Jueves 21 de noviembre | Mar del Plata
¡Seguinos!
29/09/2019

Subzona 15: el lechero que sobrevivió al secuestro, la tortura y un falso fusilamiento

En 1978, en Balcarce, Miguel Luis Molinari repartía leche que venía a buscar a Mar del Plata. Fue secuestrado y lo mantuvieron cautivo dos semanas. A 41 años, su relato en el juicio.

Subzona 15: el lechero que sobrevivió al secuestro, la tortura y un falso fusilamiento
(Fotos: archivo / Qué digital)

Pasaron 41 años del infierno que vivió durante dos semanas, pero Miguel Luis Molinari recuerda muchos detalles. El 20 de enero de 1978 fue secuestrado por las fuerzas represivas mientras cargaba en Mar del Plata la leche y otros lácteos que repartía en Balcarce. Desde ese momento, fue alojado en distintos centros clandestinos de detención y una y otra vez en diversas sesiones de tortura le preguntaron por su militancia en la Juventud Peronista. Unos diez días después, finalmente fue liberado tras haber sido brutalmente agredido y hasta expuesto a un “simulacro de fusilamiento” en la playa. 

Hoy, Molinari cuenta en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata desde abril del año pasado que pasó por diversos centros clandestinos de detención como “La Cueva” -donde se cruzó con Ledda Barreiro, hoy presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo Mar del Plata-y la Base Naval, narra la crudeza a la que era expuesto cada vez que lo hacían desnudar, lo subían a una camilla de chapa y le empezaban a dar descargas eléctricas con la picana hasta quedar cubierto de sangre y expone que hasta fines de 1980 siguió siendo perseguido y permanentemente controlado.

Durante poco más de una hora, Molinari, a sus 74 años, prestó declaración testimonial recientemente en el debate que tiene a 43 imputados por delitos cometidos en la Subzona 15 -ámbito jurisdiccional- y en los centros clandestinos de detención“La Cueva” y Base Naval y que contiene en total 272 hechos, de los cuales 133 víctimas se encuentran en calidad de desaparecidas, de 28 de ellas fueron encontrados sus cuerpos y 111 fueron liberadas en su momento luego de la detención ilegal.

Por el caso de Molinari en el debate se encuentran imputados Néstor Ramón Eduardo Vignolles y Raúl Enrique Pizarro por los delitos de privación ilegal de la libertad doblemente agravada por mediar violencia y amenazas lo que a su vez concurre materialmente con imposición de tormentos agravada por haber sido cometidos en perjuicio de perseguidos políticos.

El 20 de enero de 1978 Miguel Luis Molinari volvía de Mar del Plata hacia Balcarce luego de haber cargado su camión con leche y productos de El Amanecer, tal como lo hacía prácticamente todos los días. A la altura de la hoy conocida como rotonda del Hipódromo lo paró la policía, en un puesto fijo ubicado en esa zona, donde incluso algunas veces Miguel dejaba algunos litros de leche que le enviaban desde la fábrica a los efectivos.

Le pidieron los documentos y lo hicieron bajar a él y a su acompañante. “En ese momento varias personas se acercaron por atrás, me pusieron una capucha y esposas y las manos arriba del capot del camión”, relató el hombre ante preguntas de los fiscales Juan Pablo Curi y Julio Darmandrail, y recordó que tras ello él fue subido a un Falcon en el asiento de atrás, con un arma apoyada en su la cabeza. Lo mismo, pero en otro Falcon, ocurrió con su empleado que lo acompañaba en el camión.

En determinado momento, pararon en una garita, se identificaron, siguieron otro tramo y me bajaron en una escalera. A los tropezones me bajaron, me metieron en una habitación y en la habitación de al lado escuche que tenían al compañero que venía viajando conmigo. Sentía los golpes que le daban”, expuso Molinari y señaló que ya al poco tiempo identificó que estaba secuestrado en una base aérea por el permanente ruido de aviones y luego supo que eso era el centro clandestino de detención “La Cueva”.

Me llevaron a una habitación del frente, me hicieron desnudar, me subieron a una camilla de chapa y ahí empezó la tortura con la picana eléctrica. Preguntaban si conocía a una persona, si conocía a la otra. Insistieron, insistieron y en determinado momento uno dice que pararan que traían un aparato más fuerte. Y al rato trajeron otro, ahí si realmente me levantaban por el aire con cada descarga eléctrica en cualquier parte del cuerpo, en los ojos, en los oídos, en la nariz”, relató con crudeza y recordó cómo tras aquellas sesiones que se producían cada dos o tres horas de diferencia terminaba ensangrentado por las heridas provocadas.

En su relato, Miguel recordó que aquella primera jornada y la segunda fueron similares allí adentro y puntualizó que el domingo 22, ya en su tercer día de secuestro, escuchó que afuera había una especie de acto y que tras él un militar con rol de jefe fue el encargado de interrogarlo en la tortura. “En determinado momento se enoja muchísimo y me dice: ‘Casi me salpicaste el uniforme con sangre’“, rememoró.

En los interrogatorios, según recordó Molinari ante la consulta de la fiscalía, las preguntas se reiteraban en torno a que les diera información sobre dos personas que formaban parte de la estructura de la JP.

Otra de las escenas recordadas a lo largo de su exposición ante los jueces del Tribunal Alfredo Ruíz Paz, Mario Portela y Roberto Falcone fue que en su cuarto día en “La Cueva” un sacerdote -“o alguien que lo imitaba muy bien”- se le acercó, le levantó la capucha, le dijo que no abriera los ojos, lo bendijo y le “recomendó” que “contara todo lo que sabía si quería salir vivo”.

EL FALSO FUSILAMIENTO Y LA BASE NAVAL

Tras pasar por más interrogatorios en los que los represores demostraban conocer muy bien cómo estaba integrada su familia en Balcarce, a Molinari lo fueron a buscar a su celda, en lo que estima era su quinto día de secuestro, y le dijeron que se lo iban a llevar. Así, otra vez fue subido al Falcon y tras un momento de recorrida se encontró frente al mar, encapuchado. 

“Me dijeron ‘¡acá se terminó todo!’, sacaron una pistola, me la pusieron en la cabeza e hicieron como un simulacro de fusilamiento, pensé que me mataban. Pero después me volvieron a subir al auto y me llevaron a la Base Naval”, reconstruyó y contó que una vez llegado a su segundo destino fue dejado en una habitación en la que había unas 20 personas, también todas encapuchadas.

“Escuchaba que sonaba un teléfono y cuando atendía decían ‘Base Naval Mar del Plata”, indicó en su relató y estimó que en ese lugar lo mantuvieron dos días hasta que una noche, lo sacaron en un auto y lo trasladaron a lo que luego identificaría como la Brigada de Investigaciones, ubicada en Mitre al 2700.

Me llevaron a un calabozo en un sótano, me desnudaron y me dejan dos días ahí adentro; lo único que había era un recipiente de plástico para hacer las necesidades y me ponían un caldo para tomar”, recordó y luego reseñó que finalmente el 31 de enero se inició el fin del secuestro. Primero, lo hicieron pasar por una oficina donde un jefe hizo que una empleada pusiera en un expediente que había estado allí por “averiguación de antecedentes”.

LA LIBERACIÓN Y LA PERSECUCIÓN 

Tras ello, contó que fue subido a un auto Dodge y le anunciaron que lo iban a liberar. Pero antes lo trasladaron hacia el Grupo de Artillería Antiaéreo (GADA). “En el viaje me decían que ellos también eran peronistas pero que no hacían lo que hacíamos nosotros, que no me metiera en líos y en cosas raras”, recordó y puntualizó que el llegar al GADA lo hicieron tirarse en el pasto y lo dejaron como una hora con dos soldados apuntándole con sus armas hasta que fue recibido por un militar que se presentó como el coronel Mendiaz. “Me dijo que me iban a dar la libertad y que ya iba a tener noticias de ellos, que me portara bien y que pagara los impuestos”.

Así, volvieron a subirlo al Dodge y lo dejaron liberado en la zona de La Rioja y Luro, cerca de un comercio de un familiar, desde donde luego emprendió a vuelta al Balcarce.

Allí lo esperaba conocer el destino de su empleado: permanecía internado luego de haber sido liberado al día siguiente del secuestro, adentro de la caja del camión, en un camino rural cerca de Balcarce. Pero la persecución contra Molinari estaba lejos de terminarse. “A los dos días, cuando me estaba recuperando del shock, golpean la ventana del lado de la calle. Me pidieron permiso para entrar, se sentaron, sacaron una pistola y la dejaron arriba de la mesa y dijeron que querían hablar para ver cómo seguir a adelante y me dieron instrucciones“, expuso.

Y detalló que le ordenaron comunicarse con alguien de apellido “Figueredo” permanentemente. Cada semana tenía que reportarse y pedir permiso cuando quería alejarse de Balcarce. Mientras tanto,  Molinari siguió con su reparto de leche, y así advertía cada día cómo los militares lo controlaban cuando salía de su casa, cuando iba en la ruta y cuando llegada a la planta de El Amanecer. “Estaba permanentemente vigilado. Todo eso duró hasta fines de 1980 que se cortó abruptamente”.

El último recuerdo que eligió contar Molinari en su declaración en el juicio corresponde a cuando la democracia estaba de vuelta, hacia 1985, momento en el cual se animó a sacar el pasaporte. Es que el hombre contó que el de su familia fue expedido rápidamente mientras que el de él atravesó numerosas dilaciones. Hasta que un día fue convocado. “Me hicieron pasar a una oficina, con un oficial que iba con un legajo, y me empieza a interrogar sobre qué me había pasado. ‘Acá usted figura como desaparecido, como averiguación de paradero, en ningún momento se clarificó’, me dijeron y les conté que había sido secuestrado, sabiendo que ellos perfectamente estaban al tanto. Y me hicieron firmar un documento que decía que nunca había estado secuestrado por las fuerzas armadas ni por la policía“. 

Ver más: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,