La Beriso, con la cancha cada vez más grande

La banda de Rolo Sartorio se presentó por primera vez en el Polideportivo de Mar del Plata ante un gran marco de fieles seguidores. Hubo repaso por toda la discografía y adelantos del material que se viene. Además, un guiño para su próximo desafío: ¿River?

28/08/2016
La Beriso, con la cancha cada vez más grande
(Fotos: Lucho Gargiulo / QUÉ Digital)
Joaquín Lledó

Autor: Joaquín Lledó

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A esta altura, hablar del crecimiento de La Beriso en la escena de la música nacional ya no es novedad. La banda de Rolo Sartorio se convirtió en una de las más convocantes de la actualidad, y su relación con Mar del Plata así también lo expone: de Casa Rock a Abbey Road, después a –tres- Gap y ahora, este sábado a la noche por primera vez, en el estadio Polideportivo con un gran marco. El regreso a la ciudad después de los tres recitales del verano se produjo cuando la banda está a punto de editar su nuevo disco –saldrá en un mes- y cuando los permanentes guiños hacen referencia a un próximo gran objetivo para diciembre: ¿River?.

La Beriso, con su show de dos horas y media, desplegó en el Polideportivo su rock de multitudes, con constantes gestos a un público que recorre cientos de kilómetros para encontrar el corazón de una banda que dice lo que siente cualquiera de ahí abajo.

Y, además de hacer mención a su próximo desafío bajo la consigna #AgrandaLaCancha -que ya todos dan por entendido que será el estadio Monumental-, entregó dos canciones que se editarán en el nuevo disco, Pecado Capital: una en la que piden que “que el ignorante abandone su ignorancia” y que “las plazas no se llenen más de estafas”, y otra pensada como “trencito” de cierre de una fiesta con la que buscan reírse de todas las cosas que “se dicen” por el éxito de la banda: “se creen estrellas de rock, suenan en la radio y se subieron arriba del caballo”.

La intensidad fue una la clave de la noche, con un arranque demoledor de siete canciones que no dejaron parar de saltar a todo el campo –agotado- del polideportivo: “Miradas”, “Otra noche más” y “Dónde terminará”, entre ellas.

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Las palabras de Rolo entre canciones no faltaron, aunque en menos intervenciones que otras veces: una vez fue para hacer referencia a las miradas al cielo del público en “Cómo Olvidarme” y aclarar que el objetivo de la canción es “despejar el dolor” y pedir “que el dolor no se transforme en odio”; otra para reparar en que la corrupción de la que hablan sus canciones es la de “los que están en el poder hace 25 años” pero también la “que se da en todo”, en lo más chico; y otra para remarcar cómo fue el camino en Mar del Plata que refleja el paso a la masividad: recuerdos de los pequeños shows de Casa Rock, de los últimos tres GAP del verano y la referencia para el Polideportivo, un lugar que él no conocía.

La relación líder–multitud es algo que Rolo va construyendo desde el inicio del recorrido de la banda, y los gestos se suceden: el agradecimiento por portarse bien, abrir un pack de botellitas de agua para repartirle a las primeras filas, terminar “Tan sola” en la platea y pedirles que se vayan tranquilos porque “un recital de La Beriso termina cuando llegan a casa”.

Mientras tanto, arriba del escenario las guitarras no dejaron de lucirse y los vientos y el teclado aportaron aire a dos horas y media de intensidad, de corazón, de historias de una banda de rock de multitudes.

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