulgadas, que viaja a 290 kilómetros por hora, según explicó Juan, el administrador de esta cancha de Paintball de Mar del Plata.

“ES MENOS PROPENSO A LA LESIÓN QUE EL GOLF”

Por los años de experiencia como jugador de Paintball, el “Capi” está seguro de que es un deporte “seguro”, siempre y cuando se tomen recaudos mínimos. Dice que la actividad “es menos propensa a la lesión que el golf” pero advierte que ante el descuido, “cuando hay lesiones son graves”.

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¿Quiénes juegan al Paintball? En principio, cualquier persona con ganas de divertirse y disparar una marcadora. Pero el hombre a cargo de esta “cancha” al costado de la Ruta 88 afirma que “vienen muchos ingenieros electrónicos o personas muy vinculados con los videojuegos, nerds, pero también gente que no tiene nada que ver y que viene a pasarla bien”.

Frente a este amplio perfil de jugadores, las medidas de prevención se repiten en más de una oportunidad para evitar lesiones.

INDUSTRIA PAINTBALL

Las primeras marcadoras se usaban en tratamientos veterinarios. En Estados Unidos, quienes manejaban a grandes manadas de animales, para marcar a los que estaban destinados al sacrificio, les tiraban con unas pistolas mucho más rudimentarias con pintura. Las usaban también los guardabosques para marcar los árboles que había que derribar. Las marcadoras se convirtieron en el armamento del Paintball recién en 1984.

Pero fue recién a partir del 2003 que la actividad comenzó a crecer como deporte primero en Norteamérica y luego en Europa y Latinoamérica. Actualmente existen ocho fábricas del pellets en el mundo (la más cercana está en Brasil pero desde Argentina resulta más económico importarlas de Corea).

A partir de la expansión del Paintiball se crearon compañías que producen el equipamiento y los insumos de esta industria: la más grande del mundo es de Estados Unidos, la segunda más grande también y la tercera… también.

PAINTBALL 01

“Ningún insumo es nacional, en Argentina no se producen, todo se importa. No son baratos, pero tampoco solo para una elite. Si te gusta y querés invertir en esto, con 250 dólares te comprás un equipito completo y por 450 dólares ya estás jugando con un equipo de gama completo más que digno. Todos los equipos duran años si los cuidás”, explicó Juan, a cargo de “Laguna Paintball”.

De armas que no matan, de balas que manchan pero se borran, de combates entre amigos, de un juego solo para divertirse despojado de violencia, de eso trata el Paintball al menos en Mar del Plata, con guerras de pintura que solo duran horas y que afortunadamente terminan en paz.

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