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16/03/2019

Tras 42 años, recuerdos del secuestro de Carlos Waitz en plena función

Los hermanos y compañeros del actor secuestrado en enero de 1977 en el teatro “La Botonera” relataron el dolor vivido en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad que continúa en la ciudad.

Tras 42 años, recuerdos del secuestro de Carlos Waitz en plena función

En la función de la obra “Israfel” que se desarrollaba en la noche del 26 de enero de 1977 en el Teatro La Botonera (de Rivadavia al 3100) Carlos Waitz esperaba sentado sobre una escalera del costado del escenario el momento de ingresar a la escena del cierre. De repente, afuera de la sala estacionó un Falcon con cuatro hombres armados, se bajaron, dos de ellos entraron –uno con un arma larga abajo del saco-, comenzaron a caminar de frente al escenario, desde donde se percibían pasos y el sonido de un llavero que se movía, y sin alterar el clima de la obra ingresaron por una puerta del costado, preguntaron por Waitz y se lo llevaron secuestrado, maquillado y vestido listo para salir a escena. Previamente habían ido a buscarlo a su casa –adonde estaba sola su hermana de 13 años- y a la farmacia de su familia.

Aquellas escenas de dolor y horror fueron relatadas y detalladas por sus hermanos y compañeros de teatro en el marco del juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en el Tribunal Oral Federal  de Mar del Plata desde abril del año pasado y que tiene como acusados a 43 represores. En el debate se ventilan 272 hechos cometidos dentro de la Subzona 15 y en “La Cueva” y la Base Naval, de los cuales 133 víctimas se encuentran en calidad de desaparecidas, de 28 de ellas fueron encontrados sus cuerpos y 111 fueron liberadas en su momento luego de la detención ilegal.

Uno de los 272 hechos y de los 28 en los que aparecieron los cuerpos de las victimas es el secuestro del actor Carlos Alberto Waitz, además estudiante de derecho y cajero en la “Farmacia Waitz”, propiedad de su familia.

María Waitz, la hermana de Carlos, tenía 13 años al momento del hecho. Aquel 26 de enero de 1977 estaba sola en su casa cuando varios hombres armados comenzaron a  golpear la puerta y las ventanas. “Abrí y todas esas personas entraron armadas, con armas grandes, entraron directamente y se esparcieron por toda la casa, caminaban, buscaban, preguntaban quién vivía ahí, qué hacía yo”, recordó la mujer al declarar ante los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Alfredo Ruiz Paz.

“Yo les decía que estaba sola, me preguntaban nombres de cada uno y dónde estaban”, relató y sumó que en un momento la dejaron encerrada en el baño y se fueron todos hacia la farmacia, en busca de su familia. “Al rato volvieron a mi casa otra vez y dijeron que la farmacia que yo les había dicho estaba cerrada, que no había nadie”, siguió con el relato y señaló que tras algunos momentos y al conocer que su hermano era actor varios de los hombres volvieron a irse, pero esta vez al teatro donde Carlos Waitz estaba actuando.

María contó que cuando llegaron sus padres y su hermano Fernando de la farmacia todo era “desesperación por decidir qué se podía hacer”. “Estábamos ahí encerrados y no podíamos hacer nada”, lamentó.

Luego de un tiempo, llegó un llamado a la casa desde el teatro “La Botonera” que advertía que cuatro hombres armados habían irrumpido y se habían llevado a Carlos.

La declaración de la mujer en el juicio se vio interrumpida en algunos tramos ante la emoción, el dolor y la tensión que le generaban los recuerdos. Antes, su hermano Fernando  -que al momento del secuestro de Carlos tenía 19 años- había expuesto ante los jueces que María “fue la que más sufrió porque al día de hoy se culpa por haber dicho que Carlos era actor y que estaba en el teatro”.

Fernando recordó que cuando llegaron a su casa y se encontraron con ese panorama todos se quedaron “sin poder decir absolutamente nada”. “En eso suena el teléfono y avisan que a Carlos se lo llevaron. A partir de ese momento la vida de todos cambió”.

Y, en otro tramo de su declaración, describió a su hermano como un “idealista” y si bien afirmó que “simpatizaba con cierta ideológica política” era “imposible que estuviera en alguna actividad política dura como en esa época”.

En su exposición ante los jueces, el hombre reparó en numerosas ocasiones en el  “daño psíquico” generado en su familia, en el “dolor” provocado a lo largo del tiempo y en lo que calificó como “la destrucción de la familia, como fue la destrucción de un país”.

En este sentido, destacó que su mamá fue quien “movió cielo y tierra” hasta que finalmente los restos  de Carlos fueron recuperados e identificados en 2010 por el Equipo Argentino de Antropología Forense en un cementerio municipal de Avellaneda. “El día que recibió la información de que habían encontrado el cuerpo, mi mamá vivió su último tiempo de otra manera, volvió a reírse de nuevo”, señaló Fernando Waitz.

 LA ÚLTIMA ESCENA SIN CARLOS WAITZ 

Juan Vitali estaba sobre el escenario con una compañera cuando comenzó a percibir pasos que se acercaban desde el lado del público y empezó a escuchar el sonido de un llavero que retumbaba a medida que avanzaban los pasos. Después oyó una puerta que se abrió al costado del escenario, mientras su compañera salía de escena y él permanecía.

“Lo que le pasa a una persona sigue en el cerebro, no se muere nunca, sigue sucediendo hasta que algo sucede y lo limpia, pero esto no se limpia nunca”, expresó Vitali el interrumpir por algún momento su relato en el juicio, visiblemente conmocionado por sus recuerdos.

Esos recuerdos son algo difusos como lo que percibió en aquel momento en que se acercaba la escena final que compartía con Carlos Waitz mientras, sin que él lo supiera, se lo llevaban en un Ford Falcon al momento en que esperaba para subir al escenario.

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Graciela Spinelli integraba el elenco y estaba esa noche a cargo de la dirección de la obra, y sumó su testimonio en el juicio. “Me vinieron a avisar que habían entrado cuatro personas armadas, en un Falcon con una chica adentro, y que habían venido a buscar a Carlos Waitz y que entraron dos a la sala y se lo llevaron”, expuso la mujer.

En este sentido, relató que se vistió y rápidamente mientras la obra seguía desarrollándose salió a la calle, donde los dueños del teatro le confirmaron que se habían llevado a Carlos. “Los dueños les pidieron que no entraran armas porque había público, de hecho entraron dos, uno escondió su ithaca debajo del saco”, recordó y también relató: “Carlos estaba vestido para entrar, sentado en una escalera, del lado izquierdo del escenario, lo nombraron, le dijeron ‘acompáñenos’ y se lo llevaron”.

Vía teleconferencia María Roux sumó su testimonio en el debate. Ella era amiga de Carlos y aquella noche estaba en la boletería cundo vio llegar el Ford Falcon. “Vi estacionar el Falcon, vi bajar a varios hombres con ametralladoras, que entraron al teatro. El estado de terror que generaban impidió que hiciera nada, me quedé y en ningún momento pensé que a quien venían a buscar era a Carlos”, rememoró y señaló que cuando se fueron lo primero que hizo fue llamar a la casa de Carlos, y así les dio la noticia a los padres y hermanos.

Cuando la obra terminó, y luego de que en la escena final un compañero reemplazada a Waitz mientras Spinelli le dictaba la letra escondida en el decorado, todos fueron a la comisaría primera a radicar la denuncia. Y Spinelli recordó: “Me atendió un oficial muy joven, y me dijo que no me iba a tomar la denuncia, yo insistí, y me dijo ‘te estoy haciendo un favor, no te voy a tomar la denuncia’”.

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