Dónde estás

Por Daniel Torres.

23/09/2017
Dónde estás
(Foto: QUÉ Digital)
Daniel Torres

Autor: Daniel Torres

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―¿Pero qué querías demostrar?

―Nada, soy así ¿O vos no hacés lo que sentís?

―Sí. Bah, no sé. Si bien no me cuesta ponerme en los zapatos de otro, para vos eso era una filosofía de vida, una acción. No sé si soy capaz de hacerlo.

―¿Ves?, me ahorrás palabras. Yo ando por ahí como un alma libre, miro, me involucro, me muevo con lo que me toca el corazón.

―Claro, debe ser eso ¿Y lo que acompañabas, el reclamo, era justo?

¿Qué es justo? ¿Con quiénes se cumple la ley? Da la impresión de que la ley es una formalidad teórica. Encima la escriben los poderosos, o mejor todavía, la transgreden sin costo. Entonces qué nos queda.

―Pero los que te critican dicen que vos también estabas incumpliendo la ley.

―Puede ser. Pero eso está muy lejos de lo que hicieron conmigo. En el medio hay injusticias, manipulación. Ahí entra de nuevo la disputa por la verdad.

―¿Y cuál es la verdad?

La verdad no es un hecho, es una imposición ¿No viste que me han convertido en cualquier cosa? A esta altura la verdad es un trapo sucio. Pero mi vida vale mucho más que miles y miles de hectáreas, que un corte en una ruta cualquiera.

―Sí, en eso tenés razón. ¿Pero por qué no vas y contás qué fue lo que te pasó?

―Porque no puedo.

―¿Qué querés decir?

―Nada. Olvidate. Ustedes tienen que hablar por mí. Vos y todos los que tengan la sospecha de lo que pasó. Sé que no soy el típico modelo de lo que la gente piensa que debe ser o hacer un muchacho, pero ¿acaso eso me convierte en una cosa, en una historia sin sentido, que se borra, que se miente, que se esconde o que se mata?

―Yo no dije ni pienso eso. Pero, ¿valió la pena cuando todo se esfuma tan rápido?

―¿Ves? Para vos los días pasan como si nada, en cambio para mí es un suplicio donde cada segundo cuenta, para mi familia es una tortura, y para muchos, soy la noticia indeseada que tiraron a la marchanta para que se diviertan los perros.

―Pero ¿dónde estás?

―No lo sé. Solo sé que acá hace frío y sobra silencio. Pero tal vez eso ya no importe ni tenga vuelta. Lo que quiero es que me miren una sola vez como lo que realmente soy.

―Está bien. Y vos, ¿cómo te ves?

―Yo, que siempre quise tener los pies en el presente, me veo como si fuese parte del futuro. A veces pienso que soy una multitud, gente en una plaza, el nombre de una calle.

―Bueno, pero ¿vas a volver?, ¿te vamos a ver de nuevo?

―Esa no es una respuesta que yo puedo dar. Lo que se desea no es siempre lo que se consigue. Y además, ¿cuántos quieren que vuelva, que aparezca? ¿Qué les interesa de mí? Todavía no sé qué significo para muchos. Si una ofrenda, un misterio, la suma de los egoísmos, un equivocado, el verdadero rostro del poder, el titular de un diario, un cartelito en las redes sociales.

―No te preocupes. Yo voy a tomar tus banderas, y no dejaré de preguntarme dónde estás.

―Eso me da mucho alivio. Creo que es la razón por la cual estoy acá. Siempre quise hacer algo por los que no tienen paz, los que siendo menos o buscando un lugar, son presa fácil de los inescrupulosos, los violentos, los mentirosos ¿De verdad no me van a olvidar?

―Quedate tranquilo. Nunca dejaremos que solo seas una imagen en la remera de un pibe.

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