Sábado 13 de julio | Mar del Plata
07/06/2020

Pandemia y transporte público: el drama de los barrios del sur en primera persona

Los históricos reclamos por las frecuencias del 511 a Las Brusquitas, agudizados por las necesidades y restricciones que emergen de la cuarentena. La carta de una vecina de Los Lobos.

Pandemia y transporte público: el drama de los barrios del sur en primera persona
(Foto: ilustrativa / Qué digital)

Los reclamos por la ampliación de las frecuencias de la línea 511 que une Las Brusquitas con el centro de Mar del Plata, única opción del transporte urbano para más de una decena de barrios, se vieron agudizados por las necesidades y también las restricciones sanitarias que emergen por la cuarentena para prevenir el coronavirus. El drama de vecinos y vecinas del sur, en la carta abierta de una usuaria de Playa Los Lobos. 

Desde que se dictó la cuarentena, sólo las y los trabajadores denominados esenciales pueden utilizar el transporte público de pasajeros, con el objetivo de reducir al mínimo la circulación de personas en esos potenciales focos infecciosos y para evitar que, en el marco del protocolo sanitario que impide llevar pasajeros parados, esos trabajadores no tengan que esperar que el próximo micro tenga un asiento disponible.

Sin embargo, esas restricciones no se condicen con la realidad de muchos barrios, donde las distancias, la falta de servicios esenciales y en el caso específico de los barrios del sur, las mínimas frecuencias que ofrecen el Municipio y las empresas a través del 511 “Brusquitas” (a las 18.30 sale la última unidad del centro a los barrios), hacen muy difícil la implementación de los protocolos y el día a día de vecinos y vecinas.

El conflicto de El Rápido del Sud, el cambio de concesión de los recorridos a favor de la empresa 12 de Octubre -del cuestionado empresario Juan Inza-, y los aumentos ilegales y quita del boleto estudiantil que derivaron del cambio de mando evidenciaron, una vez más, cómo las y los vecinos de la zona sur son rehenes de un transporte público municipal que resulta más que insuficiente.

Hasta el inicio de la cuarentena, los diferentes colectivos organizados habían llevado adelante manifestaciones, asambleas y reclamos para que se amplíen las frecuencias del 511, e incluso habían logrado que algunos concejales los escuchen y se presentaron proyectos para sumar más servicios e incluso para que otras líneas lleguen a esos barrios. Sin embargo, la pandemia frenó los avances que habían alcanzado, a la vez que incrementó las necesidades y la exigencia de una solución. Por eso, una de las vecinas del barrio se cansó y expuso cómo viven la cuarentena, las distancias y el transporte público en el sur. 

CARTA DE UNA VECINA DE LOS LOBOS

“Los barrios del sur crecen y el transporte es un derecho”

Como vecina de la zona sur de Mar del Plata me siento con la necesidad de expresar la falta de acceso al transporte público de pasajeros, ya que el 511 Chapadmalal es el único medio del cual disponemos para ir a trabajar, conseguir alimentos o útiles escolares, que en el barrio no hay o cuestan más dinero. No tengo familia en Mar del Plata ni nadie de confianza como para pasar una noche inesperada en la ciudad.

Cuento esto porque el viernes 29 de mayo viví una situación que me asustó y sentí que de repente podía correr peligro. A las 18 en Buenos Aires y Almirante Brown, el 511 Chapadmalal no frenó cuando levanté el brazo, lo corrí gritando “voy a Chapa”, y fue inútil. Voy a la parada de Alberti y Tucumán y había una pasajera que esperaba el de Acantilados. Es ahí donde confirmo con un chofer de la misma línea que a las 18:30 sale el último colectivo de la empresa a Chapadmalal. Decido ir al Puerto. En el viaje de ese 511, que iba casi vacío, veo que el chofer responde en más de una parada que el de Acantilados ya está por venir. Me bajo en Magallanes y 12 de Octubre. Además de esquivar un gran charco en la parada, me encuentro con un grupo de ocho o nueve personas que esperan el colectivo.

Un muchacho pregunta al chófer por el de Acantilados, y el chofer responde que hay mucha gente esperándolo que ya debe estar por venir. A estas personas el colectivo anterior no les frenó. Al cabo de unos minutos viene el 511 Acantilados que nuevamente sigue de largo. ¡Siguen de largo porque van colapsados! Luego de esto, una señora abandona la parada y dos hombres se van a la parada anterior. Quedamos seis más o menos esperando. A mí no me quedó otra alternativa que ponerme en el medio de la calle para asegurarme el regreso a casa luego de un día largo de trabajo. Conocemos las medidas de prevención que debemos cumplir para evitar posibles contagios, y sabemos que no pueden ir pasajeros parados. Entonces, debemos buscar una solución para evitar estas situaciones de vulnerabilidad en la que nos encontramos en los barrios del sur.

¿Y si es un día de lluvia? Dicho sea de paso hacia mucho frío. ¿Y si hay una madre o un padre que tiene que ir a buscar a su criatura a la casa del compañero que la está cuidando? ¿Y si no se te ocurre frenar la colectivo en el medio de la calle? Mientras tanto pasan otros colectivos, línea amarilla, línea bordó. ¿Y qué pasa con la línea bordó? En el centro se ve que pasa el 717, vacío, sin pasajeros ni pasajeras, lo mismo con el 512B. ¿Y el 511 del cuál me bajé? Terminaba en el Puerto. Y en el Puerto, ¡gente que estaba a pata! Que desigualdad de consumo, ¿no? Algunos colectivos vacíos y otros re llenos. Todos de la misma línea.

Esto no es nuevo, viene pasando hace mucho; y frente a estas situaciones nos veíamos obligados y obligadas a tomar el Costa Azul, que salía tres veces más. Ahora en plena emergencia sanitaria ¿qué hacemos? Los barrios del sur crecen y el transporte es un derecho. La solución es posible y seguimos luchando en la zona sur sur, organizándonos de forma asamblearia y colectiva.

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07/06/2020