Subzona 15: una pieza, cuatro nenes, un militar y una ametralladora

Testimonios de los hijos del médico Roberto Colomer y la socióloga Cristina Fernández, secuestrados junto a su tío, en su casa y delante de ellos, en 1977. Una madrugada de terror y súplicas al propio represor Emilio Eduardo Massera.

16/06/2019
Subzona 15: una pieza, cuatro nenes, un militar y una ametralladora
(Fotos: Marcelo Nuñez / QUÉ Digital)

La de la familia Colomer es una historia de horror, pero también de lucha persistente en busca de Justicia. Es una historia marcada por elementos demasiado crueles, que incluyen los recuerdos de cuatro nenes de entre ocho meses y siete años encerrados en una habitación con un militar armado mientras secuestraban a sus padres. Pero incluso contactos directos de un padre -militar retirado- desesperado por saber algo del secuestro de su hija, de su yerno y del hermano de éste último, con el propio represor Emilio Eduardo Massera. Es una historia atravesada por el dolor, sin dudas, pero también por el amor de una familia.

La socióloga Cristina Fernández, junto a su pareja Roberto Colomer –reconocido médico pediatra- y su cuñado Enrique Colomer –que estaba de paso en la ciudad- fueron secuestrados el 20 de mayo de 1977 en su casa de Mar del Plata. Allí estaban sus cuatro hijos, quienes 42 años después -este viernes- pudieron relatar el horror en el marco de una audiencia atravesada por la emoción dentro del juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo desde hace más de un año en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata y que tiene a 43 imputados por delitos cometidos en la Subzona 15 y en los centros clandestinos de detención conocidos como “La Cueva” y Base Naval. En este caso, la acusación recae sobre Jorge Luis Toccalino, exsubjefe del Grupo de Artillería de Defensa Antiaérea (GADA 601).

“Todos necesitamos que aunque sea después de 42 años se haga algo, porque el Estado fue el que los arrebató”, coincidieron en sus respectivas declaraciones los hermanos Mariano, Santiago, Julieta y Paula, hijos de Cristina Fernández y Roberto Colomer, y también su prima Julieta, hija de Enrique Colomer.

Roberto Colomer, Cristina Fernández –militantes de la Juventud Peronista- y Enrique Colomer fueron secuestrados en su casa de Rodríguez Peña 1266 el 20 de mayo de 1977 a las 6:30 de la mañana, en un operativo llevado adelante por militares, policías y personas vestidas de civil, todos con armas de fuego.

JUICIO SUBZONA - CASO COLOMER

Quien abrió la puerta esa madrugada fue Susana López, tía de Cristina Fernández, quien vivía con la pareja secuestrada. Los miembros del operativo le dijeron que llegaban para hacer una inspección al consultorio del doctor Colomer. Al ingresar, revisaron toda la casa, le indicaron a Roberto que tenían que hacerle un interrogatorio y le pidieron a su esposa que se vistiera porque lo tenía que acompañar. En ese momento, Enrique -hermano de Roberto, que estaba de paso en la vivienda, durmiendo en la habitación con tres de los cuatro hijos de la pareja- salió y al identificarse como el hermano del doctor, le manifestaron que “por las dudas” también tenía que acompañarlos. Mientras tanto, los hijos de Cristina y Roberto escuchaban y veían todo desde una habitación.

Roberto, Cristina y Enrique Colomer fueron alojados en la Brigada de Investigaciones y al día de hoy permanecen desaparecidos.

La historia, entre tantas aristas tan dolorosas, da cuenta que el padre de Cristina -Benjamín Fernández- era capitán de fragata de la Armada Argentina -estaba retirado- por lo que buscó y pidió ayuda a numerosas autoridades, entre ellos el propio represor Massera, con quien tenía relación. Ninguno le dio ni siquiera un dato sobre el destino de su hija.

La audiencia del juicio en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata incluyó este viernes la declaración del hermano de Cristina Fernández, quien vivía en Buenos Aires junto con sus padres, la pareja y la hija de Enrique Colomer, además de los cuatro hijos de Roberto y Cristina.

JUICIO SUBZONA  15 CASO COLOMER (3)

 CUATRO NENES Y UN MILITAR ARMADO 

Paula Colomer es la hija mayor de Cristina y Roberto y por eso fue quien pudo describir con mayor detalle -en un relato sumamente cargado de emoción- los recuerdos de aquella madrugada trágica que todavía están en su mente .

Paula contó que ni bien entraron a su casa, los militares los levantaron y a dos de ellos los obligaron a quedarse debajo de la cama: a ella le dieron a su hermano más chico, Mariano, que tenía ocho meses, para que lo tuviera en brazos.

“Un soldado estaba en el cuarto con nosotros, y mientras tanto veía cómo otro soldado y mi tía abuela tapaba como podía a mi mamá para que se cambiara y se pusiera ropa de abrigo. Me acuerdo de ver salir a los tres, mi mamá iba última. Soldados y policías que entraban y salían todo el tiempo de mi cuarto. Y después, fuimos corriendo a mirar por la ventana. Vimos cómo se subían y se iban”, expuso ante los jueces que encabezan el proceso, Mario Portela, Roberto Falcone y Alfredo Ruiz Paz, y ante las preguntas de la fiscal Eugenia Montero.

 Cuando se enteran que soy hija de desaparecidos una de las primeras preguntas es ‘¿Qué hicieron?’. Y no hicieron nada. Y nadie en este mundo, nadie, se merece que lo secuestren, que lo torturen, que lo violen y lo maten. 

La mujer recordó que todo el tiempo se mantuvo junto a ellos una persona armada en la habitación hasta que se fueron y quedaron con la tía de su mamá, que rápidamente cruzó a lo de un vecino a llamar al padre de Cristina –tal como ella le había pedido al ser llevada por los militares-, dado que antes de irse, los militares habían cortado el teléfono de la casa.

Uno de los tramos más emotivos de su relato fue cuando contó que durante años tuvo un bloqueo mental sobre sus recuerdos de lo ocurrido aquella madrugada y expresó que pasados algunos años, y pese a que sus abuelos le habían dicho que sus papás se habían ido de viaje, un día se miraron con su hermana –que al momento del hecho tenía cinco años- y empezaron a relatar cada una de las cosas que habían vivido esa madrugada.

“Me enteré de grande que mi abuela era una de las primeras que iba a dar la vuelta a la Plaza de Mayo”, valoró respecto a su abuela y recordó que su abuelo, capitán de fragata retirado, fue a pedirle ayuda hasta a Massera, pero nunca obtuvo resultados.

“Es, fue y seguirá siendo muy doloroso. La sociedad todavía no está preparada. Cuando se enteran que soy hija de desaparecidos una de las primeras preguntas es ‘¿Qué hicieron?’. Y no hicieron nada. Y nadie en este mundo, nadie, se merece que lo secuestren, que lo torturen, que lo violen y lo maten. Y que no se sepa nada de ellos”, cuestionó respecto a los sentimientos que atravesaron y atraviesan su vida.

“Es una incertidumbre que te acompaña en el día a día, vas creciendo, vas teniendo hijos y siempre te viene eso, que fueron torturados, que fueron violados, que no sabés nunca más nada de ellos; ese sufrimiento, ese dolor sigue estando. Y recién 42 años después podés hacer algo”, sumó con referencia al juicio.

Sin embargo, Paula también mostró su malestar respecto a una escena que se repite en cada una de las audiencias: los acusados de tan terribles crímenes no están presentes, sólo lo hacen sus defensores: “Me da mucha bronca que no estén acá escuchándonos, ellos provocaron un dolor irreparable, por órdenes, por placer, por lo que fuere, no les deseo ni a ellos que les pase lo que les pasó a mis padres y a mi tío. Pero sí me encantaría que estén escuchando el sufrimiento y el dolor de estos 42 años de cada uno de nosotros”.

JUICIO SUBZONA  15 CASO COLOMER  Cristina Fernández y Roberto Colomer

 “LA JUSTICIA TIENE QUE DECIR MUCHO” 

Julieta tenía cinco años cuando delante de ella se llevaron secuestrados a sus padres y a su tío. “Tengo un recuerdo que quedó grabado en la memoria y en el alma”, expuso.

Y así recordó haberse levantado aquella noche, haber ido hasta la puerta de la habitación y que un militar con una ametralladora colgada le acariciara la cabeza y le dijera: “Qué linda que sos, andate a la cama”.

“El duelo fue toda la vida, porque lo que se llevaron esa noche fue tanto que es difícil decirlo en palabras, porque nuestras vidas quedaron atravesadas”, expresó y sumó: “Agradezco a Dios que exista esto, a pesar de que uno viene trabajando y sanando desde lo interno, esto no nos pasó solamente a nosotros, esto le pasó a la sociedad argentina y le pasó a la humanidad porque las cosas que pasaron no pueden pasar. La Justicia tiene que decir mucho sobre lo que pasó”.

Todos necesitamos que aunque sea después de 42 años se haga algo, el Estado fue el que los arrebató.

Así, Julieta destacó la figura de sus padres al recordar que Roberto atendía en las clínicas a quienes incluso no podían pagar la consulta y que les daba dinero para que se compraran los medicamentos y que Cristina permanentemente estaba dispuesta a donar todo lo que pudiera. “Eran personas muy nobles, muy generosas que creían que cada uno desde lo suyo tenía que hacer algo por los demás”, graficó.

Asimismo, la mujer destacó haber podido encontrar una “red de contención y de amor” en sus abuelos y el resto de los familiares para poder haber podido llegar hasta este momento del juicio: “Todos necesitamos que aunque sea después de 42 años se haga algo, el Estado fue el que los arrebató”.

 “MI VIDA EMPIEZA ESE DÍA” 

Santiago tenía tres años aquella madrugada del 20 de mayo de 1977. Su testimonio ante los jueces no dejó ni durante un minuto de estar atravesado por las lágrimas.Mi vida empieza ese día, ese día se prende el televisor de mi vida”, enfatizó una y otra vez, en una declaración que se vio marcada por el dolor de revivir todo aquello, pero también por el agradecimiento de poder estar contándolo ante la Justicia, aunque sea tantos años después.

“Esa mañana yo estaba durmiendo con ellos en su cama, me habían construido un sonajero con una lata en la que venían las gazas. Yo con ese sonajero esa noche no dejé dormir a nadie y de penitencia me llevaron a dormir con ellos y esa mañana la recuerdo perfectamente. Recuerdo claramente cómo entraron los hombres, tenían armas, vinieron a llevárselos”, expuso y señaló imágenes que quedaron grabadas en su mente, como haber visto a los militares parapetados en los techos de la casa.

Asimismo, relató el dolor que implica el paso de los años y el recuerdo permanente de cada uno de los momentos de su infancia, vivida con sus abuelos. “No puedo decir que tuve una vida difícil o una infancia complicada porque tuvimos a la familia, que nos hicieron transcurrirla de la mejor manera posible, pero siempre sí estuvo la soledad, el no tenerlos, el extrañar”, expresó y lamentó: “Mis recuerdos empiezan con ellos yéndose”.

También destacó el cuidado de sus abuelos y el sufrimiento que ellos debieron atravesar: “Mis abuelos dieron su vida por nosotros. Y las consecuencias para ellos fueron tremendas, especialmente para mi abuelo, el papá de Cristina, él no pudo aceptar nunca lo que sus propios camaradas le decían. Estuvo 17 años postrado en una cama a causa de todo esto que tuvo que vivir, porque sus propios camaradas le hicieron eso. No pudo hacer nada para poder ir a buscarla, para poder rescatarla”.

Y sobre el cierre, agradeció poder contar todo lo vivido ante una “tan tardía Justicia”. Lo mismo previamente hizo Mariano, el menor de los hermanos y uno de los impulsores de que la familia haya llegado hasta el juicio en su lucha por lograr, de una vez por todas, que haya justicia.

JUICIO SUBZONA  15 CASO COLOMER  Mariano Colomer

Mariano centró su declaración en hacer un repaso por aquellas cosas que pudo reconstruir de la vida de sus padres, como que empezaron militando con el padre Carlos Mugica en Capital –sus hermanos fueron bautizados por él en la Villa 31-, que después tuvieron su militancia en las bases peronistas y que vivieron durante algunos años en Carlos Paz, Córdoba, donde su padre llegó a ser concejal en 1973 por el Frejuli (Frente Justicialista de Liberación). Desde allí fue que llegaron a Mar del Plata luego de que en 1974 les balearan la casa.

“Me gustaría resaltar el hecho de que estemos acá en la lucha, todo lo que hicieron mis compañeros de militancia y todos los organismos de derechos humanos que al día de hoy seguimos reclamando memoria, verdad y justicia”, destacó.

 UNA BÚSQUEDA Y MUCHA CRUELDAD 

Jorge Fernández, hermano de Cristina y cuñado de Jorge, fue el primero en prestar declaración y en reconstruir cómo fue el hecho a partir del relato de su tía –hoy fallecida- que vivía con la pareja y, fundamentalmente, cómo fue la búsqueda por los más diversos lugares y ante diversas autoridades militares que terminaron con el mismo resultado: ninguna información sobre el destino de Cristina, Roberto y Enrique

“Mi papá era marino, capitán de fragata en la Armada. En ese entonces cuando entraba un cadete a la marina en primer año le asignaban un cadete de quinto año en la escuela naval que le llamaban ‘padre’, que era quien les enseñaba toda la actividad. Miren qué importante, Massera era el ‘hijo’ de mi padre. Es decir, había una relación directa entre mi padre y Massera. Nos había tenido en brazos a nosotros cuando éramos chiquitos”. Esa fue una de las primeras definiciones de Jorge para luego contar hasta dónde pudieron llegar con la búsqueda, aunque sin resultados.

Uno de los primeros recuerdos de Jorge, que vivía en Buenos Aires junto a sus padres, fue que antes de venir para Mar del Plata ante el aviso del secuestro de Cristina fue junto a su padre al Ministerio de Justicia. “El ministro de Justicia, Julio Gómez , era el hermano de Adolfo Gómez, marino compañero de mi papá. En esa reunión estaban todos armados”, recordó Jorge ante los jueces y lamentó que pese a haber tenido muchas reuniones como esa nunca supieron “nada de nada”. “Oficialmente jamás se nos explicó lo que había pasado y lo poco que sabemos, los sabemos extraoficialmente”, expresó.

En su llegada a Mar del Plata, Jorge y su padre recorrieron la Base Naval, comisarías y otras sedes militares, también sin conseguir ninguna información.

JUICIO SUBZONA  15 CASO COLOMER  Jorge Fernandez

A los cincos días del hecho, un llamado telefónico anónimo le dijo a la tía de Cristina que era una mujer, que había estado en una celda contigua a la de Roberto, que él, su pareja y Enrique estaban en la Brigada de Investigaciones de Mar del Plata y que había pedido abrigo.

Entonces, Roberto contó que rápidamente su padre y su madre fueron hasta allí, pero les negaron la presencia. Pasado el tiempo se enteraron que quien había llamado a la tía de Cristina con esa información era una compañera de trabajo suya quien había conseguido ese dato a partir de su hijo, que se desempeñaba en la Brigada de Investigaciones y que había reconocido a Roberto ya que alguna vez había atendido a su hijo.

En su declaración, Jorge relató que cuando volvió junto a sus padres a Buenos Aires –y con los hijos de Roberto y Cristina- fueron a entrevistarse con Massera por aquella relación de “padrinazgo” que había existido en la escuela naval. Sin embargo, no obtuvieron ninguna información.

No podíamos creer lo que se decía, no podíamos creer que gente que era como mi viejo y los amigos, que venían a mi casa, pudieran permitir semejante barbaridad”, lamentó Jorge y se cuestionó el hecho de, en su momento, no haber tomado mayor magnitud de lo que ocurría. “En una fiesta un compañero de mi padre me dijo que si no fuera capitán de navío él tendría que estar inyectando a las personas”, graficó

“No puedo creer lo que ha pasado, es inexplicable, a qué ser humano le puede caber en la mente asesinar y hacer desaparecer a una madre con cuatro hijos”, expuso y destacó que su madre tuvo una “reacción más realista”, que se imaginó “lo peor” desde el primer momento y que fue una de las primeras madres en concurrir a Plaza de Mayo.

'AHORA LES TOCA A USTEDES, SEÑORES JUECES, HAGAN HISTORIA'

Sobre el final de la audiencia, la hija de Enrique, María Julieta Colomer, también prestó su testimonio, y lamentó sólo tener fotos del tiempo compartido con su padre ya que debido a su corta edad en aquel entonces no tiene recuerdo de lo vivido. “Así como tampoco hubo posibilidad de hacer un duelo, de compartir la vida para después comprender la muerte”, graficó.

JUICIO SUBZONA  15 CASO COLOMER  Julieta Colomer

De esta manera, expresó que a los familiares también les han negado esa posibilidad de cerrar el círculo, de poder hacer el duelo. Y así dijo querer expresar ante los jueces una reflexión: “No sólo no conocía a mi papá sino que padecí una infancia y una adolescencia con el murmullo permanente de que los desaparecidos algo habrán hecho, por algo los secuestraron, por subversivos y terroristas; una sociedad que condenó a los desaparecidos al olvido y que consensuó la impunidad y el silencio”.

“Cuarenta años después, los sobrevivientes, los familiares de los desaparecidos tenemos la posibilidad de contar otra historia, que no es justamente la de personas que fueron subversivas, terroristas o delincuentes, tenemos la posibilidad de contar sus historias de vida, que tuvieron sueños, que tuvieron proyectos, que tuvieron ideas. Para mí eso es muy importante porque significa recuperar la imagen digna de mi padre, de mi tío y de mi tía como de los otros desaparecidos”, expresó y entendió que “la riqueza de estos juicios es darnos la posibilidad de que contemos esas historias, que salgan a la luz, que san visibles, porque fue ocultada, fue borrada”.

“Mi papá tuvo una vida que le fue arrebatada a sus 29 años”, señaló y sumó: “Quiero rescatarlos como personas dignas, que tuvieron sueños, proyectos, que les importaba el otro, que tenían valores de solidaridad, de compromiso”.

Y describió: “Mi papá llegó a esta ciudad trayendo libros de arte. Mi tío Roberto era pediatra. Cuando terminaba de trabajar en el Instituto Nacional de Epidemiología (INE) atendía en su casa a pacientes de manera gratuita. Mi tía Cristina cuando trabaja en la Municipalidad (de Carlos Paz) les hablaba a sus compañeros del peronismo hasta que llegó el día en que tomaron la Municipalidad. Esto habla de cómo esa generación entendía el compromiso”.

Además, en otro tramo de su mensaje, remarcó: “Los sobrevivientes, los familiares y los organismos de derechos humanos hemos recorrido un largo camino para llegar a estos juicios, que tuvo muchos obstáculos. Tuvo el silencio en primera instancia. Hemos recorrido este camino para tener memoria, para que haya verdad y para que haya justicia. Hemos inventado múltiples estrategias para desterrar del olvido a nuestros seres queridos. Y hemos señalado la responsabilidad del Estado en su accionar terrorista y de los empresarios que fueron cómplices”.

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Y cerró: “Cuando no había palabras que pudieran nombrar semejante devastación, lo impensado de este crimen, las inventamos, construyendo colectivamente sus significados con los que sostenemos la lucha por memoria, verdad y justicia. Ahora les toca a ustedes, señores jueces: ¡Hagan historia!”.

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