Subzona 15: la fuerza de una familia para convertir el dolor en lucha

María Victoria Rizzo perdió a sus padres, María de las Mercedes González y Héctor Rizzo, cuando tenía dos años y hoy siguen desaparecidos. Relatos de miedo, incertidumbre y esperanzas frustradas en la continuidad del juicio.

28/04/2019
Subzona 15: la fuerza de una familia para convertir el dolor en lucha
(Fotos: archivo / QUÉ Digital)

El 22 de octubre de 1977, cuando María Victoria Rizzo tenía dos años su mamá María de las Mercedes González fue secuestrada en el negocio que tenía en Mar del Plata, mientras ella estaba en Azul adonde la habían llevado para estar unos días con su familia paterna. Su papá, Héctor Rizzo, a principios de ese mismo año había corrido la misma suerte y murió en circunstancias aún poco claras. Ambos hoy permanecen desaparecidos y su hija declaró por el caso de su mamá, que está incorporado en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo desde el año pasado en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata.

“El dolor en mí se transformó en lucha”, expresó y contó lo que pudo reconstruir con el paso de los años, desde el día en que se llevaron secuestrada a su mamá en un Falcon hasta el día en que alguien se presentó en lo de su abuela a decir que tenía información del paradero de María de las Mercedes y a entregar algunos escritos y artesanías presuntamente hechos para ella.

María de la Mercedes González -oficial de Montoneros- fue secuestrada por militares en su domicilio de Tucumán al 2649 -donde vivía y tenía una panadería- el 22 de octubre de 1977, y estuvo alojada en el centro clandestino de detención que funcionó en la Base Naval, donde fue objeto de toda clase de tormentos. Actualmente permanece desaparecida.

Sobre ese caso fueron convocados en calidad de testigos en el juicio -que tiene a 43 imputados por delitos cometidos en la Subzona 15 (ámbito jurisdiccional, compuesto por las áreas 15.1 y 15.2) y dentro de los centros clandestinos de detención conocidos como “La Cueva” y Base Naval- su hija María Victoria, su cuñada Mirta Rizzo, y su expareja al momento de ser detenida, Bernardo Flurin. Pero todos hicieron referencia además a su marido, Héctor Rizzo -también integrante de Montoneros- que murió en enero de 1977 en circunstancias aún poco claras -se habla de posibles enfrentamientos y accidentes- y permanece en calidad de desaparecido.

María Victoria Rizzo tenía dos años y tres meses cuando su mamá desapareció el 22 de octubre de 1977. Y expuso vía teleconferencia en el juicio, ante preguntas de los fiscales Eugenia Montero y Nicolás Czizik, todo aquello que pudo reconstruir en base al testimonio de su familia y a algunos objetos que aún conserva.

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María de la Mercedes González y Héctor Rizzo se habían conocido en La Plata, de donde ella era oriunda y donde él había ido a estudiar veterinaria desde su Azul natal, y se habían casado. Ambos formaban parte de Montoneros y en diciembre de 1976 se habían mudado con su hija María Victoria a Mar del Plata.

Aquel 22 de octubre María Victoria había sido llevada por su abuela materna de visita a Azul, a la casa de su familia paterna, con quien su mamá había forjado una buena relación, aún después de la muerte de Héctor.

De acuerdo al relato de María Victoria en el juicio, en el mediodía del 22 de octubre de 1977 una compañera de María de las Mercedes llamó a su abuela materna -que por entonces tenía 76 años- para contarle que a su hija se la habían llevado dos personas de su domicilio en un Falcon. “A partir de ese momento no tuve más contacto con ella”, lamentó María Victoria.

En su relato, luego de recordar que su papá murió en enero de 1977 en circunstancias que “nunca se supieron” y de remarcar que permanece desaparecido, contó que pasado más de un año del secuestro de su madre un hombre llegó a la casa de su abuela paterna en Azul, donde ella había quedado a cargo, a decir que tenía información de María de las Mercedes González.

“Acude un hombre a la casa de mi abuela diciendo que venía de parte de mi mamá, que era militar, que estaba en la Base Naval de Mar del Plata. Que en un par de meses iba a ser trasladada”, relató en base a lo que pudo reconstruir con el paso del tiempo en torno a lo contado por sus familiares que estaban en aquel momento con ella. “Me trajo unos poemas y un colgante que había hecho para mí”, recordó María Victoria y señaló que ese fue el único indicio que tuvieron de que su mamá seguía con vida y de que estaba, aparentemente, en la Base Naval.

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Las circunstancias de aquella visita fueron profundizadas un tanto por la cuñada de María de las Mercedes, que también expuso ante los jueces Roberto Falcone, Mario Portella y Alfredo Ruíz Paz. “Teníamos la esperanza, la ilusión de que volviera”, rememoró Mirta Rizzo luego de señalar que antes de la llegada de este hombre a la casa -donde ella también vivía con sus hijos- habían existido dos comentarios respecto a supuestas personas que habían visto a María de las Mercedes: una en un colectivo en Mar del Plata con alguien más y otra en La Plata mientras caminaba con un hombre que iba detrás de ella.

“El hombre dijo que venía a traer noticias de María de las Mercedes“, hizo memoria Mirta Rizzo al profundizar sobre cómo se había dado aquella misteriosa visita de un hombre, que la mujer no pudo confirmar según sus recuerdo que fuera militar, aunque esa es la impresión que tuvo en aquel entonces.

“Lo hicimos entrar, nos sentamos. Dijo que era tucumano, que tenía dos hijos grandes y que venía para traernos noticias de ella y a llevarle noticias de su hija, que no sabía si iba a llegar a tiempo porque la iban a trasladar”, relató la mujer e incluso contó que en un momento el hombre insistió en quedarse reunido a solas con su mamá, es decir con la suegra de María de las Mercedes. “En ese momento me dio pánico de que se la lleven”, rememoró y dijo recordar que ahí fue cuando el hombre le dio a su mamá algunas artesanías y una foto de ella y una carta.

“Después pasó a la cocina y nos dijo que la foto y la carta la iba a quemar y la quemó”, fueron algunas otras imágenes de aquel episodio que se le vinieron al recuerdo a Mirta Rizzo y sumó que el hombre también revisó y recorrió buena parte de la casa, que le sacó una foto a María Victoria y que les dijo “que él cualquier cosa nos iba a traer noticias, que nos iba a tener informadas“.

Pero la familia Rizzo -con quien creció María Victoria- nunca más vio al hombre y nunca más supo ni tuvo comentarios acerca del destino de María de las Mercedes.

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“Me siento muy orgullosa de mis padres, por el ejemplo de vida”, expresó María Victoria del cerrar su declaración desde Azul y le agradeció a la Justicia y a los organismos de derechos humanos el poder dar su testimonio en el caso del secuestro y desaparición de su madre.

“Traté siempre de seguir su huella, de ser una persona comprometida y solidaria con el otro. Y le inculqué a mi hijos los mismos valores. Nunca los olvidamos”, expresó y remarcó la carga “muy dura” que significó en su niñez tener a sus dos padres desaparecidos. “Pero el dolor en mí se transformó en lucha”, cerró.

EL TEMOR DEL PREFECTO

Bernardo Flurin hacia 1977 formaba parte de Prefectura Mar del Plata y era la pareja de María de las Mercedes González, con quien había iniciado una relación tras la muerte de Rizzo. En el debate contó que al momento de la desaparición de la mujer, ambos estaban conviviendo y contó que ella le había explicado que su marido había muerto en un tiroteo.

Según contó, previo al secuestro, el local en el que María de las Mercedes vendía pan y galletitas había sido allanado varias veces. “Yo llegué del trabajo un día y no estaba, estaba cerrado”, comenzó el relato y apuntó que luego de que los vecinos le dijeran que se la habían llevado dos personas, fue a la comisaría a hacer la denuncia, sin mayores respuestas.

Entonces, relató que durante algunos días atendió él mismo la panadería a la espera de que María de las Mercedes volviera. Pero eso nunca ocurrió y el miedo a medida que pasaban los días fue creciendo y hasta llegó a sentir que podían secuestrarlo a él, luego de una secuencia un tanto extraña en una parada de colectivos.

“A partir de ahí ya no volví, me quedé alojado adentro de Prefectura porque tenía temor“, afirmó y expuso haber denunciado toda la situación ante el jefe de investigaciones de la fuerza, algo que no lo ayudó en nada.

“Me hicieron un informe, al final salí perjudicado porque a los dos o tres meses fui trasladado a Bariloche. Y cada tanto me llamaban para saber si había tenido contacto con ella”, sostuvo y luego recordó que antes de la desaparición, María de las Mercedes “se sentía muy perseguida” y estaba “atemorizada por la militancia -en Montoneros- que había tenido”.

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