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10/08/2022

Unas 120 personas por día y de 32 barrios viven de lo que encuentran en el basural

Así lo confirmaron trabajadores municipales como parte de la recorrida por el predio de disposición final. La cara que se repite: personas que trabajan e incluso duermen entre la basura. 

(Video y fotos: Lucho Gargiulo / Qué digital)

Un promedio de 120 personas de 32 barrios son las que a diario siguen concurriendo al denominado “playón social” del predio de disposición final de residuos de Mar del Plata en búsqueda de un sustento. De ellas, unas 20 pasan la noche en casillas montadas en el lugar para que “no les quiten” lo recuperado o sacar lo más posible. Se trata de una realidad que, a pesar de los años y los cambios, se reitera. Es, sin más, una cuestión social que sigue sin estar en el eje inmediato de la gestión del espacio.

El “playón social” es ese espacio del predio de disposición final de residuos de Mar del Plata en el que los camiones realizan descargas para quienes habitualmente concurren el basural para obtener principalmente un ingreso económico a través de la recuperación de residuos sólidos.

Desde las alturas y a una importante distancia lo observaron este miércoles las y los concejales de la comisión de Ambiente del Concejo Deliberante en la recorrida organizada por el Ente Municipal de Servicios Urbanos (Emsur) como parte del tratamiento del pliego del servicio que prestan las empresas que operan en el lugar.

A diferencia de otros años, la actividad de las y los recuperadores informales está “más organizada”, claramente delimitada a un espacio e incluso en vías a obtener a un registro de las personas que concurren. Incluso, las oficinas de los trabajadores sociales de la Municipalidad están allí, a metros del playón central y las casillas.

Sin embargo, la imagen se repite: corridas cuando llega un camión para anticiparse a los demás y obtener un mayor rédito económico de una actividad de recuperación de residuos que aporta aquel ingreso que no encontraron dentro del empleo privado y formal.

El “playón social” es uno de los actores que interviene en la “reducción de volumen” de las 1.200 toneladas diarias de residuos que llegan al módulo de relleno sanitario, más allá de lo que es enviado a la Cooperativa CURA -que opera desde 2012 fuera del predio- o de los proyectos de compostaje. En el playón, lejos de la formalidad que buscó impulsar años atrás el Estado municipal a través de CURA, al menos unas 120 personas en promedio son las que concurren desde distintos puntos del distrito para revolver las bolsas de basura.

Esta es una situación que se sostiene hace años a pesar de que la Ordenanza 22.395 de 2015 establece con fondos recaudados en la tasa Girsu que se abona con las facturas de Obras Sanitarias la creación de un Programa Social en el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos, el cual es foco de reiterados reclamos en lo que hace a su utilización.

Pero las personas que recurren a la basura están. Allí, sin una prensa -como sí tienen, por ejemplo, en la planta de la Cooperativa CURA- y sin balanzas -lo que lleva a la ausencia de estadísticas sobre lo recuperado- las personas que llegan allí recuperan distintos elementos sólidos y los venden a compradores.

Desde el equipo social de la Municipalidad -que tiene sus oficinas en el playón y trata de abordar la situación de las y los recuperadores- afirman que las personas que llegan “son libres de recuperar” lo que sea y detallan que generalmente son grupos “separados”, y que llegan desde 32 barrios del distrito. Asimismo, si bien estiman que concurren 120 personas diarias, afirman que en verano, cuando la cantidad de residuos aumenta, llegaron a contabilizar un pico de 180 recuperadores informales por día.

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De todos modos, relatan que el universo de personas que alguna vez recurrió al playón puede llegar a las 700, pero que es un número inestable por tratarse de una posibilidad de ingresos latente, sobre todo cuando afuera del predio las posibilidades laborales disminuyen o son de altos niveles de precariedad.

Según cálculos de los trabajadores sociales, quienes revuelven la basura pueden llegar a recaudar unos 4 mil pesos por jornada de trabajo, y si bien lo principal es aquello que tiene valor de mercado (como plásticos -sobre todo botellas transparentes y de color-, cartones o vidrio), afirman que también hay quienes recolectan mochilas, ropa, guardapolvos o zapatillas.

Por otro lado, más allá de que el playón está “abierto” a quienes concurran a buscar elemento de valor, sí anticiparon que están trabajando en un sistema de credenciales con fotografías para “ordenar” el ingreso y evitar así conflictos que, aseguran, suelen suceder entre los recuperadores. Servirá, además, para mantener un censo mucho más certero sobre el grupo poblacional que concurre al playón y sus necesidades.

Al costado del playón, no obstante, se observan una serie de casillas de personas que, según los trabajadores sociales de la Municipalidad, no viven allí: afirman que hay quienes pernoctan no más de dos noches para “cuidar” lo que recuperan, para recolectar lo máximo posible antes de volver a sus casas o bien para ahorrarse el costo del “flete” para llevarse las cosas de allí. “Unas 20 personas en promedio pasan la noche o unas 40 en verano”, grafican los trabajadores.

Frente a la existencia del playón y de las personas que allí concurren, en diálogo con Qué digital, Sebastián D’Andrea manifestó que la visión del Emsur es tratar de “asimilarlo a un esquema productivo que es quizás lo que hoy tiene más desarrollado la cooperativa CURA”, y manifestó la intención de “dotarlo de infraestructura que permita la clasificación y separación de los residuos que tienen un valor agregado y que tienen la posibilidad de no disponerse, con condiciones de trabajo”, dijo, remarcando la importancia de la actividad para que parte de los residuos sólidos no pasen a ocupar espacio en el módulo de relleno sanitario.

Sin embargo, tras casi tres años de gestión municipal ese “esquema productivo” no parece tener ningún avance concreto ya que a diez años de la inauguración del predio y tras las  promesas, la crítica situación social no deja de reiterarse: cientos de personas colgadas de un camión y envueltas en los desechos de toda una ciudad para lograr subsistir.

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