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28/09/2019

Centro Cultural América Libre, 13 años de cultura activa

Desde que agrupaciones sociales y artistas tomaron un local desocupado de Anses las actividades no pararon. Este sábado festejan un nuevo aniversario a lo grande.

Centro Cultural América Libre, 13 años de cultura activa
(Fotos: Qué digital)

“El América Libre es una forma de ver la vida. El sueño que está escrito en el proyecto inicial a muchos y muchas nos ha contagiado. Es mi casa, es mi familia, lo que sucede acá. Con lo bueno y lo malo”, sintetiza Carmen Domínguez, quien actualmente integra la mesa ejecutiva de coordinación de las actividades que se suceden en el Centro Cultural América Libre. La historia de un sitio emblemático de la cultura local, en su mes aniversario.

El Centro Cultural América Libre cumplió este martes 24 de septiembre sus primeros trece años y los celebra este sábado a partir de las 19, con un encuentro de cultura popular y participativa. La entrada es totalmente libre y gratuita.

El espacio de San Martín y 20 de septiembre abrirá sus puertas para compartir diferentes actividades que incluyen intervenciones circenses, folklore, danza contemporánea acrobática, la participación de la Escuela de formación teatral Praxis y las presentaciones en vivo de Wailor, Mirá que Cosa, la agrupación de candombe Manoahí, free style con Shitstem y Sok, y muchas sorpresas más.

GRILLA DE ACTIVIDADES

Desde su origen, el América Libre impulsó el pensar la cultura desde otro lugar, y no quedarse meramente en producciones artísticas. “Es mucho más que eso tiene que ver con relaciones humanas, relaciones laborales, sociales, solidarias. Poner nuevamente en la mesa qué hablamos cuando decimos solidaridad. No se trata de beneficencia. Solidaridad es cuestión de construcción colectiva, dar y recibir pero ser consciente de eso”, definió Daniel Blasina, otro de los integrantes de la mesa directiva a la hora de tomar decisiones.

LA CASA DEL PUEBLO

El 24 de septiembre de 2006, una importante cantidad de agrupaciones políticas, estudiantiles, culturales y sociales decidieron recuperar un espacio que llevaba nueve años de abandono por parte del Estado y fundar el Centro Cultural América Libre. Lo que era un aguantadero con mugre, ratas y palomas, gracias a la ayuda de vecinos y vecinas, se transformó en un espacio para el desarrollo de la cultura local.

“Gestionar, coordinar para llevar adelante el Centro Cultural América Libre -que es muy variado en cuanto a propuestas y horarios- es todo un tema. Y esta cuestión de que ‘el América Libre es de todos’ nos lleva a que entonces todos hacemos; pero hay que organizarse porque sino no funciona”, explicó para Qué digital Daniel, quien es parte del centro desde el principio y actualmente se encarga de las finanzas y el mantenimiento del lugar.

Hace trece años que en La Casa del Pueblo se dictan talleres, se realizan charlas e intervenciones, se organizan y disfrutan fiestas temáticas y se articula con otros espacios culturales de la ciudad y el país. Actualmente funcionan emprendimientos que integran alrededor de 40 trabajadores,  ya que además funcionan tres cooperativas de trabajo: Mazamorra (gastronomía), C8 (imprenta) y Cortando Hilos (textil). A su vez se estima que por el espacio circulan más de 500 personas por semana.

La historia del centro cultural contempla muchas etapas de cambios, crecimiento y maduración, con momentos difíciles y otros más placenteros. Aquel sueño, que nació un 24 de septiembre sigue creciendo y transformando no solo la cultura de la ciudad, sino también la vida de cada una de las personas que pasan por él.

Así, al menos lo definió Carmen: “El América, la toma y el proceso de los Sin Techo fue un cross a la mandíbula, diría Roberto Arlt. Por lo menos para mí que simplemente hacía un taller y me encontré con una realidad completamente distinta”.

– ¿Cómo se organizan para llevar adelante hoy en día el espacio?

– La mesa de trabajo está integrada en este momento por cuatro personas que se reúne semanalmente. Empezó a funcionar como una suerte de dirección del América Libre hace un año y medio más o menos. Antes eran dos hombres y una mujer. Este año pedimos que sea un mayor número de compañeros y en esa nueva conformación decidimos que haya paridad de género y se sumaron dos mujeres. Cada uno toma un eje y se encarga de organizarlo y coordinarlo.

La apuesta y propuesta tiene que ver con formar equipos. Estamos divididos en cuatro grandes aéreas de trabajo que serían: la parte de finanzas, gestión del AVE (a quien corresponde el edificio), actividades y agenda artística, prensa y difusión del espacio. La parte de mantenimiento la repartimos.

Decidimos que no sea un número tan amplio de personas porque se convierten en asambleas, que son riquísimas pero son inoperantes. Durante el año se llevan adelante un par de plenarios donde se discute proyección y todo lo que tenga que ver con política gruesa.

-Se necesita orden dentro del caos…

Sí, porque sino es imposible. El América es un espacio que se viene a construir y las actividades se arman en coordinación con las personas que trabajan acá. La idea es ser parte y la idea es que, si se ensucia, se entregue limpio. Y si se necesita usar algo, usarlo.

– Implica otro tipo de relación…

Claro, no es uso simplemente y tiene que estar en consonancia con los criterios del América Libre. Tenemos toda la amplitud para recibir proyectos y que vengan grupos, pero no damos pie al antagónico: la violencia, violencia de género y todo eso nos pone en un lugar. Tampoco lo alquilamos porque sino tiene la concepción del espacio como propiedad y no es nuestra propiedad. Entenderlo de otra manera cuesta un montón.

Dicen que donde hay una necesidad hay un derecho, bueno acá hay una cantidad de gente que tenia la necesidad y ganas de trabajar algo diferente por sobre todo en lo cultural, en lo artístico y el América Libre potenciaba esas necesidades.

-En estos 13 años, el hecho no solo fue mantenerse sino crecer y expandirse ¿Cómo lo lograron?

– Por un lado tuvo que ver con algunos méritos que ganó el América Libre. Y por el otro, mostrar algo que es posible a la sociedad. Con las ganas de generar siempre instancias de participación, intentar no cerrarnos. Porque vamos teniendo techos, sobre todo los de más edad pero en la incorporación de nuevas personas ese techo se rompe y es algo que tenemos siempre como desafío. Y lo hemos ido superando.

-Un poco el América Libre funcionó como una semilla, una muestra de que los proyectos colectivos con enfoque sociocultural pueden funcionar…

-Sí, de hecho fueron creciendo otros lugares, no como espacios recuperados pero sí La Casa de Enfrente, La Ronda, Cien Fuegos, que son parte de organizaciones.

– De ver la cultura más profundamente…

– Claro, es ahondar en eso y que se incorporen más personas es lo más rescatable. Lo que se ha generado en cuanto a la incorporación de nuevas generaciones. Algunos que quizás estuvieron cuando fue lo de los Sin Techo y hoy sus hijos e hijas están por acá, permiten el recambio generacional.

-¿Qué sienten que lograron demostrar en estos años?

– Logramos romper este concepto de cultura pensado desde la rama artística únicamente. Desde las expresiones artísticas como el teatro la música que hacen posible pensarnos y poner en juego las creencias, y ponernos en juego pero la cultura es mucho más que eso tiene que ver con relaciones humanas, relaciones laborales, sociales, solidarias. Poner nuevamente en la mesa qué hablamos cuando decimos solidaridad, no se trata de beneficencia. Solidaridad es cuestión de construcción colectiva, dar y recibir pero ser consciente de eso. Yo doy porque si vos estas mejor yo voy a estar mejor.

Es por eso que dentro del Centro Cultural América Libre se desarrollan tres cooperativas de trabajo y hace cuatro años funciona la escuela de formación teatral Praxis, que ya tiene un un grupo de egresados “y se ha superado el taller”, según explicaron. Además funcionan dos secundarios con oficio, en el marco de un programa que depende del Ministerio de Educación.

EL DILEMA DEL USO LEGAL DEL ESPACIO

Pasaron trece años y pese a los esfuerzos administrativos continúa faltando ese “papel” con el que el Estado acepta ceder el espacio por determinado tiempo, en este caso para que se realicen las actividades que nutren al centro cultural.

“Las instancias legales siguen más o menos igual, en los mismos lugares. No hemos podido avanzar demasiado porque no hay una decisión política”, explicaron los integrantes del América Libre. Aunque también consideraron que en parte es una deuda pendiente, pero en parte no.

“Es medio raro porque la legalidad te permite habilitar una cantidad de subsidios pero también está la cuestión de estar en este espacio sin condicionamientos, por una decisión política para no perder ciertos niveles de autonomía. Y el comodato según cómo se dé pone fechas límites y una vez que se genera el comodato no se puede pedir extensión de fecha. Pasó en Buenos Aires, fueron desalojados muchos centros culturales por no cumplir ciertos pasos que supuestamente estaban acordados”, graficó Daniel Blasina.

CUIDAR EL AMBIENTE, A CONCIENCIA

Hace alrededor de seis años en el América Libre la calefacción funciona gracias a una particular estufa de masa, del estilo Rocket, que es considerada una de las más grandes de Latinoamérica. “Empieza en la entrada del lugar y culmina en el segundo piso. Tiene la chimenea por dentro del banco, sube hasta el segundo piso donde es el tiraje”, señaló Daniel.

Y en este sentido agregó que “posteriormente se sacaron unos paneles de vidrio y se armaron paneles de adobe con diferentes elementos como botellas, vitroux, pallets. Y por fuera, queremos terminar de hacer un mural que está hecho en barro”.

Fue la cooperativa de trabajo Caminantes la que se encargó de realizar reuniones y talleres. Allí tuvieron un espacio para reunirse y comenzar a trabajar. “Nos hermanamos mucho y hasta hubo talleres de armado de juguetes de madera. Los talleres se siguen generando y el último se hizo para modificar toda la calefacción”, destacaron los coordinadores del centro.

Por otra parte, en el América Libre continúan recibiendo botellas rellenas con residuos plásticos para hacer ladrillos PET. Comenzaron a recolectar el material cuando la cooperativa Caminantes funcionaba allí y, casi sin habérselo propuesto, se convirtieron en un punto neurálgico de Mar del Plata, donde familias dejan sus botellas rellenas con plástico. Y dos veces por semana deben vaciar el cuarto donde las almacenan porque se llena. Eso sí, aclaró Daniel, “para que las botellas sirvan para ser ladrillos tienen que estar bien hechas, hay que compactar el contenido y tiene que pesar, sino no sirven”.

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