Rigel, un año: “Fui sabiendo que había algo que no estaba bien”

José trabajó una temporada en el buque y se bajó días antes de que zarpara rumbo al sur. Su testimonio en primera persona, el recuerdo de sus compañeros y el estado del barco.

09/06/2019
Rigel, un año: “Fui sabiendo que había algo que no estaba bien”
(Fotos: QUÉ Digital)
Sebastián Alí

Autor: Sebastián Alí

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José lleva más de 13 años en la pesca y en 2017 fue a la temporada de langostino a bordo del Rigel. Allí, conoció y compartió muchas cosas con algunos de los ocho marineros que aún permanecen desaparecidos en el casco hundido hace un año, a la espera de que bajen los buzos. Pero también conoció las condiciones en que el buque salía a navegar y las dificultades que tenía. Aunque inconscientemente, en su relato también se lee cómo entre los trabajadores, muchos aspectos de la precarización laboral están más que naturalizados.

El 5 de junio de 2018 el Rigel salió del Puerto de Mar del Plata con nueve personas a bordo, problemas de estabilidad y modificaciones. Días antes, el “Chino” tuvo la posibilidad de ir a la temporada de langostino con un buque más grande. Nunca imaginó que el 9 de junio, a las 6 de la mañana, se encontraría yendo a la zona de búsqueda a socorrer a quienes habían sido sus compañeros.

EL LUGAR DEL HUNDIMIENTO DEL RIGEL

José está entre la lista de testigos que declararán en la causa penal que es llevada adelante por el Juzgado Federal de Rawson, a cargo del juez Gustavo Lleral, donde ya se han tomado testimoniales. De su testimonio surgen datos que pueden ayudar a entender por qué el buque partió en las condiciones en que estaba y terminó a 93 metros de profundidad.

En la banquina hace frío, seguramente un frío similar al 5 de junio en que el Rigel partió hacia el sur desde ese mismo lugar. Allí, frente a las lanchas amarillas, José permanece al abrigo de los recuerdos, junto a Mateo Navarrete, hermano de Nahuel Navarrete -tripulante desaparecido y excompañero y amigo del Chino- y Luis Muñoz, otro compañero que supo compartir horas de pesca en el Rigel. Ellos tres, en diálogo con QUÉ Digital, van y vienen entre cigarrillos, anécdotas y la memoria de los desaparecidos.

RIGEL UN AÑO

 RIGEL, TEMPORADA 2017: “NENE, ESE BARCO SE VA A PIQUE” 

José empezó su relato contando su experiencia en el buque, cuando en junio de 2017 participó de una temporada de langostino: entre los problemas de estabilidad, las complicaciones en el medio del mar y las condiciones de trabajo en el barco.

“El barco navegaba. Cuando subí en la única temporada que hizo el Rigel al langostino con estos dueños, el barco tuvo mucho tiempo parado antes de salir. El barco no pasaba la prueba de estabilidad con los tangones. Me lo dijo su propio dueño, Salvador “Toti” Taliercio. Fui el último en subir y yo era el único de los chicos que había ido alguna vez al langostino”, comenzó.

El barco necesitaba alguna que otra mantención. El primer fallo fue trabajando, en una maniobra que se quedó sin timón y quedamos escorados en la banda yendo al sur. El barco fue con lo que había, es la realidad. No es que era un barco que estaba al 100%.

“Él (Taliercio) me comentó que tuvo que viajar a Buenos Aires para “agilizar el trámite” del papel. No sé por qué viajó. Fui sabiendo que había algo que no estaba bien. El barco necesitaba alguna que otra mantención. El primer fallo fue trabajando, en una maniobra que se quedó sin timón y quedamos escorados en la banda yendo al sur. Ahí fue la primera vez que yo vi que había algo raro en el barco, que no me cerraba. Después volvimos a escorar y ahí fue cuando el dueño nos dijo ‘nos vamos porque vamos a hacer cagada’. Fuimos al puerto de Camarones y ahí se arregló el piloto completo. Después también tuvimos problemas con la caja y quedamos en Camarones como cinco días. Después se nos rompió el enfriador de aceite también. El barco fue con lo que había, es la realidad. No es que era un barco que estaba al 100%”, continuó.

En esa temporada, el Rigel trabajó menos tiempo en el sur ya que se demoró en salir del Puerto por falta de habilitación, pero finalmente salió y no debieron afrontar ningún temporal: “Los permisos no se los aprobaban. A diferencia del año pasado, ese año llevaron un portón de cada lado aparte. El capitán decía que navegaba mejor. En la primera temporada hubo un temporal bárbaro pero llegamos con lo justo al puerto de Camarones, ya estábamos ahí”, contó.

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(Foto: archivo / Prefectura Naval Argentina)

A pesar de los problemas y lo que había visto en 2017, en la temporada siguiente, que terminó con el naufragio, José trabajó en el armado del buque y cuestionó las modificaciones que se le hicieron: “En la última yo me subí, estuve con ellos armando. Al segundo día que voy le pusimos peso en la proa, pero el barco aguanta hasta que aguanta. Tenés las redes, los cajones arriba, más los tangones que en su momento no habían pasado las pruebas y que para mí nunca pasaron. Yo fui consciente de eso”.

Según contó, en esos días, un compañero suyo se bajó después de tener un encontronazo con Taliercio y al irse le comentó: “Nene, ese barco se va a pique”. “Eso me quedó grabado. Yo después estuve un mes y pico más y me bajé”, agregó.

Contó que en la temporada 2018 se bajó porque había conseguido trabajo en otro barco, pero participó en el armado del barco: “Todavía está verde Chino, tenemos un problema en la electricidad”, le reconoció el Taliercio en su momento. Problemas que, según consta en la causa, se evidenciaron incluso antes de zarpar y demoraron su partida al sur.

 EL RECUERDO DE SUS COMPAÑEROS: “YO TUVE LA SUERTE DE ELEGIR” 

En su testimonio, donde además del estado del barco, las maniobras que tuvieron que hacer en alta mar e -incluso con total naturalidad-, cómo van y vienen las coimas por el Puerto de Mar del Plata, se entremezclan anécdotas, vivencias arriba del barco y, también, el recuerdo de sus compañeros y el momento en que decidió que no iba a embarcarse con ellos ese año.

Contó que junto a Nahuel Navarrete forjaron una relación de amistad tras haber trabajado en otros buques y una temporada de langostino en el Rigel: “Le comenté la posibilidad de irme en otro barco a Nahuel (Navarrete) con quien ya había trabajado y yo mismo le conseguí el trabajo en el Rigel. Él era una bestia trabajando aunque no había ido nunca al langostino. Eso me juega mucho. Porque lo he hablado mucho con él”, relató.

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El “Chino” junto a Nahuel Navarrete, tripulante desaparecido del buque Rigel

Su admiración para con los chicos del Rigel tiene que ver con las condiciones de trabajo que se vivían y cómo aguantaron tanto tiempo navegando en él: “Nadie lo va a negar acá en la banquina, al Rigel le decían la machinadora, era el barco que te destrozaba, el que no aguantaba nadie, al que subías de última. Así que yo tuve el honor de conocer  esos pibes y de trabajar con ellos, que estuvieron mucho tiempo ahí. Rodrigo Sanita estaba hace años, Nahuel estuvo dos años y pico, ellos estuvieron siempre ahí. Eran marinos los pibes. Y yo compartí mucho con ellos”.

Él me dijo que vaya, que aproveche que era un barco rojo. ‘Andá y después me hacés un lugar a mí’, me dijo y yo decidí eso. Son decisiones que uno toma y yo me lo cuestioné mucho. No podía dormir, lloraba en la cucheta, me preguntaba por qué no estuve ahí para cuidarlos. 

“Yo esto lo he hablado con Nahuel, a veces nos servía la plata, por la carga que tenía. Pero yo le dije a Nahuel que ya estaba para cualquier barco. Él por la comodidad, porque ya tenía el trabajo se quedó. Para mí era un barco incómodo, yo buscaba otra cosa aunque ahí en el Rigel ya era una familia. Si bien hice una temporada con ellos, fueron tres cuatro meses donde ya teníamos nuestro lugar. Pero yo siempre busqué nuevos horizontes. Uno al conocer gente a veces puede elegir y yo tuve la suerte de elegir. Yo me sentía privilegiado, había mucha gente buscando un barco para irse al sur y yo tenía para elegir. Le agradecí a Toti por ofrecerme el trabajo, pero elegí irme a un barco más cómodo y grande. Le pedí disculpas, pero sabía que tenía que cambiar”.

“Yo en ese momento le dije a Nahuel,: ‘Gordo, me voy a otro barco y te dejo tirado, ¿qué hago?’. Él me dijo que vaya, que aproveche que era un barco rojo. ‘Andá y después me hacés un lugar a mí’, me dijo y yo decidí eso. Son decisiones que uno toma y yo me lo cuestioné mucho. No podía dormir, lloraba en la cucheta, me preguntaba por qué no estuve ahí para cuidarlos. La temporada pasada yo siempre, desde la primera maniobra que tuvimos que hacer, sentí que yo los cuidaba”.

José hablaba a menudo con Taliercio, y relató cómo fue la última charla: “El me dijo ‘Chino, yo lo único que te puedo decir es que de eso se trata, de arriesgar’. Eso me quedó grabado en la cabeza. ‘Si es un error  o no el tiempo lo dirá’, me dijo.  Yo no sé, capaz que mi destino era estar con ellos ahí o no. Todavía no sé si fue un error o no”.

“Uno cuando convive en el barco hay de todo, podés tener encontronazos con alguien, pero en sí no dejamos de ser compañeros, como hermanos ahí arriba. Yo siempre sentí que a veces Toti nos chupaba el ojo. Todo el mundo sabe que el barco ese era el matahombre, siempre te exigía al 500%. Ese era el Rigel. Él se abusaba un poco. Decía que era para mejor pero creo que había un límite porque cada uno cuando no tiene un mínimo de descanso, eso es la muerte. A veces juega la avaricia también”.

 EL HUNDIMIENTO: “CHINO, DE LA QUE TE SALVASTE. NOS VAMOS A BUSCAR AL RIGEL” 

“Yo estaba navegando en el otro barco. El día de la tormenta los había llamado. Allá se habla mucho en la pesca con los compañeros, te preguntan en qué barco viniste. Yo ese día estuve hablando hasta las 10 de la noche con el segundo patrón y me fui a acostar. Yo los llamé a los chicos para preguntarles si el Rigel estaba acá. Y como todos los barcos tienen el sistema de posicionamiento, no aparecía. Había como 30 barcos y estaban todos fondeados (NdR: con el puerto colapsado, alejarse del temporal, tirar el ancla y esperar al resguardo). Dije ‘puta madre estos están navegando y ninguno de los chicos me atiende’, inició su relato sobre la noche del 8 de junio.

“A las 6 de la mañana suena el timbre y veo que bajan todos. No entendía a dónde íbamos. Un compañero solo se animó a decirme. ‘Chino, de la que te salvaste. Nos vamos a buscar al Rigel que está desparecido’ contó entre silencios, con los ojos vidriosos y la voz quebrada. “Yo en ese momento pensé que quizás sólo no había comunicación. Empezaron a salir todos los barcos. El capitán no decía nada. Tampoco quise preguntarle”, continuó.

José todavía tenía esperanza de que todo fuera un error, hasta que le dijeron lo peor: “Una vez que salimos sí les pregunté a los chicos qué pasaba. Ahí bajó el segundo oficial de máquina y me dice: ‘El capitán no quería que te digan nada pero tipo 10 y pico se prendió la radiobaliza de emergencia EPIRB’. Cuando me dijo eso me largué a llorar, me abrazaron todos y les agradecí porque me habían llamado. Después empecé un duelo conmigo, yo no la pasé bien. Tenía que ir a buscar a mis compañeros con los que había compartido un montón de cosas”.

JOSE RIGEL UN AÑO

Ahí me agarré la cabeza. Estábamos levantando un colchón del Rigel. Me afectó mucho. Estaba ido. No podía dormir, me ponía a pensar la realidad. No sé por qué no estuve ahí, me reproché no haber estado ahí para decirle al capitán a dónde iba.

“En la zona de búsqueda era todo gasoil, un manchón enorme. Pasamos entre cajones y hasta en un momento pensé que estaba viendo a uno de los chicos pero era un colchón. Ahí me agarré la cabeza. Estábamos levantando un colchón del Rigel. Me afectó mucho. Estaba ido. No podía dormir, me ponía a pensar la realidad. No sé por qué no estuve ahí, me reproché no haber estado ahí para decirle al capitán a dónde iba. Los chicos lo seguían mucho”, continuó.

“Nosotros estuvimos esa temporada hablando mucho sobre algunos naufragios. No me voy a olvidar que hablaban del San Jorge y me dijo: Chino, uno tiene que saber lo que tiene debajo de las patas. Y a mí se me pasa por la cabeza por qué se hundió. Pensé miles de cosas, en qué habrá pasado. Si el barco era inestable, ponele que se te corte un viento y se le fue el tangón para adelante con esa marejada. Que se vaya para popa o proa para ese barco que tres veces o cuatro no pasó las pruebas de estabilidad…”, pensó.

 LAS POSIBILIDADES DE QUE VUELVA A PASAR Y LA CONCIENCIA EN EL PUERTO 

José cuenta con total naturalidad muchos aspectos de la pesca en los que se nota que, a pesar de ser en sí misma una actividad riesgosa, también la precarización está al orden del día. Y la necesidad, la falta de trabajo en la ciudad con los índices más altos de desocupación contribuyen a la alienación de los trabajadores.

No hay conciencia. Acá hay muchos barcos que los mantienen, pero los fierros se rompen y el tema es cómo se rompen, dónde se rompen y cómo los arreglan. Ponele que se haya quedado sin máquina con esa marejada no sé, nunca me pasó, pero estarías a la merced del mar”, comentó volviendo una y otra vez a buscarle explicaciones al naufragio.

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“Es una carrera. Camarones es un puerto donde entran tres barcos, hay que ver quién llega primero para descargar y salir de nuevo, te corre el tiempo, uno trata de competir todo el tiempo. Lamentablemente para los chicos fue una mala jugada. Yo no le encontré explicación a por qué no llegaron. Me imaginé estando con ellos ahí adentro en el rancho, el griterío, la oscuridad. Sueño con eso. No sé si se habrán quedado sin luz, sin el gobierno. No mostraron nada del barco, entonces hay cosas que todavía me pregunto”.

El 5 de junio de 2018, el Rigel partió del Puerto de Mar del Plata. Había sido botado hacía 50 años y había pasado recientemente a la tutela de la empresa Pesca Nueva SA. El 9 de junio naufragó frente a la costa de Rawson y finalmente el pesquero fue localizado tras 23 días de búsqueda. De sus tripulantes, solo apareció el cuerpo del capitán y uno de los dueños del buque, Salvador Taliercio, mientras que Nahuel Navarrete, Rodrigo Sanita, Néstor Rodríguez, Cristian Osorio, Rodrigo Blanco, Jonatan Amadeo, Carlos Rodríguez y Pedro Mierez permanecen desparecidos. La lucha de las familias, a un año del hundimiento y al margen de la problemática en torno a la situación del Puerto y las delicadas condiciones económicas en las que quedaron, sigue teniendo un objetivo: recuperar los cuerpos de sus seres queridos para poder llorarlos en paz.

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