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Dos novelas antillanas

Tres tristes tigres de Cabrera Infante y La guaracha del Macho Camacho de Luis Rafael Sánchez tienen la virtud del desparpajo y del juego con el lenguaje.

01/04/2019
 

Un puñado de escritores tuvieron el cartel internacional, durante la década de 1960, de “novelistas latinoamericanos”. El cuarteto compuesto por Vargas Losa- Fuentes –García Márquez- Cortázar opacó una producción menos comercial pero tan buena como la que se traducía y vendía por cientos de miles por todo el mundo. Obras de primer orden como las de Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Miguel Ángel Asturias (con Nobel incluido), Antonio Di Benedetto, Augusto Roa Bastos o Alejo Carpentier tuvieron menos atención de editores, críticos y público. En esa segunda línea de resonancia, se encuentran las originales y poco célebres novelas del cubano Guillermo Cabrera Infante y del puertorriqueño Luis Rafael Sánchez.

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La novela latinoamericana asumió el compromiso social. Hasta quienes luego se volvieron férreos defensores del liberalismo (Vargas Llosa) escribieron páginas rabiosas denunciando la opresión de los gobiernos. El otoño del patriarca; Yo, el supremo; Señor presidente; La fiesta del chivo; El recurso del método son algunas de las que componen el subgénero “novelas de dictador”. Textos con nobles temáticas pero deficiente factura (Huasipungo o La casa verde) demuestran que el tratamiento de los temas no alcanza para lograr una obra de arte que ponga en tensión un orden político. Solo algunos textos se aventuraron a discutir también las formas y buscaron en la materialidad del lenguaje una postura política rebelde.

 GOOD SHOW 

Blog QueLeer Guillermo Cabrera Infante

Guillermo Cabrera Infante (1929-2005) tuvo una vida política activa. Fue parte del círculo de escritores revolucionarios y, después del exilio inglés, se sumó a los contrarrevolucionarios. Le dieron el premio Cervantes en 1997. Su fama en la isla llegó por la crítica cinematográfica: en la mítica revista Carteles publicó unos lúcidos artículos firmados bajo el pseudónimo de G. Caín, la dictadura de Batista le había prohibido utilizar su nombre en las notas por considerar obscenos algunos de sus cuentos. Pero el salto internacional lo dio con su novela de 1967, Tres tristes tigres.

Cabrera Infante se propuso para TTT construir un mapa lingüístico de los registros del habla cubana. Una novela en la que el trabajo artesanal con el lenguaje sostiene toda la narración. Las diferentes voces se entrelazarán formando un relato fragmentado pero coherente. El comienzo marca el pulso de lo que vendrá; el presentador del Tropicana da la bienvenida:

Showtime! Señoras y señores. Ladies and gentlemen. Muy buenas noches, damas y caballeros, tengan todos ustedes. Good-evening, ladies gentlemen. Tropicana, el cabaret MÁS fabuloso del mundo… «Tropicana», themostfabulous night-club in the WORLD… presenta… presents… su nuevoespectáculo… its new show… en el que artistas de fama continental… whereperformers of continental fame… se encargarán de transportarlos a ustedes al mundo maravilloso… They will take you all to the wonderful world… y extraordinario… of supernatural beauty… y hermoso… of the Tropics… El Trópico para ustedes queridoscompatriotas… ¡El Trópico en Tropicana! In themarvelousproduction of ourRodneythe Great… En la gran, maravillosa producción de nuestro GRANDE, ¡RodericoNeyra!… «Going to Brazil»…Intitulada, Me voy pal Brasil… Taratará tarará, taratará tarará taratareo…Brazuilterradyenostrafelichidade…

El cabaret de los Estados Unidos. La arenga frenética del inicio delimita el marco temporal. Son los años previos al triunfo de los barbudos; las fiestas de playas, prostitutas y ron comienza a tensionarse. Nada mejor que el discurso social en acción para pintar el declive. El lugar del narrador lo ocupará, alternativamente, una mujer de los sectores populares, otra mujer de clase alta que asiste a terapia (nunca llega la voz del analista), un paparazzi que se obsesiona con una cantante de boleros negra y gorda o un dandy decadente que recorre la noche habanera y acelera su coche frente al malecón. La polifonía pone al lector en un rol activo.

También recoge el guante que Joyce arrojó en 1922. Escribe sobre la muerte de Trotsky imitando a los popes de las letras cubanas: como lo hubiesen hecho Martí, Carpentier o Lezama Lima. El trabalenguas del título es un anuncio de la búsqueda lingüística y ruptura con la solemnidad. La complejidad técnica es altísima. Cabrera Infante es un artesano del lenguaje.

TTT es una novela profundamente cubana. Suena a chachachá, a son, a rumba. Tensionó las formas narrativas, volvió elásticas las estructuras de la novela. Y fue una referencia para algunas obras posteriores.

 LA VARIANTE BORICUA 

Blog QueLeer Luis Rafael SánchezLuis Rafael Sánchez (1936) es actor y dramaturgo. Estudió en Columbia, Nueva York y Madrid. Su obra teatral y narrativa aborda la subordinación puertorriqueña a los Estados Unidos. Una postura marginal: históricamente, más del noventa por ciento de la población reniega de la independencia.La guaracha del Macho Camacho de 1976 fue su primera y más importante novela.

Hacia 1976, Sánchez había publicado ocho obras de teatro. Sus estudios y el incipiente prestigio estaban ligados a la dramaturgia. Pero el conocimiento fuera de la isla llegó con la novela. Sánchez leyó muy bien Tres tristes tigres. El desenfado propio de los pueblos del Caribe, vinculado al baile, al cuerpo, a la tradición africana, estaban puestos en escena con gran eficacia en la obra de Cabrera Infante.

La guaracha de un tal Macho Camacho, La vida es una cosa fenomenal, es el hit insoslayable. Los capítulos de la novela están separados por el anuncio de un locutor de radio que se desangra en comentarios zalameros sobre la canción. El senador Vicente Reinosa (siempre acompañado de un verso rimado: “Vicente es decente y buena gente”, “Vicente es decente y su conciencia es transparente”, “Vicente es decente y su talento es eminente”), su esposa (espera la consulta con el psicólogo) y el hijo Benny (está atascado con su Ferrari en un embotellamiento) representan a los sectores acomodados. La Madre o China Hereje, amante del senador, los sectores bajos. El narrador que conduce la novela es un prodigio: cambia de registro constantemente, entra en los personajes, le cede la narración a ellos, se aleja. La escena del cumpleaños de Benny es un buen pasaje de la versatilidad del narrador:

O SEA QUE ya yo, o sea que yo ya estoy grande para un party con cake y velitas y besitos sonorizados de Mami y besitos sonorizados de las amigas de Mami y cajas de pañuelos y corbatas y yuntas y estuches de Yardley y botellitas de AcquaVelva y baila con la nena de Betty y baila con la nena de Kate y baila con la nena de Mary Ann y baila con la nena de Elizabeth: exhortaciones cocidas en el caldero casamentero del mamismo por influencia de los censos poblacionales que aseguran la escasez crítica del género masculino y adelanta la soltería inapelable de cientos de miles de féminas. O sea que la cabeza se me hace un pantano cuando oigo, oigo, oigo, a Mami, a Mami, a Mami, que me dice, que me dice, que me dice, bajito, bajito, bajito: dile a tu amigo de la motocicleta que la rueda delantera de su motocicleta impide la inclinación natural de una de las ramas bajas de mis hortensias azules: trabajosamente logradas por el jardinero que hubo que comprar tierra de injerto en Pennock Garden; dile a tu amigo de la melena hirsuta que no tire las colillas en las zonas ajardinadas en donde crecen mis orquídeas negras y dile a tu amigo con facha de mecánico, con facha de gangster de Chicago, con facha di tenore, que no escupiteje tanto en los purrones donde crecen mis suspiros de bebé y dile a tu amigo con la mirada alelada que se separe del tronco débil de mi sauce llorón.

Las voces del inútil Benny que piensa en su cumpleaños, la de un narrador que se entromete con un análisis estadístico y la madre que recrimina a los amigos de Benny, se cosen con un trabajo artesanal muy delicado. Ninguna marca formal nos avisa de los cambios bruscos de narrador.

La estructura polifónica del texto da cuenta de los diferentes discursos sociales de una sociedad compleja, colonizada culturalmente, caótica. Nadie pone orden al relato; cuando descansamos en un narrador coherente, otras voces se cuelan para sofisticar la narración. El trabajo con la sonoridad de las palabras es deliberado: en voz alta, la prosa suena como una guaracha.

Tres tristes tigres y La guaracha del Macho Camacho son dos novelas populares no solo por las temáticas que abordan sino porque encarnan el barullo de las calles, las voces imperfectas, reales. Pero escapan del realismo llano porque el juego con el lenguaje es más importante que el objeto representado. Solo en la geografía de las Antillas podría haberse gestado semejante osadía verbal y rítmica.

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