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25/10/2020

El relato de un enfermero: “Al coronavirus no hay que tenerle miedo sino respeto”

Miguel Ángel López es de Tucumán y hace dos años que trabaja en la Clínica Colón de Mar del Plata. Su relato y los detalles de un trabajo extenuante y abrumador.

El relato de un enfermero: “Al coronavirus no hay que tenerle miedo sino respeto”

Miguel Ángel duerme de día y trabaja de noche. Pese a la vorágine de su tarea como enfermero, habla tranquilo, con un tono sutil y una tonada del interior. Es de Tucumán pero hace dos años que trabaja en la Clínica Colón de Mar del Plata. Ante el avance de la pandemia de coronavirus se desempeñó durante un tiempo en el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA) pero evaluó que el esfuerzo no se justificaba y se quedó solo con su tarea en la clínica. En diálogo con Qué digital reconoce que el covid-19 es “una enfermedad que hay que tenerle respeto pero no miedo” y asegura que “hay que respetar más al personal de salud” que está haciendo un esfuerzo enorme para atender a cada paciente y, en muchos casos, cubrir a compañeros que se toman licencia por enfermedad.

Miguel Ángel López es de Tucumán y hace aproximadamente dos años que trabaja como enfermero en la Clínica Colón de Mar del Plata. Con el avance la pandemia, su trabajo se multiplicó y el riesgo al contagio es una constante. Su turno de trabajo es de 22 a 6 de la mañana y específicamente su labor está en el piso covid. Él vive en un edificio en el centro de la ciudad, y contrario a lo que ha sucedido en muchos otros lugares, sus vecinos y vecinas valoran su trabajo y lo respetan, porque saben que está en la primera línea de batalla contra el virus.

“Actualmente somos tres enfermeros para 25 pacientes en el piso covid”, comentó  López, respecto a su tarea. Sin embargo, y en su experiencia, la situación cada vez se vuelve más crítica por la cantidad de pacientes y la falta de personal para atender la demanda de cada caso particular. Y al igual que en muchas instituciones de salud, en la Clínica Colón hay enfermeros que hoy no están trabajando, algunos por pertenecer a grupos de riesgo, y otros porque en el transcurso de la pandemia se tomaron licencia por haberse contagiado, por neumonía o por carpeta psiquiátrica.

“Se han contagiado compañeros que extremaron los cuidados, he visto la cantidad de veces que se lavaban las manos pero aun así se contagiaron”, compartió Miguel Ángel. De marzo hasta ahora los cuidados del personal se fueron modificando por el riesgo a contagiarse y en el caso de la clínica ubicada en Colon 3629 disponen de duchas que están aisladas para higienizarse. Una vez que el personal de salud ingresa a la clínica, debe cambiarse la ropa.

El enfermero, para realizar su trabajo -al igual que el resto del personal- tiene que usar de manera obligatoria, camisolín, guantes, cofia y doble barbijo, descartables. Pero en el caso de Miguel Ángel, se le suma que cada vez que ingresa a las habitaciones con pacientes con covid-19 se tiene que poner encima de todo eso un casco y antiparras. Y de esa forma es cómo trabaja todos los días.

-¿Cómo es tu rutina de trabajo?

-Trabajo fijo en la Clínica Colón en el horario de 22 a 6 de la mañana. La tarea ya es complicada de por sí porque tenemos que cambiarnos todo el tiempo y hay que tomarse todo el tiempo porque ante un mínimo error está la posibilidad de contagiarse

-Desde marzo, seguramente tu trabajo se vio afectado por el avance de la pandemia…

-Sí, totalmente, yo estoy en el piso covid asistiendo pacientes positivos, por supuesto. Hay muchos casos con enfermedades prexistentes: obesidad, diabetes, Parkinson, atendemos pacientes que tienen 100 años. Pero también hay jóvenes sin enfermedades de base que están estables hasta que de un momento a otro se desestabilizan, a veces se dan todos al mimo tiempo y no sabes por dónde empezar.

-¿Cuál es la mayor dificultad que atraviesan los pacientes con coronavirus?

-La mayor dificultad de pacientes con coronavirus se da cuando hay complicaciones en la mecánica respiratoria. El coronavirus lo que más ataca es a los pulmones y el corazón.

-¿Qué tenés que hacer cuando detectás complicaciones respiratorias?

-Cuando una persona tiene dificultades respiratorias requiere sí o sí de oxigeno, en las salas comunes lo que tenemos es en la red central una máscara o una cánula de oxigeno. Pero hay situaciones que requieren de una asistencia mayor porque el cuadro comienza a complejizarse y con la cánula y el respirador no llegan a tener la entrada de oxigeno necesaria para vivir; esos ya son los casos graves en los que hay que intubarlos.

-Hoy en día, si te pasa una situación así, ¿qué haces?

-No sé la verdad. Lamentablemente, las camas en las clínicas y en los hospitales de las terapias -donde se intuba un paciente y donde tiene que estar para estar monitorizado y más controlado- están ocupadas, entonces esa es la mayor preocupación. Si ese paciente que está en piso se llega a complicar y hay que intubarlo, no sé qué puede pasar.

-Al inicio de la pandemia en Mar del Plata también trabajaste en el HIGA, ¿cómo fue la experiencia?

-Por el mes de abril me sumé a trabajar en el HIGA seis horas en el turno mañana, pero el sacrificio no se vio reflejado en lo que me habían prometido. Siempre me interesó trabajar en el hospital público, pero la verdad es que por la tarea que realizamos cobramos muy poco, una miseria. Del hospital me fui porque cuando cobré no se justificaba el esfuerzo, no tenía obra social y si faltaba me descontaban el día. Por suerte no me enfermé pero si me descontaban el aporte a IOMA, la verdad que no cobraba nada.

-Mencionabas que no hay camas suficientes. Cuándo trabajaste en el hospital ¿te tocó atender gente en pasillos?

-En agosto estaba trabajando en el hospital y ya no había camas, atendía pacientes en camillas en el pasillo. Es muy triste porque sabés que es gente que si se complica puede llegar a morir.

-¿Qué le dirías a aquellas personas que están cansadas de cumplir con las medidas de aislamiento e higiene?

-Los invitaría a que vieran el piso dónde estoy trabajando, cómo están los pacientes y el tratamiento que tienen que hacer. A esta enfermedad no hay que tenerle miedo, pero sí respeto. Hay que respetar al personal de salud y los cuidados porque no damos abasto, y esto le puede tocar a cualquiera.

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