Los Espíritus, viaje místico de rock chamánico

La banda indie, mezcla de blues, afro beat y fogón, se presentará este sábado a la noche en el Muelle de los Pescadores. “Un show es energía, sudor, transe, cerrar los ojos y entregarse”, dice Santiago Moraes, una de las voces y guitarras del grupo.

17/06/2016
Los Espíritus, viaje místico de rock chamánico
(Foto Los Espíritus)
Juan Manuel Salas

Autor: Juan Manuel Salas

jmsalas@quedigital.com.ar @juasalas

Los Espíritus tienen alma de chamanes, con corazón de percusión africana y guitarra negra del blues. En Gratitud, su último disco, rescataron sonidos setentosos del rock urbano de Manal y Vox Dei y lo redefinieron a su antojo para crear la pieza fundacional de su viaje. El sábado a la noche se presentan en el Muelle de los Pescadores –Luro y la Costa- junto a Grupo Ganjah.

El proyecto de Los Espíritus nace allá por 2010 como un desprendimiento de ese mundo creativo que es Maxi Prietto, quien le había pedido al resto de la banda que lo acompañaba que se comprometieran más con el grupo.

Fueron ensayos, zapadas, improvisación y Los Espíritus nacieron como si se tratara de sombras proyectadas de algún baile alrededor de una fogata. Surgieron nuevas canciones y se creó algo distinto que ya no le pertenecía solo a Maxi.

Ensayamos, tocamos por horas sin parar y se dio el cambio de formato. Encontramos la propia personalidad de Los Espíritus y el camino”, cuenta una de las voces y guitarras de la banda, Santiago Moraes.

El disco Gratitud fue lanzado en octubre del año pasado y fue elogiado por la crítica especializada. Un compendio de 10 canciones que van al hueso de un dolor entre el alma y el cuerpo, una mirada cruda y hambrienta de la sociedad, un trance místico que atraviesa el blues y la herencia de rock de fogón con una redefinición siglo XXI.

La grabación de Gratitud, cuenta Santiago, se dio en el Club Plasma, la trinchera musical que tienen Los Espíritus en Barracas, frente al Parque Lezama.

La idea primigenia era grabar un EP de cuatro canciones: “Perro viejo”, “Negro chico”, “El palacio” y alguna más. Era marzo de 2015 y el Club Plasma estaba dado vuelta porque estaba de refacción: paredes tiradas, escombros, tierra. El lugar estaba desarmado, pero de todas maneras les habían dado cuatro días para usar la sala de ensayo y estudio de grabación.

Esos cuatro días, Los Espíritus estuvieron como poseídos y grabaron unas 15 canciones de corrido. Sin quererlo tenían un disco, que después de que Maxi Prietto hiciera la mezcla y el depurado quedó de 10 canciones. Después de depurar el laburo de esos cuatro días quedó Gratitud, un discazo.

-¿Los Espíritus encontraron un sonido?

-Apareció sin que partiéramos de ninguna idea. Cuando empezamos a hacer algo partimos de las sensaciones y son esas sensaciones las que le van dando forma. No quiero ser oscuro, pero me refiero a que no partimos de una idea de hacer un blues, empezamos a tocar y sale algo. Son seis manos empujando la misma piedra y en algún momento esa piedra parece que se mueve sola. No nos gusta premeditar lo que vamos a hacer. Después sí, podemos darle forma, pero lo que prima siempre es la intuición. No nos sale tener planes.

-¿Cómo es un show de Los Espíritus?

-Hay un montón de energía, sudor, transe, cerrar los ojos y entregarse. Mucha entrega nuestra y de la gente. Una entrega a lo que pasa, a la música, a disfrutar y dejarse llevar.

Este 2016 Los Espíritus están de plan de viaje y giras. Tocar mucho y por todas partes. Un viaje chamánico y rutero por Argentina, Uruguay, Colombia y México.

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