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17/06/2019

Repunte, 2 años: del duelo al trabajo incansable para buscar justicia

Lorena Arias es hija de Horacio Airala, maquinista desaparecido del buque hundido hace dos años. Luego de llorar a su padre, pasó a ser la cabeza de una lucha inédita por la búsqueda de justicia en un hundimiento.

Repunte, 2 años: del duelo al trabajo incansable para buscar justicia
(Fotos: QUÉ Digital)
Sebastián Alí

Por: Sebastián Alí

Lorena Arias es abogada penalista. Hasta el 17 de junio de 2017 trabajó en derecho laboral y casos semejantes, pero después de esa fecha su vida cambió por completo: en el hundimiento del Repunte, ocurrido hace exactamente dos años, desapareció su papá, Horacio Airala, maquinista de la nave. Desde ese momento, encabezó a pulmón junto a las Mujeres del Repunte una lucha inédita por la búsqueda de justicia en un hundimiento.

Desde el 2000 a la fecha se hundieron 44 buques, con 95 marineros que murieron o permanecen desaparecidos, y a ellos se le suman los 44 del ARA San Juan. Aunque está claro que la pesca es una actividad riesgosa, las tormentas marítimas, una realidad e incluso las fallas humanas, una posibilidad, en ningún caso hubo responsables. En ningún caso Prefectura o empresarios tuvieron que dar explicaciones. Y en ningún caso las familias encontraron la cohesión y la fuerza suficiente para ir a la Justicia.

Bueno, desde el 17 de junio de 2017, algo de eso empezó a cambiar.

No fue inmediato, está claro. Pero en la fría mañana nublada del 17 de junio de 2017, familias que no se conocían se encontraron en el dolor para luego coincidir en la decisión de ir más allá. Entre ellos estaba Lorena Arias, hija del maquinista. “Lo que pasó el 17 de junio fue duro para toda la familia y el reclamo de justicia salió con más fuerza de mi hermano, que quería justicia, que estaba muy enojado con Ostramar (empresa dueña del buque), con Luis Caputo (titular de la empresa –hoy fallecido-) y los responsables. No fue enseguida, no nos presentamos en la causa penal al otro día que pasó porque primero hay una tragedia que es personal y los primeros días son de shock, uno no reacciona”, contó Arias en diálogo con QUÉ Digital sobre las primeras horas de la familia.

Del desconocimiento a la organización y a las fuerzas para ir más allá: “No nos conocíamos con el resto de las familias de la tripulación, se fue dando de a poco. Pasamos varios meses hasta que nos constituimos como querellantes con mi hermano. Ahí les comenté a las chicas que iba  a viajar a Rawson para ver cómo estaba la causa y después se empezaron a sumar de a poquito. Como todo camino, es paso a paso, no es que un día dijimos que íbamos a seguir la causa hasta las últimas consecuencias”.

REPUNTE CARAVANA HUNDIMIENTO OCHO MESES (10)

 “NUNCA NOS HICIERON SENTIR MIEDO” 

Después del 17 de junio todo fue un aprendizaje constante, para todos: para los familiares, para la justicia, para los medios. Pero el aprendizaje incluso llegó al interior de cada familia, porque la realidad estaba ahí en el Puerto, pero los marineros, hoy desaparecidos, ya sea por naturalizar o por el hecho de no querer sembrar miedo en la familia ante la necesidad de trabajar sí o sí, no la mencionaban o evitaban hacerlo.

“Ninguna sabía cómo reclamar. No teníamos contactos, no conocíamos a nadie y nos fuimos constituyendo de a poco. Yo viajando, las chicas con el movimiento desde allá y aprendiendo también y conociendo todo lo que tenía que ver con el trabajo de ellos y las leyes, donde nos encontramos con esta desidia tan grande que hay en la pesca: parece increíble que uno lo diga siendo familiares de ellos, pero ninguna de nosotras lo sabía, ellos no trasmitían en las casas lo que pasaba, ellos jamás nos hicieron sentir miedo de que podía ser un trabajo inseguro, las condiciones de los barcos no era algo que ellos compartían en la casa”, contó.

 EL TRABAJO, EL CAMBIO Y EL DÍA A DÍA: “QUE LOS HUNDIMIENTOS SEAN UNA ESPECIALIDAD HABLA DE LO MAL QUE ESTAMOS” 

NINGUN HUNDIEMIENTO MAS REPUNTE FAMILIARES (15)

El inicio del camino judicial implicó para Arias un cambio rotundo en su vida: “Era un terreno desconocido para todos. Tuve que barajar y dar de nuevo desde ese punto de vista porque yo le empecé a quitar tiempo a mi trabajo. Todo es a pulmón y restándole tiempo a mi trabajo, a mi profesión y sobre todo a mi familia, porque yo estoy en Buenos Aires, con un nene y no lo podría hacerlo sin apoyo de mi familia para no alterar la rutina”.

Pero su vida no sólo se redujo al día a día por el Repunte, sino también los hundimientos que, lamentablemente, se produjeron mientras el ambiente del Puerto empezaba a cambiar: “Además una cosa se fue desarrollando con la otra porque se hundió el Repunte, empecé con esto, y a los meses el ARA San Juan, después empiezo con el Rigel. Que sea una especialidad los hundimientos para un abogado habla de lo mal que estamos como país. No había antecedentes. Fue mucho estudio y empezar a hacer escuela. Con el Repunte, yo y el juzgado también estábamos aprendiendo: después, cuando pasó lo del Rigel, en un mes ya habíamos hecho lo que con el Repunte nos había costado muchísimo más. Automáticamente pasó toda Prefectura por el Tribunal a dar explicaciones. Se hizo escuela desde el Repunte”, detalló.

 EL INICIO DE LA QUERELLA: “EL DESAFÍO ES QUE POR PRIMERA VEZ UN HUNDIMIENTO PASE LA ETAPA DE INSTRUCCIÓN” 

“Nos hace sentir orgullosas porque éramos diez mujeres solas, literal. Me acuerdo en mis primeros viajes a Rawson, sin conocer a nadie, sola. Uno le pone el cuerpo, vamos, salimos y estamos convencidas de que vamos a sentar jurisprudencia”, continuó.

De inmediato, la primera intención de las familias mientras se iniciaba el período de instrucción de la causa judicial a cargo del juez Gustavo Lleral era reflotar el buque, algo que con el tiempo encontraron imposible. “Nos dimos cuenta que es imposible, que no tenemos medios, que es muy común, y también que los armadores y las empresas saben todo, pero que las familias no. Ahí empezamos, de a poco, y no tengo dudas que el Repunte va a ser un antes y un después en materia judicial también”, describió.

A pesar de los golpes, las idas y vueltas y las demoras de la Justicia, tanto Arias como el resto de las Mujeres del Repunte, tienen claro su norte: “El desafío es que por primera vez una causa de un hundimiento pase la etapa de instrucción. Después de que se recolecta toda la información se analiza si hay un delito o no y se eleva la causa a juicio. En los hundimientos nunca pasó, todos se archivaban sin delito. No pasaba, las familias no se constituían como querellantes y menos con la fuerza de la lucha del Repunte. No sólo estamos muy unidas las familias, sino que logramos tener pericias y tenemos presencia en todas las instituciones”.

 EL ALCANCE DE LA LUCHA Y EL RECONOCIMIENTO DE GARAVANO: “NOS HICIERON MIRAR PARA ESE LADO” 

LORENA ARIAS GERMAN GARAVANO

Arias, en su encuentro con el ministro Garavano.

Así como se dividieron a lucha y las Mujeres del Repunte ponen el cuerpo en el Puerto o en el Congreso, Arias lo hace ejerciendo la lucha judicial, donde también logró visibilidad la problemática de los hundimientos, incluso hasta en el propio ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano. “La semana pasada hubo una reunión a un año de la Ley de Asistencia a la Víctima, donde están las familias de las tragedias más resonantes del país y por primera vez estábamos nosotros, los hundimientos, como un delito”, destacó.

Asimismo, contó el reconocimiento del ministro: “El propio Garavano me decía que ‘no veíamos los hundimientos como un delito hasta que ustedes se pararon y nos hicieron mirar hacia ese lado’. Yo salí de esa reunión y se lo conté a las chicas, habíamos logrado instalar el tema a nivel nacional y el ministro tenía muy en claro cómo era. Nosotros decimos algo que el que no está en la lucha no lo ve: si se hubiesen caído 44 aviones, no hubiera pasado más, se hubieran tomado medidas mucho tiempo antes, pero son pesqueros”, agregó.

EL MÁS GRANDE DE LA TRIPULACIÓN Y UN HOMBRE DE MAR

La historia de Horacio Airala tiene poco que ver con Mar del Plata pero mucho con el mar. Oriundo de Lomas de Zamora, el maquinista era el más grande de la tripulación, tenía una vida dedicada al mar y curiosamente no vivía en la ciudad: “Mi papa era el más grande de la tripulación. Nunca vivió en Mar del Plata, era de Lomas de Zamora, estudió maquinista naval y dedicó toda su vida a la pesca. Él iba y venía a Mar del Plata”.

En consecuencia, el resto de la familia estuvo muy alejada de la realidad portuaria pero Lorena empezó a conocerla a través del relato de las otras familias tras el hundimiento, aunque destaca que, al tener cuatro hijos grandes e independientes, el aspecto económico no los afectó como a otros: “No nos afectó desde ese lado como a otras familias a las que sí las partió al medio. Hay mujeres con siete hijos y ni siquiera están cobrando las pensiones. Organizamos cosas para ayudar a pagar alquileres. Pero la verdad es que no hay edad para estos golpes“, cerró. 

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