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06/06/2020

Roberto Sammartino, semblanza de un distinto

A 45 años del secuestro y asesinato del primer psicólogo muerto por razones políticas, una reconstrucción de parte de su rica historia de vida a través del relato de algunos de sus afectos.

Roberto Sammartino, semblanza de un distinto
Roberto tocando el trombón. (Ilustración: gentileza Cristina Guzzo)

| Por Damián Rodríguez y Diego Naddeo

Una vez le preguntamos a Patricio Castiglioni, psicólogo y sociólogo, exiliado por razones políticas, qué recordaba de Roberto Sammartino. Él con una exquisita capacidad de oratoria nos respondió: “Nunca se habrá dicho ni escrito lo suficiente sobre la más grande infamia cometida contra toda una generación de seres humanos. Hombres y mujeres dignos de ser amados yacen en lugares ignotos, sus nombres se pierden “en la noche de los tiempos” y no basta la brevedad de esta vida para nombrarlos. Pronuncio un nombre, Roberto Sammartino. Solíamos salir en moto juntos (teníamos dos Zanellas), era psicólogo, (aún lo sería), yo estudiante. Él era director del departamento de orientación vocacional de la facultad (o algo así). Tocaba hermosas canciones con su guitarra, era como un payador, fumaba profusamente, y mientras tocaba la guitarra y cantaba con su voz grave y profunda, de grandulón y fumador, de tomador de vino y amante, colocaba la colilla del cigarrillo encendido entre las cuerdas de la guitarra. Se acumulaban la ceniza y las miradas mientras rasgaba la guitarra, y yo admiraba cómo sus manoplas de dedos gruesos eran tan ágiles y flexibles en su guitarra”.

En “El amenazado”, Borges refiere: “Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar”. Marconi y Maipú. Allí se atoran los buenos recuerdos, las angustias, los secretos y lo siniestro. Oprimen a la memoria de quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado. Hay misterios que encierran verdades sobre la miseria humana. Allí funcionó la Universidad Provincial de Mar del Plata durante los 70. Era la Mar del Plata del turismo social, era el tiempo de una posibilidad real de cambio social y político desde las bases.

En ese contexto, en esa esquina, una noche de junio de 1975 consagró un eslabón más en la serie de secuestros y asesinatos que se sucedieron en aquel año y que fueron marcando la antesala de lo que vendría unos meses después. Los testigos de aquel entonces señalan que por aquellos años en Mar del Plata se respiraba y se olía la muerte.

En la noche del 4 de junio, Roberto Héctor Sammartino, psicólogo y docente, era secuestrado a la salida de la facultad de Humanidades, luego de dar clases. y asesinado en las afueras de la ciudad en la madrugada del 5 de junio de 1975. Aquella escena marcaría un hecho sin precedentes para la disciplina, Roberto sería el primero de una extensa lista de psicólogos asesinados por causas políticas. Luego de eso, muchos colegas abandonaron la ciudad, otros se alejaron de la Universidad.

Ya había sucedido el secuestro de “Coca” Maggi”, ya había sucedido el “5×1” Elizagaray, la familia Videla, Goldenberg. La lista se engrosaba con los asesinatos de Izus, Gasparri, Stoppani, Tortosa padre y su hijo. Más tarde sería el turno de Kein y Del Arco. Todos hechos atribuidos a la CNU (Concentración Nacional Universitaria).

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Nos resulta interesante poder rescatar la memoria de Sammartino al cumplirse 45 años de su secuestro y asesinato. Para eso, nos aventuraremos a entrar en su universo a partir de los relatos de sus familiares, amigos y compañeros así como también de algunas producciones personales que han perdurado en el tiempo.

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Roberto había nacido el 10 de septiembre de 1940, era el hijo mayor de una típica familia de clase media de Mar del Plata, su padre era comerciante y su madre, profesora de francés. La calle San Martín sabía de ellos. Sus abuelos maternos eran nacidos en Cataluña. Su abuelo paterno, italiano, y su abuela, argentina de origen irlandés.

María Elena es su hermana 8 años menor, recuerda que ambos tenían una relación muy intensa a pesar de la diferencia de edad. A ambos los unió el proyecto de Psicología. De él aprendió sobre el mundo del jazz y del folklore. “De tanto en tanto, siendo yo una púber, me llevaba a las jam sessions donde improvisaba con su grupo de jazz, ¡una experiencia fascinante para mí!”. Ella, muchas veces lo recuerda en la intimidad de un pequeño grupo, cargado de complicidad, tocando la guitarra y cantando a Cafrune.

Roberto había transitado la escuela primaria en la Escuela Nº1 “Pascuala Mugaburu”, el secundario en el mítico Colegio Nacional “Mariano Moreno”. A los 18, decidió irse a estudiar Derecho a Córdoba, allí estuvo algunos años, luego continuó brevemente sus estudios en La Plata para finalmente regresar a su ciudad natal en donde sus inquietudes intelectuales permanecieron vinculados a las Humanidades, sociología, psicología, antropología. Fue así que comenzó a estudiar la carrera que sería la que definiría su tiempo, Psicología. Siempre tuvo un gran interés por los fenómenos sociales y políticos, tenía ideas personales y escribía profusamente pequeños ensayos sobre la realidad política y social de la época. También escribía cuentos y poesías.

Fotografía de la libreta de Roberto. (Foto: gentileza María Elena Sammartino)

Los estudios de Psicología los realizó comenzado los años ´60 en el ISCE, Instituto Superior de Ciencias de la Educación, que fue la primera institución que ofrecía la carrera de Psicología en Mar del Plata. Allí escribía un diario del centro (“La Caldera”), en el que comentaba con profundidad y humor, tanto los hechos de la política nacional como las incidencias del día a día en el Instituto. Fue de los primeros egresados de aquella naciente carrera en Mar del Plata, posteriormente realizó las equivalencias al crearse la carrera de Psicología en la Universidad Provincial de Mar del Plata recibiéndose en 1972.

Acta Nº 6 de la naciente Carrera de Psicología. Trabajo final de Roberto Sammartino. Jurado: Bohoslavsky, Colapinto, Grigera, Fustet y Rivé. Año 1972.

Roberto para ese entonces era una persona con inquietudes diversas. En cuanto a lo musical, el jazz fue uno de sus primeros estilos musicales desarrollados. Mientras estudiaba en el Colegio Nacional, solía dar cursos de jazz en diferentes escuelas secundarias de la ciudad. Luego el folklore, tanto el argentino como de otros países. Era un músico versátil, había estudiado trompeta y trombón a vara, también tocaba las tumbadoras y la guitarra.

Esteban Garvie es un amigo de Roberto, ambos tenían al menos dos puntos de contacto, la música y la psicología. Esteban recuerda el recorrido de gran parte de su desarrollo como músico. Tocaron juntos en un grupo llamado “Los Alfiles” del cual también participó el pianista Esteban Martínez. Previamente formó parte también de un grupo de música latina en el que él tocaba las tumbadoras, en ella compartía percusión con “Pichón” Ramírez quien tocaba la batería. El carácter de percusionista de ambos, los llevaba a constantes interacciones, a ajustes y desajuste técnicos que terminaban en repetidas ocasiones –recuerda Esteban- con Pichón exigiéndole comprensión a Roberto por su condición de Psicólogo.

También formó parte de “Los Silver Sea Stompers”, uno de los primeros conjuntos de dixieland de la ciudad formado también por Martínez, Rodolfo Bruno y Juan Carlos Jauregui, todos ellos reconocidos músicos del ambiente jazzero marplatense.

Roberto tocando en “Los Alfiles” Primero a la derecha. Luego le sigue, Esteban Garvie. Año 1965.

Quien estuvo en Humanidades en los `70 recuerda a Roberto manejando una moto, con un poncho salteño y guitarra criolla. Jorge “Chicho” Sessa, oficial mecánico de motos, comenta cómo nació la amistad. “Él apareció un día en el taller de “Arévalo” en Guido entre San Martín y Luro, sería el año 1972 a querer comprar una moto, yo era mecánico ahí”. Tenía un Fiat 600 y no lo podía bancar, entonces se compró una Zanella 175 color rojo. “Le enseñé a andar”, remarca. Ahí se abrió un tiempo de viajes en moto por Argentina, Uruguay, Bolivia y Brasil juntos, habitualmente durante los meses de enero.

De aquellos viajes, Chicho recuerda un sinfín de anécdotas sobre la música que componían para ganarse la comida, la gente que conocieron, recuerda un recital de Zitarrosa en un bodegón de Montevideo que fue interrumpido por las fuerzas policiales de Uruguay. En esa oportunidad conocieron al poeta Osiris Rodríguez Castillo. De aquellos viajes, se comenzó a rumorear que Roberto era correo de los tupamaros y montoneros, cosa que no tuvo nunca un viso de realidad, pero sí que ayudaron a tensionar aún más el lugar de Roberto en el ámbito marplatense.  En uno de esos viajes, volviendo por Salta, en el mercado artesanal, Roberto se compró el poncho rojo y negro que posteriormente lo distinguiría en el paisaje universitario local.

Chicho no recuerda que Roberto tuviese actividad política, pero recuerda que lo invitó a Ezeiza al regreso de Perón y que en algunas oportunidades lo acompañó a Apand a tocar la guitarra para juntar fondos para los chicos del hogar. Una vez fueron al barrio Toba en Chaco, para conocer la comunidad. “Ahí nos quedamos con ellos unos días, no nos daban ni bola, el hijo del cacique se había hecho amigo nuestro, pero no nos hablan, nosotros teníamos unas latas de anchoítas y ahí medio que nos comenzaron a hablar, ahí hizo una tesis sobre los indios, entonces le pregunté qué había descubierto, y me dice, estamos más locos nosotros que ellos”. Lo cierto es que Roberto estaba interesado en los aspectos interculturales de los pueblos originarios de nuestro país.

Escrito de Roberto. Destrabalenguas para niños chilenos hijos de peones de Comodoro Rivadavia. (Foto: gentileza Cristina Guzzo)

Cristina Guzzo, su pareja, al describirlo comenta: “Tenía esa cosa de escandalizar al burgués dentro de la casa. Pero era una persona simple y muy afectuoso, todo con sentimientos, muy sensible y con talento, la música y los dibujos, además de su capacidad intelectual, una voz maravillosa, la voz la llevo conmigo, una voz increíble”.

Al describirlo desde su profesión, recuerda que a Roberto le interesaba la psicología laboral de los obreros. Trabajó en el Sindicato de Luz y Fuerza dando cursos desde comienzos del año ´74 hasta su asesinato. En la Facultad de Psicología él era Profesor Adjunto de Psicología Laboral, cátedra que compartía con Tomás Grigera y Eduardo Larriera.

En su tiempo, mantuvo un intercambio epistolar con Carl Rogers, un psicólogo norteamericano propulsor del enfoque humanista que fundamentalmente proponía el carácter no directivo del tratamiento, elemento que encontraba lazo con el pensamiento de Roberto. Siempre, lo común, era el sentido de libertad que Roberto perseguía.

Cristina y Roberto, en la costa marplatense. Año 1973. (Foto: gentileza Cristina Guzzo)

Así como en su vida personal Roberto pertenecía a ámbitos muy diferentes y tenía amigos en mundos muy alejados (la música, la universidad, las motos, la literatura, los sindicatos) y también su vida profesional se desarrollaba en ámbitos diferentes.

El humor de Roberto sobre temas de Psicología. (Ilustración: gentileza Cristina Guzzo)

Su amigo, Patricio Castiglioni, recuerda que en alguna oportunidad, en su consultorio cerca de la Diagonal Pueyrredón, en las tarjetas en la que figuraba su nombre, había tachado “psicólogo” y tenía escrito “hombre”, siempre sosteniendo un estilo provocador.

A Sammartino lo recuerdan como un peronista ideológico, admirador del Che pero no era orgánico a ninguna organización, lo cual lo hacia una personalidad atípica en ese sentido. María Elena se refiere a él como“un hombre complejo, profundo emocional e intelectualmente, gran discutidor de verbo fácil, provocador y seductor a la vez; amante de la libertad de pensamiento y de vida; talentoso para el arte: era músico, cantor, escribía, dibujaba, esculpía, todo ello desde muy joven”.

En la misma línea agrega que él observaba de manera crítica los problemas sociales y políticos, su preocupación lo llevaba a reflexionar sobre el malestar de las clases más desfavorecidas y siempre crítico con los estamentos y los grupos de poder político. “Con un pensamiento de izquierdas y en algunas épocas cercano al peronismo, su personalidad -siempre rebelde a la autoridad y las jerarquías- y su forma de concebir la libertad personal y de pensamiento, hizo que nunca estuviese encuadrado en ningún grupo político ni partido.  Era sin embargo un apasionado y ameno discutidor en cualquier foro o grupo, con un estilo provocador de tipo socrático que creaba malestar en quien se sentía cuestionado.  Era muy conocido en distintos ámbitos de la ciudad, una persona querida, y también un personaje entrañable para muchos y molesto para otros”, termina con palabras cabales la descripción su hermana.

La moto y los viajes a la intemperie eran un símbolo de su propia manera de pensarse a sí mismo y de concebir la vida.

Al reconstruir las situaciones en donde Roberto se vio amenazado, aparece en primer lugar un suceso de noviembre de 1974, oportunidad en que lo detiene la Policía Federal. El interés de las fuerzas es saber su ideología política:

Los oficiales le preguntaban: – ¿Usted es peronista de derecha o de izquierda?

Roberto con su estilo provocador y ácido respondía: – ¡Peronista!

La pregunta insistía, la respuesta también. De allí salió con algunos golpes en el haber.

En el círculo próximo de Roberto, sabían que la persecución era hacia María Elena y Carlos Tabbia, su compañero, también psicólogo y filósofo. Ellos tenían una militancia activa y eran personal de la Universidad. El 14 de abril del ´75 llegan unos telegramas firmados por Eduardo Cincotta, secretario general de la Universidad y reconocido integrante de la CNU. El contenido manifestaba la expulsión a ella y su marido de la Universidad. Posteriormente, se enteran que forman parte de una “lista negra” en la Base Naval. El 7 de mayo de ese año deciden irse del país.

Telegrama de Despido a María Elena, fechado el 16/4/75. Firmado por Cincotta (CNU). (Gentileza: María Elena Sammartino)

Esa fue la última vez que se vieron, Roberto viajó a Buenos Aires con Cristina a despedir a su hermana y su cuñado, quienes habían decidido emigrar. Se fueron a Barcelona, ciudad en la que residen actualmente. María Elena comenta que a fin de mayo recibió una carta de Roberto en donde él le comenta el ambiente persecutorio y tenso que se vivía en la Facultad de Humanidades y sus ganas de alejarse de la ciudad.  Pero no lo hizo, no lo pudo hacer, siguió cumpliendo con su trabajo como docente hasta el 4 de junio, el día en que lo secuestraron.

Cristina relata ese último fin de semana. Fueron a San Pedro, de donde era ella. Roberto le menciona su preocupación por el secuestro de “Coca” Maggi y le dice que unos tipos con camperas negras lo fueron a buscar, preguntaron por él en el local de abajo de la casa de su madre. Roberto pensó que querían saber sobre su hermana y su cuñado que ya estaban en España. En San Pedro, hablan con el padre de ella para ver si se podía conseguir trabajo para Roberto, pero no surgieron oportunidades en ese corto tiempo. Cristina recuerda que el domingo discutieron, sobre Mar de Plata, sobre irse con su hermana. Comentó que habían estado preguntando por él en las cercanías de la casa familiar. Entre la angustia que vivían en esas horas, Roberto, con humor le cantaba una canción: “Ya me está parasitando tu cordón umbilical, ahí viene la flaca revoleando la placenta.”

El lunes 2 de junio por la mañana, Cristina, que era profesora de Letras, tenía que trabajar en el Normal de Avellaneda, y Roberto se tomaría el tren. Recuerda: “Nos tomamos el subte a Constitución, de la manito, siempre de la manito, como en el ´73 con la vuelta de Perón, si bien no pertenecía a ninguna agrupación, sabíamos que había que estar ahí”. Ella toma el micro, Roberto toma el tren de las 12:00 el que llega a las 17 a Mar del Plata, a las 20 tenía clases ese lunes a la facultad. “Un disparate”, reflexiona Cristina. Tomás, titular de la cátedra conserva ese remordimiento de muchos acerca de no haber podido hacer otra cosa. Dice que se siente culpable de no haber levantado la cátedra.

Pasa el lunes, pasa el martes, ya es miércoles 4 de junio. Por la tarde Cristina lo llama por teléfono, son las 19:30, Roberto tenía su teórico a las 20.

“Le pregunto; ¿cómo estás?

Me dice bien.

– ¿Qué pasó?

– No, nada. No puede ser que esta situación nos pese tanto.

– Este fin de semana voy a mardel y te saco de ahí”.

Posteriormente Cristina supo que lo siguieron buscando, Roberto continuó con su actividad laboral, se fue a dar clases. La última.

Eduardo Larriera, compañero de cátedra, habitualmente los esperaba a la salida de las clases de Roberto en el bar “El machete” en las cercanías de la Facultad de Humanidades, pero ese día Eduardo tenía que ayudar con un trabajo a un alumno. Lo que sigue es difícil de precisar con exactitud, pero existe una versión que indica que Roberto salió de dar clases cerca de las 22 acompañado de una estudiante que estaba embarazada y que al percibir a un grupo de personas que venían hacia él, Roberto le dijo a la muchacha que se fuera que la cosa venía “pesada”. Maipú y Marconi, ahí lo secuestran, era la noche del 4 de junio de 1975. La moto de Roberto apareció por calle Libertad.

En la madrugada del 5 de junio de 1975 cerca de las 2:30 ingresan a la casa de Francisca Rovirosa de Sammartino, madre de Roberto, personas que se identifican como policías de una brigada especial. Atándola a ella y a su amiga Mónica Tomasic, luego de un tiempo de requisa, en donde decían buscar armas y solicitaban la dirección de Roberto, se retiran del domicilio, robando pertenencias de la familia. El grupo de tareas vestía ropas de civil y era comandado por una persona de unos 23 años, de estatura mediana, de tez blanca, cabellos cortos y que vestía campera o gamulán negro.  Una vez que las mujeres pudieron desatarse, Francisca llamó a su hermana para que fuese al domicilio de Roberto, en calle 14 de Julio 2142. Cuando llegó allí se encontró con que el departamento tenía la puerta abierta y estaba dado vuelta.

Con el correr de las horas, encuentran el cuerpo de Roberto, semiarrodillado en cercanías de la avenida Colón y la intersección de la calle 212, asesinado de unos 30 balazos con armas de guerra (calibres 9,25 y 11 mm) efectuados a corta distancia, de acuerdo a la autopsia realizada por el perito médico José María Di Lorenzo.

A Cristina le avisan que Roberto tuvo un accidente, un accidente con la moto y que estaba mal. Ella entró en crisis. Sabía qué tipo de accidente. De urgencia viene a Mar del Plata, era un día gris, diluviaba. En el viaje, pensó “ahora lo saco de la clínica y me lo llevo a España, llego y me lo llevo”. Al llegar a la ciudad, la clínica, era el velatorio de la calle Moreno. Nadie podía creer que estaba en ese cajón, no hacía 24 horas ellos habían estado hablando. El diluvio continuó durante todo el día, se decía que los de la CNU estaban en la esquina mirando. Poca gente se pudo acercar a despedir a su amigo y compañero, el temor era real. Recuerda Cristina: “Me quedé sola a la noche con él. La última noche que dormimos juntos, cajón tapado, la cara se le veía con el vidrio, tiro de gracia. No quedó nadie en la noche, él y yo. A la mañana diluvio, cementerio de la loma, estaba llena de nervios”.

En el departamento de 14 de Julio había dibujos y escritos de él con mucho humor. Los asesinos se encontraron con un cartel que decía “que lindo son tus dientes, me lo limpio con la multinacional”, haciendo una sátira de una publicidad de Odol. Esa es la prueba de subversivo.

La causa de Roberto Sammartino se cerró el día 14 de julio de 1975, un mes y unos días después del homicidio. Misma suerte corrían las muertes de varias otras personas asesinadas por la CNU. Este grupo, tenía poder dentro de la Universidad, el poder judicial y las fuerzas de seguridad.

Con la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad, se ha podido ir trabajando sobre algunos de los hechos mencionados. En una audiencia del año 2008, Alejandro Bolino, conocido de Roberto del ámbito de las motos, comentó que se enteró que a Roberto lo había asesinado la patota de la CNU, se refirió a las torturas que recibió en ese contexto.

De esas actuaciones judiciales, aparecen los archivos de Inteligencia de la Policía de Buenos Aires (DIPPBA) en donde figura un seguimiento documentado de las actividades y orientación política de Roberto. Existe un informe del subcomisario Manuel Assad, que da cuenta de la actuación de los hechos de noviembre del ´74 que relató Roberto. Se deja constancia de su vinculación con Ernesto José Tenenbaum, a quien describen como “elemento marxista de esta ciudad“. También hay un informe producido por el comisario Ernesto Orozco a cargo de la comisaría cuarta de Policía de Provincia de Buenos Aires, en el que se refiere a Roberto como elemento terrorista“.

Lo cierto es que, tal como reflexionan sus amigos, y lo que se desprende de las escenas vividas, a Roberto lo acribillaron cobardemente, los más grandes cobardes del aparato militar financiado con el ahorro interno del pueblo, que apuntaron -como siempre a lo largo de la historia- las armas contra ese pueblo.

Entre 2015 y 2016 se llevó a cabo el juicio por el secuestro y asesinato de “Coca Maggi y el 5×1” en donde se sentenció como delitos de lesa humanidad los cometidos por la CNU. Durante aquellas audiencias, en una oportunidad concurrió a testimoniar Tomás Grigera y Cristina Guzzo. Ambos estaban nerviosos, angustiados, había esperado mucho tiempo, hacía muchos años que no volvían a Mar del Plata. Los estábamos acompañando. Entonces se acerca antes de testimoniar y nos acerca un papel. Nos dijo: “No pude dormir, todos los recuerdos se venían a mí, así que escribí este Haikus”.

Miedos y goces

Cuarenta bramadores

Flotan olvidos

Moto guitarra

Poncho para cuidarte

Hombre amante

Enigmática

La muerte sorpresiva

Recuerda viva

Llora una mujer

Lamentos del amigo

Comparten dolor

Dos acompañan

Testigos vacilantes

Cuidan la verdad

Ciudad macabra

De las luces nombrada

Amar y odiar

Voces trémulas

Hablarán del pasado

Quiénes escuchan?

Hablan testigos

De un pasado oculto

Luz a la verdad

Haikus: poesía japonesa de estructura formal (tres versos de 5, 7 y 5 sílabas). Escritos la noche anterior al testimonio en el juicio por lesa humanidad con 13 inculpados (11 presentes) en Mar del Plata el día 15 de Febrero de 2016 por acontecimientos de hace más de 40 años atrás. Tomás Grigera.

***

Siempre aparece la pregunta sobre por qué lo asesinaron a Roberto. Creemos que buscar lógicas y no encontrarlas en el terrorismo de Estado es parte de los efectos de ese tipo de dispositivos de la perversión. En el sentido de que no siempre se puede establecer una explicación racional ante la acción generada desde la conjunción del ejercicio del poder y el odio hacia lo diferente. Creemos que Roberto tenía una serie de condiciones que para aquel entonces lo ubicaba como una persona molesta para ciertos órdenes. Y el hecho de que no fuera orgánico a ningún espacio político, no lo eximía de cuestionar a los sectores dominantes de la sociedad.

Se cumplen 45 años de aquel siniestro hecho, aún se espera Justicia, mientras aportamos nuestra parte a la Memoria y a la Verdad.

Esta publicación ha tenido por objetivo mantener la memoria viva de Roberto Sammartino en nombre propio y de todxs los compañerxs victimas del terrorismo de Estado. En un intento de contribuir en la construcción de la memoria colectiva que no borre sus nombres, sus historias. Rescatar estas historias implica aproximar procesos de justicia, y fundamentalmente hacer menos punzante el dolor de quienes sufrieron el terrorismo de Estado.

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