Nuevo Golf, donde el sistema no permite llegar

Un mes antes de las elecciones se concretó la llegada del colectivo y luego fue cancelado. El gremio y la empresa pudieron más que el gobierno y los vecinos solo consiguieron que ingrese una línea alternativa. La historia de un barrio al que todavía le falta mucho.

06/12/2015
Nuevo Golf, donde el sistema no permite llegar
(Fotos: Lucho Gargiulo)
Joaquín Lledó

Autor: Joaquín Lledó

redaccion@quedigital.com.ar @joaquinlledo

Mientras en el Concejo Deliberante no se preocupan por el servicio que prestan los colectivos y en dos minutos aprueban un nuevo aumento del boleto, Mario Peralta le cuenta a QUÉ la historia que se vive en Nuevo Golf, un barrio que hace unos pocos años era un “asentamiento” y que de a poco intenta avanzar. La historia que cuenta el fomentista no es una más: es la de la falta del transporte público que conecte a unas 700 familias con el centro de la ciudad y a sus  lugares de trabajo. Es la historia de la falta del transporte público que le permita a docentes llegar para dar clases y ayudar a que adultos y niños se eduquen.

La historia resumida dice que tras el logro de la llegada del colectivo al barrio, hechos de inseguridad hicieron que la empresa 25 de Mayo no ingresara más por decisión de la Unión Tranviarios Automotor (UTA) y los vecinos quedaron como “rehenes” de la falta de autoridad del gobierno para que se retome el servicio, el mismo gobierno que permitió quintuplicar el tarifa en ocho años.

Todo comenzó un mes antes de las elecciones cuando el gobierno municipal, tras intensos reclamos de los vecinos, anunció el ingreso de la línea 552 a Nuevo Golf. Con eso, los vecinos no tenían que caminar más de 20 cuadras para poder ir a trabajar o llegar al centro de la ciudad. “Tenemos una importante población con adultos mayores a los que les cuesta muchísimo. Asimismo los días de lluvia hasta que agarras el colectivo pasaste un montón de cuadras abajo del agua”, relata Mario, quien tiene cargo la asociación vecinal hace tres años.

Según cuenta, un mes después de la llegada de la línea todo volvió para atrás: un piedrazo en el parabrisas de un colectivo hizo que los choferes nucleados en la UTA resolvieran suspender el recorrido por el barrio.

“A partir de ese momento empezamos a tener asambleas con los vecinos, organizamos los pasos a seguir y decidimos ir por distintos sectores, que eran los involucrados en el tema”, dice. Entonces, como el problema era la inseguridad los vecinos se reunieron con el jefe policial de la Distrital Sur, Fabio Astor. Así se programó que un móvil acompañara al colectivo y que un policía se subiera en el trayecto.

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Con esa decisión en mano, un grupo de unos 30 vecinos se juntó con un representante de la 25 de Mayo y con dos delegados de la UTA. “Nos mostraron una serie de denuncias que habían hecho los choferes que daban cuenta de que eran agredidos, maltratados. Entonces cuando pasó lo del parabrisas se puso el punto final”, recuerda Mario de aquella reunión y señala que por lo bajo uno de los delegados le dijo a un integrante de la comisión vecinal que el tema era otro: “Se les había caído un arreglo que tenían con Pulti, esa era la verdadera razón por la que no entraban”, detalla el fomentista.

La historia siguió: los choferes volvieron a hacer una asamblea y empezaron a pedir asfalto en el recorrido y más luminarias.  “Estábamos como rehenes”, sostiene Mario  y suma: “El Municipio hace unas semanas que no tiene nada de fuerza, ellos querían revertir la situación”.

¿Los empresarios y la UTA decidieron más allá de lo que el gobierno establecía? “Por supuesto que es así”, responde  el fomentista. Que el trasfondo de la historia suene conocido no es casualidad en la semana en que volvió a aumentar el boleto y una vez más haya quedado en evidencia cómo funciona el sistema: un gobierno que obedece ante el pedido de los empresarios y la presión del gremio.

“Los trabajadores tienen al gremio que los defiende, la empresa tiene a su gente y a nosotros nos tiene que defender el Estado”, remarca Mario y dice que la única posibilidad que les quedaba era seguir el reclamo por su cuenta, con el empuje del barrio.

De esta manera, llegó el momento de concentrarse en la empresa, dos mujeres se encadenaron y tras más de media hora de espera apareció un gerente con un anuncio: la posibilidad de poner la línea 523 en el barrio ya que los delegados estaban de acuerdo.

“A nosotros nos favorecía porque podemos empezar a negociar en otro término la línea 552 que es la que va para el centro”, cuenta Mario sobre el principio de una solución definitiva por la que todavía esperan. Un punto central para aceptar el ingreso de esa línea fue que transita por la zona del puerto, donde muchos habitantes del barrio trabajan.

LA CASA DEL BARRIO

Mario cuenta la historia del colectivo en su casa, que a su vez funciona como espacio para la asociación vecinal donde de lunes a lunes se dictan talleres, se dan clases, se come, se merienda, se forma una murga, se toca la guitarra, se proyecta la necesidad inmediata de tener un centro de salud.

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Mientras Mario relata la historia es interrumpido varias veces por lo cotidiano: un grupo de chicos que le va a pedir una pelota, una vecina que va a llevar telas para que empiecen a armar nuevos trajes para la murga, una joven que llega con el DNI a retirar leche y como no queda más da media vuelta y se va sin siquiera saludar y una mujer encargada del taller de reciclado se va y  le da una indicación.

Mario vive ahí donde todo sucede, donde se le da oportunidades a los que nos las tienen, donde se los asiste y se los acompaña.

Ese lugar de tres ambientes queda chico y lo seguirá siendo en el futuro cercano porque tras dos triunfos en el Presupuesto Participativo para agrandar el lugar, eso todavía no sucedió. El primer proyecto tuvo en cuenta la construcción de un SUM y el segundo año otro anexo. Hasta ahora no llegó nada.

 LAS NECESIDADES

Un recorrido por las calles de Nuevo Golf representa fielmente al barrio. Casas precarias, terrenos vacios, carteles de “se vende ensalada de fruta” o “se venden cohetes” pegados en las paredes de las viviendas y chicos, mucho chicos, jugando entre la tierra.

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Nuevo Golf, donde viven unas 700 familias según sostiene Mario, no tiene cloacas, es uno de esos barrios en los que en el año 2015 no hay cloacas. Lo que si hay, y este año recién se terminó de concretar, es la red de agua.

Las cloacas son una de las necesidades urgentes del barrio y otra es poder contar con un centro de salud. En la actualidad el programa Salud Rural se acerca al barrio, pero los vecinos dicen, como todos los barrios en los que eso sucede, que “no es suficiente”.

Pese a ello, el fomentista traza una evaluación un tanto más positiva.  “En estos años ha habido un desarrollo del barrio. Somos conscientes de lo que ha hecho al gestión municipal, hubiéramos esperado más, pero no nos podemos quejar. Hace tres años el barrio no tenia luminarias, las calles estaban llenas de barro. Además, las secretarias de Cultura, Deporte y Educación empezaron a trabajar”, destaca y menciona que el área de “Desarrollo Social de la Nación siempre estuvo muy presente”. Pequeños pasos ante realidades urgentes.

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