Arturo Bonín: “El teatro es un lugar de refugio y sanador”

Así lo sostuvo el actor, en diálogo con QUÉ Digital sobre “Ver y no ver”, la pieza teatral que llega en Semana Santa al Teatro Auditorium y relata la historia de una mujer que recupera la vista y debe aprender a usarla.

13/04/2019
Arturo Bonín: “El teatro es un lugar de refugio y sanador”
(Foto: prensa "Ver y no ver")
Alina Rodríguez Martín

Autor: Alina Rodríguez Martín

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“Ver y no ver”, la obra escrita por Brian Friel e inspirada en un caso real que recogió el neurólogo Oliver Sacks, arriba en Semana Santa a Mar del Plata, con la historia de una mujer que, luego de vivir ciega durante más de 50 años, al recuperar la visión debe aprender a utilizarla.  Alguien puede ver y no comprender. Y también puede no ver y comprender. La protagonista vuelve a ver, pero también dejará atrás una forma de entender el mundo: ¿Era su deseo el que estaba en juego o su deseo de no defraudar a su marido y a su oftalmólogo?

La obra narra la historia de Any (Graciela Dufau), una mujer ciega desde sus 10 meses de vida, que vive una vida plena con su trabajo, con su música, sus deportes y particularmente la natación. Se casa con un hombre (Arturo Bonín) empeñado en embarcarse en causas nobles y Any se convierte en la causa principal.  Empujada por él, consultan a uno de los oftalmólogos más importantes (Nelson Rueda) y el milagro se produce: Any recupera la vista. “A partir de ese momento, nace un conflicto que los tres personajes intentarán dilucidar. El dilema entre el ver y el comprender”, señaló el actor Arturo Bonín en dialogo con QUÉ Digital, en la previa de su arribo a la ciudad.

“Ver y no ver” se presentará el  próximo viernes y sábado a las 21.30 en la Sala Payró del Teatro Auditorium. Las entradas están disponibles en la boletería del teatro.

Luego de presentarse por tercera vez en el Teatro Roma de Avellaneda, el actor Arturo Bonín conversó sobre la obra y habló de la apuesta al teatro en tiempo de elecciones y mientras se suceden conflictos sociales y políticos. “El teatro es un lugar de refugio y sanador”, resaltó y a la vez agregó: “Con Mar del Plata tenemos mucha expectativa, es un público teatrero el marplatense y sumado a esto Semana Santa calculamos que van a ser funciones interesantes”.

- ¿Cómo fue la construcción de tu personaje?

– Este es un personaje bastante particular, el deseo que lo mueve me interesó muchísimo porque es un voluntarista en toda dirección y se mete en proyectos muy ambiciosos. Uno de los proyectos ambiciosos es convencer a su esposa que se opere para recuperar la vista.

- Según él, recuperar…

– Sí, lo que ocurre es que el personaje de Graciela Dufau se quedo ciega a los diez meses de vida. No sabe lo que es ver y a los 53 años es muy difícil ver por primera vez, porque además no sabe lo que está viendo. El visibilizar algo es una construcción, ese es el punto.

- ¿Pero el marido está convencido de que es por su bien?

– Sí, él convencido la empuja, la estimula junto con el médico, personaje que le toca en suerte a Nelson Rueda; juntos la empujan a que tome esta decisión. El conflicto lo sobrelleva ella, la imposibilidad de conectarse con el mundo exterior, por un lado le fascina pero por otro la asusta, porque no sabe qué es esto. El axioma de la obra trata de que ver no es comprender, ella ve pero no comprende eso que está viendo. La realidad es una cosa y lo que ella construyó en su cabeza es otra. No hay empatía entre lo que ella tiene articulado como imagen en su cabeza con la deficiencia de ver y lo que se le aparece ahora cuando ve realmente. Es muy interesante lo que se plantea.

- Sobre todo en una realidad en la que todo pasa a través de la vista…

– Imágenes visuales y a la vez esos estímulos visuales van direccionados porque hay intereses en los que se presentan las cosas de una forma determinada; uno comprende algo que es lo que están demostrando con el solo hecho de ver y mirar. Porque la construcción del ver también conlleva a muchas cosas como el tacto, el olfato y demás que es a lo que apela ese personaje toda su vida.

- Se apela mucho a la percepción entre lo real y un mundo imaginario…

– Exactamente, y la construcción de todo esto ¿a qué nos lleva? Y a veces a tomar decisiones que están en contra nuestro, a pensar decisiones que ocurren porque estamos invadidos por una subjetividad, con una percepción subjetiva.

El teatro es un trabajo de poner acuerdos y cuando partimos de la misma base que es un acto colectivo y solidario ahí la cosa se transforma y no hay experiencias bastas y experiencias mínimas. Hay capacidad de trabajo puesta al servicio de una idea que está instalada en la cabeza del director. Todo es producto de conversaciones, acuerdos y demás. Después, como decimos ordinariamente, darle pa’lante.

- ¿Después por dónde siguen de gira?

– Todavía no tenemos bien la programación porque es un año bastante complicado. Pero tenemos varias plazas en el interior, aunque no me gusta llamarlo así, y aparte entendemos que a partir de julio aproximadamente va a ser muy difícil moverse por el país porque se acercan las elecciones. Las posibilidades ciertas para publicitar se van a ir acotando. No solo para nosotros sino para el espectador también.

- Estamos atravesados…

– Exactamente y creo que es un buen compromiso esto de elegir, el problema es que a veces lleva demasiado tiempo y energía, entonces hay otras cosas que van quedando relegadas.

- ¿Estás trabajando en algún otro proyecto?

– Estamos los martes con Nelson Rueda precisamente haciendo una obra en el Teatro Nün, con Ramírez de Velazco y Scalabrini Ortiz. Una obra de Daniel Dalmaroni que se llama “Un instante sin Dios”, estrenamos hace un mes aproximadamente y por suerte venimos muy bien, con muy buenos comentarios, muy buenas críticas.

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