Feria de las Colectividades: un recorrido con sabores extraños

La carpa ubicada en Plaza San Martín ofrece platos típicos calientes y fríos de 14 comunidades de Latinoamérica, Europa y Medio Oriente. Estiman que la visitan unas 4 mil personas a diario. Seguirá abierta hasta el 2 de agosto.

01/08/2015
Feria de las Colectividades: un recorrido con sabores extraños
(Fotos: Lucho Gargiulo)
Gonzalo Gobbi

Autor: Gonzalo Gobbi

redaccion@quedigital.com.ar @gonzalogobbi

La señora recuerda que alguna vez probó el shawarma. Su marido mira la carne molida en los Países Árabes con cierta desconfianza aunque no descarta pedirlo. Entonces se tientan con el kebbe y el tabule, pero los extraños nombres logran ahuyentarlos. Viajan hasta Israel en tres pasos: el strudel, los pletzalej y los knishes se ven deliciosos. “¿Qué tienen?”, preguntan. La respuesta incluye ingredientes mucho más simples que el nombre de las comidas. De pronto, una pareja joven se define por dos porciones de musaka en Grecia, donde el aroma de la sopa paraguaya se mezcla con el chucrut deEslovenia y los “pastelitos” uruguayos. Son las cuatro de la tarde y el matrimonio mayor ya duda si buscar almuerzo o merienda. De pronto ven que en Brasil hacen 10% de descuento por llevar tu propio tupper. “No trajimos, viejo”, se lamenta la señora. Quince minutos después ella come dos canolis italianos sobre una mesa de plástico. Él, arroz con mariscos de Perú. Ni almuerzo ni merienda. Lo bajan con cerveza de Bosnia o Macedonia. De fondo, suena una guitarra criolla que nada tiene que ver con el origen de sus platos.

La carpa de la Feria de las Colectividades en la Plaza San Martín concentra este año en un solo espacio los stands de comidas y los que muestran extractos de la cultura de las 14 colectividades que están presentes en la 21º edición. Abre todos los días de 11 a 22 y se podrá visitar hasta el 2 de agosto inclusive.

La cantidad de visitantes que hasta ahora tuvo la Feria es incalculable o en todo caso estimativa. Los organizadores afirman que unas 4 mil personas (entre turistas y marplatenses) la recorren por día, aunque el registro solo sea aproximado.

Si bien los stands gastronómicos se llevan toda la atención, el escenario montado dentro de la carpa invita a diario a presenciar shows musicales de distintos géneros. A su vez hay stands con una pequeña muestra de artículos tradicionales de cada colectividad y hasta un espacio a puertas cerradas para el tarot y las predicciones, por la módica suma de 100 pesos. Pero sin dudas, quien visita la Feria va a comer.

A COMER: PAÍS POR PAÍS

La oferta de platos fríos y calientes, además de los postres, es variada aunque no económica en la mayoría de los casos.

El atractivo, claro está, pasa por probar comidas poco tradicionales o más bien exóticas para el paladar argentino.

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De los 11 stands de gastronomía internacional, cinco corresponden a países latinoamericanos (Paraguay, Uruguay, Brasil, Chile y Perú). Hay sopas, empanadas de mandioca, pastelitos, pollo, guatitas, calla, chipá y arroz con mariscos, entre otras opciones.

Otros cinco reúnen platos de la variada gastronomía de Europa: en Grecia sobresalen el gyro y la musaka; en Portugal, los panes rellenos con chorizo colorado, el chorizo a la portuguesa y los calamares; en Israel, el strudel, el pletzalej y los knishes tienen un sabor digno de descubrir; en el stand de Eslavos Unidos, el chucrut, el gulash y los sarma se acompañan principalmente con cerveza artesanal; y en Italia (Lazio), distintas variedades de pasta, repostería típica y las clásicas “chiabatas” son algunas de las opciones disponibles.

A su vez, directamente desde Medio Oriente, el stand de Países Árabes ofrece las típicas fatay, pero también kebbe, niños envueltos y tabule, aunque el shawarma es el plato más solicitado por quienes se disponen a comer en el lugar.

Pasaron minutos de las cuatro de la tarde. En la mesa de plástico que ocupó el matrimonio mayor en el centro del patio de comidas ahora solo hay dos vasos vacíos, unas servilletas hechas bollo y una bandeja con restos de salsa. Reconocen que se quedaron con hambre pero los precios no los acompañan para repetir la porción. Es hora de ir a buscar algún postre. “Algo dulce”, pide la señora. El hombre bebe el último sorbo de cerveza artesanal y se levanta ¿un ghorabiye en Grecia, strudel en Israel o unos calzones rotos en Chile? Otra vez a recorrer y a descifrar sabores sin saber bien qué es lo que se va a comer.

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