Héroes al volante: la cooperativa de Taxis Islas Malvinas

A 35 años del 2 de abril, los veteranos que prestan el servicio de taxis desde 1993 compartieron con QUÉ su experiencia y la historia de la cooperativa que crearon para combatir el desempleo: “La vida es una lucha diaria”

02/04/2017
Héroes al volante: la cooperativa de Taxis Islas Malvinas
(Fotos: QUÉ Digital)
Gonzalo Gobbi

Autor: Gonzalo Gobbi

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Una de las premisas del cooperativismo indica que toda cooperativa surge a partir de una necesidad. En los ’90, la falta de oportunidades de trabajo y las consecuencias del proceso de “desmalvinización” generaron una fuerte necesidad entre aquellos civiles que años atrás habían ido sin preparación a la Guerra de Malvinas. De un momento a otro, los taxis fueron una salida laboral. Y la unión impulsó a un grupo de veteranos de guerra de Mar del Plata a formar la Cooperativa de Trabajo Islas Malvinas de exsoldados combatientes del Atlántico Sur, que desde hace casi 25 años presta el servicio de taxis en la ciudad y genera puestos de trabajo para los héroes y sus familias.

Hace 35 años, cuando “estalló” el 2 de abril de 1982 y la Argentina entró en guerra con Inglaterra por las islas, los taxistas de esta cooperativa tenían solo 18 años. Hoy, a los cincuenta y tantos, algunos de ellos y también sus hijos y amigos están integrados en esta empresa cooperativa que además cuenta con un taller mecánico ubicado frente al barrio Centenario, en Alvarado y Tierra del Fuego, donde su presidente, Carlos Seip, recibió a QUÉ y le contó su propia vivencia en Malvinas y la posterior creación de la flota de taxis de excombatientes, dos partes de una misma historia de honor y dignificación.

Es 1982. A Carlos lo llaman para incorporarse a la colimba. El destino, aún sin saberlo, lo convertiría en un héroe: “Tuve solo una semana de instrucción, hasta que se inundó el lugar donde estábamos, volvimos al cuartel y sin saber bien qué pasaba estalló el 2 de abril. Nos dijeron que íbamos al sur. Preparamos el material y nos destinaron según la actividad de cada uno. Como yo sabía algo de electrónica me destinaron al radar. El 12 de abril salimos hacia el sur. Estuvimos unos días en Comodoro Rivadavia hasta que embarcaron el material. El 16 de abril un avión nos hizo aterrizar en las Malvinas y toqué por primera vez el suelo de las islas”.

Es 1992, casi una década después de haber estado 70 días en el húmedo y hostil clima de Malvinas. La necesidad de encontrar trabajo de un grupo de veteranos de guerra que seguían unidos en Mar del Plata los impulsó a formar inicialmente una cooperativa. Una oportunidad única de hacerse de un conjunto de licencias de taxi caducas fue el primer paso. Primero el Municipio les otorgó 15 licencias y tiempo después otras 15. Eran solo papeles, los taxis en sí mismos, seguían siendo una ilusión.

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Carlos Seip, excombatiente y presidente de la cooperativa de trabajo Islas Malvinas

“Yo quería ir a Malvinas”, reconoce Carlos Seip, pero también admite: “No sabíamos a qué íbamos ni qué iba a pesar. Algunos superiores pensaban que iba a ser como en 1978 con Chile. Tuvimos la oportunidad de quedarnos en Comodoro pero yo me fui con el grupo para las islas”.

Con las 30 licencias en mano, los excombatientes vendieron lo que tenían y se endeudaron hasta más allá de los límites poder comprar los primeros vehículos, los cuales pintaron y prepararon ellos mismos a mano en un galpón que alquilaban para llevar adelante la logística.

El 16 de abril el grupo en el que se encontraba Carlos arribó a las Islas con un primer objetivo: emplazar el radar en un lugar que tuviera un alcance estratégico de la mayor parte de la isla para detectar la incursión aérea sobre Puerto Argentino. El radar no fue fácil de instalar. “Estuvimos varios días para encontrar dónde emplazarlo. Nos agarró un temporal y no podíamos llegar hasta donde se pretendía y nos llevaron en un camión hasta un cerro a cuatro o cinco kilómetros de Puerto Argentino. En la punta instalamos el radar”, relató y continuó: “Llenábamos bolsas de arpillera con turba para hacer una fortificación del radar pero en de pronto nos agarró el 1º de mayo en esa tarea. Ese día se produjo el primer ataque, fue terrible”.

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Ya en 1993 comenzaron a salir a buscar pasajeros. El trabajo se organizó en dos turnos. De estar desocupados, pasaron de ser héroes reconocidos por la gente pero olvidados por el Estado a generadores de sus propias fuentes de trabajo.

“Nos refugiábamos de los ataques donde podíamos. Yo en el primero fui a parar a un pozo inglés que era como una zanja de un metro de ancho y unos dos metros de profundidad. Aguantamos la primera oleada. Salimos por la ladera contraria y fuimos a parar a un lugar donde estaba un puesto de infantería en una cueva inglesa dentro de una montaña. Los ataques eran constantes. Querían derribar el radar”, continuó.

En ese punto de la isla, los barcos ingleses atacaban puntos clave: desde la costa tiraban al aeropuerto, al cuartel de la Royal Marine donde estaba el gobernador y al radar que le había tocado a Carlos Seip.

El trabajo con los taxis creció. “Pusimos en 1994 la central de radio para estar comunicados principalmente de noche, por una cuestión de seguridad”, explicó. Ellos mismos hacían de operadores y después se subían a los taxis, hasta que pudieron contratar a un operador de radio. Todo, a diario, una vez más, era un aprendizaje. El mundo cooperativo ahora era su realidad.

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La Central de Radio de la cooperativa recibe y deriva los llamados para los taxis distribuidos en toda la ciudad

En cuestión de semanas Carlos se “adaptó” a las Islas. “Me hice al lugar, yo suelo ser así. Me acostumbré a resguardarme de la lluvia como pudiera, a comer lo que te dieran, que solía ser un caldo con alguna papa o un pedazo de carne flotando. Nos hicimos fuertes para resistir y aguantar todo, incluso los ataques, que en la semana mermaban pero los fines de semana eran constantes”, agregó.

Por circunstancias económicas a fines de los ’90 la cooperativa estuvo sosteniendo al Centro de Ex Combatientes que en ese momento estaba en Colón y Olazábal. “Sacrificamos el taller y trasladamos la parte administrativa al Centro, hasta que recibió en comodato el espacio que hoy tiene sobre la calle Misiones”, indicó.

Seip permaneció en suelo malvinense hasta el 14 de junio de 1982, el día de la rendición. Permaneció después algunos días como prisionero en las Islas y luego regresó al continente. “El trato que nos dieron los ingleses era correcto. Ellos tienen una historia bélica más antigua que la nuestra. En el campo era distinto, si te tomaban prisioneros había fusilamientos y otro trato muy distinto”, sostuvo.

El taller mecánico, que años después pudieron reabrir en Alvarado y Perú, les permite reparar sus propios taxis y vehículos particulares para mejorar el ingreso de la cooperativa.

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Tras el viaje en barco de regreso hasta el continente y después de un día y medio en Campo de Mayo, Carlos se reencontró en Mar del Plata con su familia el 22 de junio, luego de 70 días. “Fue muy emotivo, no me lo olvido. Era difícil todo igualmente”, asumió.

La cooperativa de taxis Islas Malvinas llegó a tener 84 asociados. De los iniciadores en la actualidad solo queda un grupo reducido. “Muchos compañeros fueron encontrando mejores trabajos. Pero se sumaron hermanos, amigos y muchas mujeres. Ahora hay muchos hijos. Nosotros teníamos 28 o 29 años cuando comenzamos. Hoy nuestros hijos son casi de la misma edad. Somos actualmente casi 60 asociados, pero ahora hay poco trabajo en la calle y no se consigue gente para trabajar por el tema de la inseguridad y por los pocos viajes que salen”, siguió.

Luego de la guerra, de casi 70 días en las Islas, la vuelta a lo cotidiano “fue muy extraña”. Fue de pronto pasar “de una situación extrema a rutina social, de mi familia”. “Nos chocamos con la realidad”, confesó y agregó: “No pude seguir con el trabajo. Estuve casi un año acomodando un poco la cabeza hasta que tuve que volver a trabajar”.

Desde el 2004 la cooperativa funciona junto a la central de radio en su actual sede, frente al complejo Centenario. El taller persiste como apoyo logístico de la propia flota. Las visitas al Centro de Ex Combatientes son frecuentes. También los asados. Las anécdotas. Los recuerdos. “Pensé en volver alguna vez a Malvinas. Lo recuerdo como algo que no sé qué tan real fue y a lo mejor me serviría para rearmar un poco el rompecabezas”, dijo Seip sin tener del todo resuelta la decisión de regresar.

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Carlos se casó y formó una familia. Sus hijos “se criaron con la historia de Malvinas”. Hay casi 60 personas que forman parte de la cooperativa, próxima a cumplir 25 años de actividad.

“Para algunos fue un estigma y para otros un honor haber combatido. Para mí fue un honor haber estado y no me arrepiento de haber ido. Estuve hasta el final con el grupo, como siempre fui en mi vida. Hoy en la cooperativa también la llevamos entre todos. La vida es una lucha diaria”.

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