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02/04/2022

Terrorismo de Estado y Malvinas: una iniciativa contra el “pacto de silencio”

La Comisión por la Memoria mantiene su campaña “Yo también hablo” para la denuncia de torturas sufridas por excombatientes. La causa judicial, en la Corte Suprema.

Terrorismo de Estado y Malvinas: una iniciativa contra el “pacto de silencio”
(Foto: prensa CPM)

“Al volver nos llevaron a la ESMA, allí nos hicieron firmar un pacto de silencio, nos decían que no debíamos comentar a nadie lo que había pasado en la guerra o íbamos a ser sometidos a un consejo de guerra”. La frase pertenece a la declaración prestada por un excombatiente de Malvinas en el marco del impulso de una investigación por las torturas y tormentos recibidas por parte de sus superiores durante el conflicto bélico. Y a 40 años de la guerra desde la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) difundieron parte de esos testimonios para potenciar la campaña “Yo también hablo”,  iniciada el año pasado, en busca de testimonios de quienes también lo hayan sufrido y aún no lo hayan podido contar.

Es que, mientras tanto, la causa judicial que investiga las torturas en Malvinas que empezó en 2007 espera una definición de la Corte Suprema de Justicia después de que el año pasado la Cámara de Casación Penal negara que se trate de crímenes de lesa humanidad. En esa investigación unas 180 personas declararon como víctimas o testigos de las torturas perpetradas por altos rangos a subordinados, unos 130 militares fueron acusados y por ahora tres se encuentran procesados.

Un día decido ir a buscar comida y me escapo al pueblo. Consigo la comida entre la basura. Cambié el reloj que tenía y me dieron panceta, latas… Cuando llego a mi posición, me estaban esperando el subteniente, el sargento y el cabo, estaban haciendo la revista de equipo a toda la compañía. Por cualquier cosa le decían al resto que era por culpa mía y los castigaban. Por ejemplo, los metieron al lago congelado, ‘hoy no comen’, ‘hoy vuelven a hacer guardia doble’, y muchas cosas más. Ahí mismo, cuando me ven venir, el subteniente, el sargento y el cabo me agarran y me meten la yerba que traía toda en la boca, para ahogarme.
Me llevan a la posición del subteniente donde veo que tiene toda la comida que traía. Me hacen tirarla, la mezclan con mierda humana y me hacen comerla, comenzando a pegarme. Me deforman la cara de los golpes: me golpean con el fusil FAL en una de las costillas, me quiebran tres costillas y la clavícula y casi pierdo el ojo derecho. Me hacen caminar por la zona minada ida y vuelta dos veces; me mandan a pegar por la tropa.

La CPM, que el año pasado lanzó la campaña junto con el Centro de ex Combatientes Islas Malvinas (Cecim) La Plata, remarca que pensar la guerra de Malvinas en el marco de la dictadura implica “desarticular construcciones discursivas que eluden diferenciar a los protagonistas de la conflagración”. Y así enfatiza que “los mismos oficiales que llevaron adelante el Terrorismo de Estado condujeron la guerra y disciplinaron a los soldados con las mismas metodologías del horror, torturas físicas y psíquicas, malos tratos y vejámenes”.

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Estaqueamientos bajo el frío, la lluvia e incluso durante bombardeos, inmersión en pozos de agua helada, enterramientos del cuerpo dejando solo la cabeza afuera, simulacros de fusilamiento, castigo físico, presión psicológica y muertes por frío o hambre fueron parte de los medios utilizados por los militares para conducir las tropas, según describe la CPM en base a la desclasificación de archivos de las fuerzas armadas.

Cuando llego a Puerto Argentino pesaba alrededor de 60 kilos y cuando nos fuimos de Malvinas pesaba, con los cuatro cargadores que tenía encima, ropa y botas, alrededor de 36 kilos. Durante todo el período de la guerra sufrí mucho el frío y principalmente hambre. Fui maltratado, vejado, torturado y estaqueado durante la guerra de Malvinas y los días posteriores, que fueron cometidos por un cabo del Ejército, quien era el jefe de grupo de la primera línea

La causa que investiga las torturas se inició en 2007 en el Juzgado Federal de Río Grande, Tierra del Fuego. Y está paralizada desde mayo de 2021 -a la espera de una definición de la Corte Suprema de Justicia- luego de que la sala uno de la Cámara de Casación determinara por mayoría -con votos de los jueces Daniel Petrone y Diego Barroetaveña- que los hechos no eran delitos de lesa humanidad y que, por ende, estarían prescriptos.

Mientras tanto, el Ministerio Público Fiscal sigue impulsando la acción y recientemente presentó una ampliación de requerimiento en la causa al sumar a los hechos investigados 22 casos de imposición de tormentos -por los que imputó a 18 oficiales y suboficiales del Ejército- y 2 de abuso deshonesto -imputados a otro suboficial-. La ampliación incorpora delitos sexuales y destaca hechos de antisemitismo, y parte de un nuevo análisis que hicieron los investigadores sobre las pruebas que se incorporaron a partir de desclasificación de todos los archivos de las fuerzas armadas relativos a Malvinas.

Varios soldados entre seis y ocho fuimos castigados. Tal castigo consistió en que fuimos enterrados en los pozos que los soldados habíamos construido para protegernos del fuego enemigo. Fuimos enterrados parados hasta el nivel del cuello, sólo con el uniforme, con los borceguíes puestos, sin ropa de abrigo y sin casco. Permanecimos enterrados, tal como los otros soldados, el lapso de ocho horas aproximadamente, desde las 10 u 11 de la mañana. Nevaba levemente en ese tiempo. Mientras el tiempo que estuvimos enterrados, fuego enemigo cayó en las inmediaciones, a 300 metros de la posición.

Desde la CPM remarcan que a lo largo de toda la causa alrededor de 180 personas declararon como víctimas o testigos de las torturas y puntualizaron que hay 130 militares argentinos acusados, tres de ellos procesados y otros 20 con llamados a indagatoria.

Conocí el estaqueamiento que sufrieron dos compañeros. Le llamaban ‘el calabozo de campaña’. No recuerdo el día que fuimos estaqueados, fue al mediodía hasta la tarde. Ese estaqueamiento fue realizado a ocho soldados, aproximadamente; todos pertenecíamos a la guardia saliente. Dicha maniobra consistía en clavar estacas en el suelo y nos ponían boca arriba; nos hacían abrir los brazos hasta el máximo, es decir, formando una T con respecto al cuerpo y las piernas separadas, todos atadas con piola. De allí, nos ponían, a unos diez centímetros del cuerpo, el poncho plástico y con la nevada y el frío que reinaba, te congelaba todo el cuerpo. El motivo fue cuando un soldado robó del depósito una oveja carneada y durante la guardia la comimos entre todos, por el hambre que teníamos. Eso motivó la pena que nos dieron. Nos raparon la cabeza, nos sacaron el casquete de abrigo y el casco, para tener mayor sufrimiento del frío

En este contexto, desde el organismo provincial sostienen que a 40 años de la guerra cientos de excombatientes que fueron víctimas de la violencia represiva “esperan que la Justicia reconozca tales hechos como lo que fueron: delitos de lesa humanidad”. 

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Y plantean que la guerra “alejó a Argentina del reclamo histórico de soberanía por la vía del diálogo y produjo la muerte de 634 jóvenes y el padecimiento de miles que fueron movilizados al combate sufriendo hambre, frío, la violencia propia del conflicto bélico y las torturas perpetradas contra ellos por los oficiales al mando”.

Entonces, señalan que “ciertas memorias de la guerra la reivindican como una gesta heroica como modo encubierto de legitimar la dictadura” y advierten que “esas memorias consideran héroes a todos los que participaron en ella, incluyendo a los oficiales que actuaron directamente en la represión y que incluso han sido condenados por violaciones a los derechos humanos”.

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