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04/10/2019

Un caso con múltiples historias de engaños, explotación y abusos

El “pastor” llegó al juicio acusado por trata de personas con fines de explotación laboral y abuso sexual.

Un caso con múltiples historias de engaños, explotación y abusos
(Fotos: archivo / Qué digital)

Engaños, aprovechamiento de situaciones de vulnerabilidad, control de la libertad, aislamiento de sus familias, persuasión para el aporte de recursos económicos, explotación laboral y abusos sexuales. Esas son solo algunas de las circunstancias por las cuales el “pastor” Isaías Hurtado comenzó a ser juzgado este viernes en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata tras permanecer detenido desde junio de 2016. Y las historias de las víctimas, que deberán pasar a contar sus vivencias por el debate, tal como ya lo hicieron a lo largo de la instrucción, exponen la crueldad en la que estuvieron insertas durante años.

Este viernes Hurtado -que permanece alojado desde aquel momento en Complejo Penitenciario de Ezeiza- y su pareja Patricia Padilla Coronado -que llega al proceso excarcelada– comenzaron a ser juzgados por los jueces Alfredo Ruiz Paz, Roberto Falcone y Mario Portella. En representación del Ministerio Público Fiscal actúa el fiscal general Juan Manuel Pettigiani, quien deberá reproducir la prueba incorporada en la etapa de instrucción.

La acusación contra los dos imputados se produce bajo los delitos de trata de personas con fines de explotación laboral agravado por el uso de engaño, fraude, violencia, amenaza y otros medios de intimidación y coerción, abuso de autoridad y de una situación de vulnerabilidad y concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de personas sobre las que se tuvo autoridad, por la cantidad de víctimas, por ser ministro o autoridad de culto, por la consumación de la explotación y –en algunos casos- por haber sido las víctimas menores de edad al momento de su captación con relación a 37 casos. A su vez, Hurtado llegó al debate también acusado por tres casos de abuso sexual, y uno en grado de tentativa.

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Una de las víctimas -a partir de cuyo testimonio se sumó también la acusación de abuso sexual contra Hurtado- expuso haber conocido el “Ministerio Apostólico y Profético Monte Zion” a principios de 2010 a través de la radio que mantenía de manera ilegal el acusado y explicó que se acercó al lugar junto a su pareja. Allí ambos conocieron a Hurtado, “el pastor”, y comenzaron a frecuentar los encuentros. Ya a fines de 2012 debido al nacimiento de su hija y dado que su pareja se había ido a vivir al templo -que funcionaba en O’Higgins 333– desde que trabajaba para la constructora de otro de los “fieles”, la mujer se mudó a una casa frente al templo.

De acuerdo a lo planteado en la causa, la pareja de Hurtado le daba a la mujer $50 por semana para los gastos de la niña. Por orden del “pastor”, junto a su pareja no pudieron elegir el nombre de la menor ni mantener relaciones sexuales. Asimismo, la víctima pasó alrededor de 6 meses sin ver a su padre ni a su madre, hasta el día de su cumpleaños. Y a raíz de la visita, Hurtado le llamó la atención por desobediencia.

En este marco, la mujer contó que por lo menos en dos oportunidades Hurtado la llevó a un hotel alojamiento y abusó sexualmente de ella al alegar que debía “obedecer la voluntad de Dios”. Producto de uno de los abusos, la víctima quedó embarazada y tras ello aprovechó un viaje de Hurtado para escaparse junto a su pareja.

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Otro de los casos, dentro de las 37 víctimas que son parte del juicio, es el de otra persona que llegó al “templo” en 2009 a partir de haber escuchado la radio. Hacia 2011, contó, Hurtado les exigió hacer “pactos” como juntar dinero porque iban a perder el terreno donde estaba la “carpa” del templo por falta de pago.  En este sentido, la víctima contó que si bien el pago “no era obligatorio”, Hurtado “hacía pasar vergüenza a quienes no lo hacían”.

 

Asimismo, la víctima relató que en su caso, Hurtado hizo que sacara un crédito en un banco y cuando fue a retirar dinero, él se lo quedó y solo le pagaron luego parte de las cuotas. También Hurtado le pidió que sacara pasajes en avión y hasta lo obligó a que solicitara una extensión de su tarjeta de crédito.

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Otra de las víctimas expuso que llegó al “Ministerio” junto a su familia en 2008, luego de escuchar la radio del “pastor”, y que recibió “fuertes presiones” para aportar económicamente bajo el argumento de que era “la voluntad de Dios”. Esa “presión” llegó a tal extremo que incluyó la transferencia de titularidad de una vivienda a partir de que el mensaje del “templo” era que “las propiedades había que ponerlas a los pies de Dios”.

Además, en su relato la víctima expuso que permanentemente sus movimientos eran estrictamente controlados por Hurtado, que tenía que rendir cuentas de todos los gastos y pedir permiso cada vez que quería salir. Hacia 2011, recordó que también le fue exigido que aportara dinero para adquirir el terreno en el cual se encontraba el “templo”. Y producto de una situación que se había vuelto insostenible, la mujer decidió irse junto a su madre del “Ministerio”, aunque eso le implicó cortar relación con un hermano, quien decidió quedarse con el “pastor”.

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Otro testimonio incorporado en la causa, fue el de una joven de 25 años que llegó a contar que tras llegar al lugar, además de pagar un “diezmo” y de realizar “ofrendas” a través de trabajo, tenía que aportar a la “congregación” el dinero que cobraba de la Asignación Universal por Hijo (AUH) por su hijo.

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En ese mismo sentido, una de las víctimas -una de las primeras en prestar declaración en el origen de la causa cuando estaba bajo la órbita de la Justicia provincial, luego pasaría a la esfera Federal por el tipo de delitos- contó que comenzó a concurrir al “Ministerio” en 2007 junto a sus hijos, pero expuso que a los dos años de estar allí notó presión y malos tratos del “pastor” con uno de ellos, y contó que los obligaban a contraer créditos y obtener tarjetas de crédito.

En este marco, la mujer declaró que Hurtado se presentaba “como un padre, que va a cuidarte y que su gente salía a ‘matar’ si era necesario para ‘cuidar a la gente de la congregación'”.  Asimismo, contó que en el “Ministerio” los “movimientos eran controlados y debían pedirle permiso para todo”. Y señaló que cuando empezó a alejarse del templo comenzó a recibir amenazas.

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La acusación contra Hurtado incluye, además de los delitos de trata de personas y reducción a la servidumbre, tres casos de abuso sexual, y uno en grado de tentativa. El hombre, de acuerdo a la acusación, sacó provecho al conocer la situación de vulnerabilidad que padecían las mujeres y de la sujeción emocional, psíquica y espiritual que había logrado sobre ellas. E incluso producto de uno de los casos de abuso, una de las víctimas tuvo un hijo y luego pudo salir del “Ministerio” junto a su pareja, también víctima y de quien se había tenido que separar por orden de Hurtado.

El fiscal que instruyó la causa, Nicolás Czizik, planteó que Hurtado concretaba los abusos Hurtado una vez que las víctimas ya llevaban cierto tiempo concurriendo al “Ministerio” y “acataban las diversas indicaciones que al les daba en lo atinente a su actividad diaria”. Es decir, señaló, “las víctimas no tenía posibilidad volitiva de sobreponerse” y remarcó que el acusado “lograba su cometido partiendo de la dominación psíquica que imponía sobre las víctimas utilizando su condición de ‘apóstol’ y haciéndoles ver que ‘dios le hablaba’ y ordenaba esas ‘relaciones’ sexuales”.

A partir de uno de los testimonios incorporados en la causa, se estableció que Hurtado “decía que dios lo había hecho a él el padre de las naciones, que él no le temía a nada ni a nadie ya que no había ser humano que pueda contra él y que hasta sus espermas estaban ungidos, por eso su descendencia era bendita y que la autoridad que dios le había dado a él lo pasaba a través de las relaciones sexuales, por eso él no estaba con cualquiera sino solo con quien dios le revelaba”.

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