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11/04/2021

Vivienda digna: una toma en Don Emilio, 63 familias y un antecedente de lucha

Familias del barrio tomaron un terreno ubicado en Hernandarias al 10.200 y comenzaron a levantar precarias casillas. Una promesa de 30 casas incumplida y el desempleo, como detonantes.

Vivienda digna: una toma en Don Emilio, 63 familias y un antecedente de lucha
(Fotos: Qué digital)
Joaquín Lledó

Autor: Joaquín Lledó

[email protected] @joaquinlledo

Susana está convencida de que “la lucha se gana con resistencia“. Y lo sostiene a fuerza de la experiencia: desde 2012, nucleados en el movimiento “Madres y padres en lucha por una vivienda digna”, pelearon por obtener un techo propio y así, entre 2014 y 2015, recibieron 59 casas: 17 en El Martillo y 42 en Don Emilio. Justamente en este último barrio el miércoles empezaron una nueva toma. Es que sostienen que en 2019 les prometieron unos 30 terrenos para otras vecinas y vecinos, muchos de ellos hijos de quienes años atrás lograron acceder a una casa propia. Pero -cuentan- aquella promesa nunca se cumplió y la crisis derivada de la pandemia hizo que muchos ya no puedan pagar un alquiler. Entonces, retomaron la lucha que tanto resultado les dio e iniciaron la toma de un terreno municipal ubicado entre los dos edificios con los que hoy cuenta el Departamento de Zoonosis, en Hernandarias al 10.200.

Desde el miércoles, 63 familias comenzaron a armar las casillas en el terreno tomado, ubicado justo frente de las 42 casas que recibieron entre 2014 y 2015 en el límite entre los barrios Don Emilio y Las Américas. Muchas de esas familias están integradas por hijos e hijas de quienes en su momento recibieron sus viviendas y que saben la lucha que les implicó: protestas, acampes frente a la Municipalidad y una toma del Centro Integrador Comunitario (CIC) de El Martillo en 2013.

Susana formó parte de aquella lucha y es una de las vecinas que hoy tiene su casa en Don Emilio. “Por esas peleamos en su momento”, dice la mujer y señala las 42 viviendas construidas y entregadas años atrás a familias sin un techo propio. “Ya va a hacer siete años que estoy en mi casa”, destaca.

La mujer encabeza el movimiento “Madres y padres en lucha por una vivienda digna” y repara en que muchas de las 63 familias que esta semana iniciaron la toma de los terrenos y levantaron sus precarias casillas -que este sábado intentaban fortalecer ante el anuncio de la lluvia y fuerte viento- son hijas e hijos de las familias que formaron parte de la “lucha” inicial.

“La policía vino, estuvo dos días acá y ya se fue porque sabe que somos de acá, no es que viene otra gente de otro lado”, relata y cuenta que durante el primer día la policía identificó a todos los integrantes de la toma. Previamente, dice Susana, ellos mismos habían elaborado un censo con cada integrante de las distintas familias que se instalaron en los terrenos y que, sostiene, podrían contener perfectamente la construcción de las 63 viviendas necesarias.

“En su momento se hizo este plan de viviendas a nivel nacional. Se empezó el reclamo acá, tuvimos que viajar y lo hicimos a través de lucha, que de hecho la lucha no fue tan larga”, recuerda.

Hoy la situación afecta a 63 familias que no tienen un techo propio, muchas de ellas con numerosos hijos y sin la posibilidad de llegar a pagar un alquiler. “La mayoría de la gente quedó sin trabajo por la pandemia. ¿Por qué pensás que no pueden pagar un alquiler? Porque se quedaron sin trabajo, la mayoría. Hay cuatro o cinco nomás que trabajan en el pescado. No se puede mantener la gente. Está muy complicado con el tema de la pandemia”, relata Susana.

Como respuesta, Susana dice que desde el gobierno municipal les dijeron “no tener nada” para poder ofrecerles, excepto algunos alimentos. Desde el miércoles, las 63 familias intentan fortalecer las casillas para que la “lucha” no sea tan dura. En una de esas casillas, por ejemplo, hay seis familias instaladas con 18 chicos. Desde el miércoles, afirman, nadie de la Secretaría de Desarrollo Social -a cargo de Verónica Hourquebié, a quien públicamente ni se le conoce la voz- se acercó al lugar ni tampoco de alguna otra área: sólo la policía que estuvo un par de días en la zona y después se retiró. “No vino nadie”, insiste Susana.

UN CENTRO COMUNITARIO QUE NO FUE Y LA PROMESA DE 30 CASAS

Las casillas levantadas en el terreno tomado se encuentran entre los dos edificios que hoy tiene el Departamento de Sanidad y Control Animal (Zoonosis): el que funciona hace años en el lugar y uno nuevo que fue inaugurado a principios de este año. Esa inauguración estuvo en el centro de la polémica y reclamos de las y los vecinos porque había sido construido en 2018 para poner en funcionamiento un centro comunitario bajo el nombre de “Núcleo de Innovación y Desarrollo de Oportunidades (NIDO)” que permitiría instalar aulas orientadas a capacitación docente, actividades culturales, espacios para consultorios de salud y para servicios de usos múltiples y una plaza.

Con la nueva gestión en marcha, el gobierno de Guillermo Montenegro decidió usar ese espacio para la instalación de un quirófano para realizar la esterilización de perros y gatos y complementar así el trabajo del viejo edificio del Zoonosis, ubicado a muy pocos metros.

Del “proyecto NIDO” sólo quedó la construcción de un playón deportivo, que fue terminado este año por integrantes del movimiento social Barrios de Pie en el marco del programa “Potenciar Trabajo”.

“Después de la construcción de las viviendas se empezó a hacer el proyecto NIDO; antes luchamos por la limpieza, por la desratización, por las calles que eran un desastre, todo esto era todo pasto”, recuerda Susana y señala que durante la última parte del gobierno de Carlos Arroyo, cuando la construcción de lo que sería el centro comunitario estaba avanzada, llegó la promesa de que les entregarían 30 terrenos para la generación de viviendas para vecinas y vecinos sin un techo propio.

“En el presupuesto de 2019 entraron 200 terrenos y de esos nos daban 30. Me llamaron que entraron todos los papeles y nunca más nos llamaron”, cuestiona y repara en que, con el paso de los meses, siguieron mandando pedidos aunque nunca más tuvieron avances.

La mujer sostiene que las familias están decididas a permanecer en el lugar hasta conseguir su objetivo de tener una vivienda digna: “La lucha se gana con resistencia”.

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