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11/03/2021

Una radiografía del acceso a la alimentación en barrios populares de Mar del Plata

El Isepci presentó la conclusiones de un trabajo realizado durante la pandemia en casi 500 hogares. Altos niveles de indigencia, deficiencias nutricionales y necesidades básicas insatisfechas.

Una radiografía del acceso a la alimentación en barrios populares de Mar del Plata
(Fotos: Qué digital)

Desde septiembre del año pasado el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci) desarrolló en distintos barrios populares de Mar del Plata un relevamiento territorial parA conocer y poder analizar los patrones alimentarios y las posibilidades de compra de alimentos de familias en situación de vulnerabilidad durante la pandemia del coronavirus, y en las últimas horas fueron presentados los primeros resultados obtenidos que dan cuenta, en un universo de 490 hogares relevados, de altos niveles de indigencia, deficiencias nutricionales y necesidades básicas insatisfechas.

El trabajo territorial, llevado adelante por el Isepci en conjunto con el área de salud colectiva de Barrios de Pie, dio paso a la construcción del “Indicador Familiar de Acceso a la Alimentación” (IFAL), una iniciativa implementada desde el “Observatorio de Lucha Contra el Hambre” -en el  marco del programa “Argentina Contra el Hambre” convocado por el gobierno nacional- con el objetivo de monitorear el impacto de las políticas públicas destinadas a la temática.

Para realizar ese monitoreo del impacto de las políticas públicas se seleccionaron en todo el país -donde se relevaron 38.302 hogares con niñas y niños de 0 a 18 años- un 50% de familias que perciben la Tarjeta Alimentar y un 50% que no.

En Mar del Plata uno de los primeros datos que surgen de las conclusiones es que los ingresos declarados por los encuestados colocan, como mínimo, a dos terceras partes de los hogares relevados en condiciones de indigencia ya que obtenían al momento de la realización del trabajo menos de $20 mil mensuales para su manutención, y teniendo en cuenta que en los meses en los que se hizo la encuesta el valor de la Canasta Básica de Alimentos (CAB) para una familia tipo estaba en el orden de los $20 mil por mes.

En ese sentido, el trabajo detalló que el 23% de los encuestados dijo percibir hasta $10 mil y un 39% entre $10 mil y 20 mil.

En torno al impacto directo de la pandemia, el 61% los hogares recorridos vieron reducidos sus ingresos desde el comienzo de la cuarentena y un 34% declaró no haber sufrido variación, en tanto que para un 5% se incrementó. En el momento de la medición, en el 32% de los hogares ninguno de sus integrantes tenía trabajo y en el 55% trabajaba una sola persona.

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Pero además, uno de los datos de mayor impacto es que del 68% de personas que declararon tener trabajo en ese momento la mayoría reveló que lo hacía en condiciones de alta informalidad. Asimismo, del trabajo se desprende que en un 56% de estos hogares no había ningún integrante con a un programa de empleo por parte del Estado.

LA ALIMENTACIÓN Y EL IMPACTO DE LA TARJETA ALIMENTAR

En ese contexto social en el que se realizó el relevamiento, el trabajo se centró en analizar el impacto generado por la entrega de la “Tarjeta Alimentar” y una de las primeras conclusiones que presenta el estudio es que las familias que la poseen “han logrado una mejora en las condiciones de acceso a su alimentación” aunque repara en que las carencias y dificultades “continúan afectando a la totalidad de los segmentos pobres”.

Así, detalla que el 83% de los hogares de los encuestados que reciben la Tarjeta Alimentar declararon que con ese recurso cubren sólo hasta dos semanas de sus necesidades de alimentación.

Y en torno a los aportes nutricionales, el trabajo plantea que en el marco de la crisis generada por la pandemia la mayoría de los hogares tuvo que reducir consumos de carnes, frutas, verduras y lácteos. “Esta situación se registró con mayor intensidad entre los que no reciben la Tarjeta Alimentar”, destaca el informe.

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Entre los beneficiarios de la Tarjeta Alimentar el trabajo identificó un 48% que compró más alimentos que antes de recibirla, un 30% que compró igual cantidad y un 22% compró menos. También puntualiza que a un 20% la Tarjeta le permitió adquirir alimentos de mejor calidad, en tanto que un 47% sostuvo la misma calidad y un 33% no pudo evitar que los alimentos adquiridos fuera de menor calidad.

Entre quienes no reciben la Tarjeta Alimentar y fueron relevados se detectó que solo un 7% compró más alimentos que antes, un 21% compró igual cantidad y un 72% compró menos. En cuanto a la calidad de los alimentos adquiridos en un 63% de los casos los alimentos bajaron de calidad, en un 36% la mantuvieron y solo en 1% la mejoraron.

En sintonía con un trabajo realizado años atrás por el Isepsi que se ocupaba de analizar y desarrollar un Indicador Barrial de Situación Nutricional, este trabajo analizó que solamente el 15% de las y los niños encuestados con Tarjeta Alimentar y el 10% sin el beneficio “cumplen con la ingesta necesaria de lácteos recomendadas para una alimentación saludable, de tres porciones al día”.

También el trabajo repara en que en el 98% de los hogares el consumo de verduras no sobrepasa las 2 porciones diarias y en el 30% de ellos no se consumen verduras diariamente. En el caso del consumo de frutas en el 90% de los hogares no se alcanza a cubrir las necesidades nutritivas y en 3 de cada 10 de esos hogares no se registra ningún consumo de frutas en niñas y niños.

Otra de las conclusiones nutricionales da cuenta que “si se considera la frecuencia en el consumo combinado de huevos, pollo y carnes rojas (de vaca o de cerdo) en la ingesta semanal, en los hogares entrevistados se alcanzarían los valores recomendados para una adecuada cobertura proteica; sin embargo las partes del pollo y los cortes de carne consumidos son preferentemente los económicos como alitas, menudencias, pollo entero y carne picada, los cuales contienen un alto porcentaje de grasas saturadas, por lo cual sería recomendable restringir su consumo”.

En este marco, el trabajo concluye que la Tarjeta Alimentar significó una ayuda “muy importante” para paliar la emergencia alimentaria agravada por la pandemia, pero advierte que es “insuficiente para cubrir el total de las necesidades alimentarias de millones de hogares que sufren de inseguridad alimentaria severa”.

Asimismo, alerta que las condiciones socioambientales y económicas de todos los hogares encuestados son muy similares con “necesidades básicas insatisfechas que alcanzan a todos por igual”.

Al presentar los resultados del trabajo el director del Isepci en Mar del Plata, Rodrigo Blanco, planteó que los indicadores recogidos “contienen datos no conocidos hasta ahora –o por lo menos no conocidos en todo su alcance y magnitud- que deben convertirse en herramientas indispensables para abordar soluciones de corto y largo plazo para las familias afectadas”.

Y destacó el hecho de que los indicadores sean construidos “desde la comunidad, fundamentalmente desde el aporte de las organizaciones sociales, porque así se potencian y se abren espacios de discusión y formación dentro de los sectores populares acerca de derechos humanos básicos a la salud y la alimentación, lo cual permite a la población apropiarse de saberes generalmente restringidos a la academia y de ser protagonistas en la construcción de propuestas que permitan transformar la realidad en la que habitan”.

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