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07/08/2016

Salir de la calle a los 70: “Volví a nacer y aprendí a decir no”

Oscar vivía en la calle con una fuerte adicción al alcohol, “lo peor, aparte del frío y la soledad”. Su realidad cambió gracias a “un ángel guardián” de la Noche de La Caridad, a quienes hoy ayuda para “devolver algo de lo mucho que hicieron por mí”.

Salir de la calle a los 70: “Volví a nacer y aprendí a decir no”
(Fotos: QUÉ Digital)

En la sana clandestinidad de lo solidario, donde hombres y mujeres ayudan sin pedir nada a cambio, un “ángel guardián” de La Noche de la Caridad sacó de la calle a Oscar, un hombre de 70 años que vivió un largo tiempo en la extrema marginalidad de las calles de Mar del Plata y que hoy, después de haber salido de la indigencia, ayuda a revertir la realidad de otros que continúan en la misma situación.

La emoción al recordar los años sesgados por la adicción al alcohol, el impacto del frío y una “triste” soledad lo invade una y otra vez en su relato. Duda si debe contar su historia o no. Está cansado de que lo prejuzguen y lo acusen con la mirada por ser “de la calle”. Pero accede a hablar “solo para ayudar a otros” que aún viven en la calle y dar el ejemplo de que “se puede salir, aunque cuesta”.

A sus 70 años y después de haber dormido hasta después de los 65 -entre otros lugares- en Plaza Rocha, Oscar pudo tramitar su jubilación y hoy duerme en una pensión. Pero no le alcanza. Siente la necesidad de “devolver algo de lo mucho que le dieron” y por eso ayuda con lo que puede al grupo de voluntarios de la parroquia San Francisco de Asís (una de las 12 que componen la Noche de la Caridad), que sale a repartir viandas para quienes están en situación de calle.

A los 14 años lo echaron de su casa. Trabajó en Necochea como lustrabotas y vendedor de diarios durante su adolescencia, pero como no compartía el dinero con su padre, fue expulsado de su hogar.

“Para entonces ya tomaba. Al patrón le tomábamos la ginebra, el vino”, reconoce pero luego admite que “la adicción se fue agravando” y ya de grande, al quedar en la calle luego de perder una panadería que con sacrificio había puesto, “no podía parar de tomar”.

Yo siento que volví a nacer y aprendí a decir que no -asumió conmovido-, a decir hoy no quiero tomar más. La calle es muy jodida, pero aparte del frío, de estar solo, de que te roben, te peguen o te miren como si fueras una basura, lo peor de todo es el alcohol”.

La adicción al alcohol, que por cierto compartía con otras personas en Plaza Rocha y otras “paradas” en Mar del Plata, le produjo no uno sino dos ACV y lo llevó a consumir literalmente de todo. “Llegué a tomar alcohol en gel, nafta con hielo, alcohol puro, lo que fuera. No quería comer, quería chupar. Era horrible, pero no me importaba nada más”, admitió.

 UN ÁNGEL GUARDIÁN LLAMADO ANDREA 

Oscar no puede dejar de repetir el nombre de ella, a quien define como su “ángel guardián”. Habla de Andrea, una de las voluntarias de La Noche de la Caridad.

“Yo le debo todo a ella”, dice y vuelve a emocionarse. “A mí me hace bien venir a La Noche de la Caridad, ayudo en lo que puedo para devolver algo de lo mucho que me dieron y le debo la vida a Andrea”, agrega mientras los voluntarios preparan la comida para la recorrida de esa noche.

SITUACION DE CALLE ALCOHOLISMO  HISTORIAS DE VIDA (2)

Andrea prefiere no hacer declaraciones, aunque su corazón solidario la haya llevado a ayudar no solo a decenas de personas en Mar del Plata, sino también de otros puntos de la Argentina. Sin embargo, el abrazo y la sonrisa que comparte con Oscar, todo lo expresa en silencio.

“No quiero volver a la calle. Tengo a una hija en Necochea, hablo con ella y hoy estoy bien dentro de todo. No tomo más porque no quiero volver para atrás, duermo en una pensión y no me puedo quejar porque no me sobra pero tampoco me falta. Yo no estaría acá si no fuera por Andrea”, insiste al continuar su relato.

 “SE PUEDE SALIR DE LA CALLE, PERO SOLO ES MUY DIFÍCIL” 

Su escuela fue la calle. Tiene la mirada urbana y la picardía de aquel que la conoce por experiencia propia. Y en base a ese conocimiento, se pone a él mismo como ejemplo de que “se puede salir de la calle”, pero advierte y subraya que -debido a múltiples factores, no solo las adicciones- “es muy difícil salir solo”.

Hoy, lejos del frío de la Plaza Rocha y cerca del calor de Andrea, ayuda a preparar las viandas que distribuye La Noche de la Caridad en Mar del Plata. Y cuando se encuentra con alguien que vive en la calle le habla en base a su experiencia.

SITUACION DE CALLE ALCOHOLISMO  HISTORIAS DE VIDA (3)

“Yo le digo a los pibes: no tomés, no te drogués, tenés toda la vida por delante, pero te mandan a la miércoles. Yo cuando estaba en la misma y alguien me lo decía, reaccionaba igual”, cuenta y finalmente, con los ojos cargados de lágrimas y la vista puesta en su “ángel guardián”, observa el movimiento de los voluntarios que se sacrifican en la clandestinidad de lo solidario para salir otra noche y dice que “todo esto no tendría que existir”, aunque se corrige rápido, baja la mirada y admite: “A la vez por suerte sí existe y estoy orgulloso de lo que hacen, porque si no lo hicieran yo no estaría acá”.

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