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13/03/2017

Trata laboral: una historia de explotación en la “Quinta Gareca”

Un hombre y una mujer fueron procesados por la Justicia. Nueve víctimas, dos menores, fueron rescatadas en Sierra de los Padres. La investigación comenzó cuando una chica de 15 años escapó y contó lo vivido desde que llegó de Bolivia.

Trata laboral: una historia de explotación en la “Quinta Gareca”
(Foto: ilustrativa / QUÉ Digital)

María -que no se llama María- tenía 15 años cuando el 3 de marzo del año pasado decidió ponerle fin a una historia de explotación, amenazas y violencia. Ese día se escapó de la quinta conocida como “Gareca”  para no volver nunca más. Aquel día fue encontrada por un taxista llorando en el centro de Mar del Plata, y el trabajador la llevó hasta la sala de Salud de La Peregrina, ya que confiaba en una médica que allí la atendía. A partir de ese momento, fue alojada en el Hogar Gayone y poco después pudo volver a Bolivia, desde donde había llegado para ser explotada dos años atrás. Y en paralelo una denuncia penal derivó en una investigación a cargo de la Justicia Federal, que la semana pasada llegó hasta el procesamiento de un hombre y a una mujer, responsables de la quinta, luego de haber rescatado a nueve víctimas de trata laboral.

 EL INICIO 

El curso judicial que derivó en el procesamiento de Toribio Jesús Gareca Gutiérrez –con prisión preventiva- y de Lucrecia Arenas Baldiviezo, se inició el 4 de marzo del año pasado cuando una médica de la Sala de Salud La Peregrina se presentó ante la Justicia provincial y contó que seis meses atrás había atendido a una chica de 15 años por un dolor en la garganta y que desde allí comenzó a realizarle un seguimiento ya que era “muy sumisa” y le había manifestado que tenía ganas de estudiar pero sus hermanos no la mandaban a la escuela.

La menor estaba en Mar del Plata desde los 13 años y vivía junto a tres hermanos, una cuñada y dos hijos menores de uno de sus hermanos. Según aquel relato, la adolescente trabajaba en una quinta durante 14 horas todos los días, realizaba los quehaceres de la vivienda, se encargaba del cuidado día y noche de los dos sobrinos menores, no iba a la escuela y tenía prohibido salir ya que si desobedecía esas órdenes sus hermanos mayores la agredían verbal y físicamente y hasta la amenazaban de muerte.

Según consta en el expediente que tramita el Juzgado Nº3 de Santiago Inchausti, esa presentación ante la Justicia fue realizada porque el día anterior, el 3 de marzo, la chica había sido llevada a la sala de salud por un taxista que la encontró llorando en el centro de Mar del Plata. En aquella oportunidad lo que María hizo fue pedir no volver a la quinta. De esta manera, con intervención de una asistente social, el Tribunal de Familia Nº 6 ordenó una medida de abrigo y fue llevada al Hogar Gayone, donde permaneció por catorce días hasta que una hermana viajó a Argentina para retirarla bajo su guarda y volver a Bolivia.

 LA CAUSA 

A partir del avance de las tareas desarrolladas, la Justicia identificó que el lugar en cuestión era la “Quinta Gareca”, ubicada a tres kilómetros de la Ruta 226, kilómetro 17.7 en el Pasaje El Coyunco, Sierra de los Padres. Además, dispuso allanamientos en otra quinta ubicada enfrente además de en una casa de Mar del Plata y otra de La Matanza.

En esos procedimientos se verificó la existencia de varias personas en la misma situación y condiciones de explotación, entre las cuales había dos menores de edad, uno de ellos con una situación migratoria irregular. Asimismo, se identificó que estas personas se encontraban bajo las órdenes de Toribio Jesús Gareca Gutiérrez y Lucrecia Arenas Baldiviezo, por lo que ambos fueron detenidos. Finalmente, el pasado 7 de marzo el juez Inchausti procesó al hombre –con prisión preventiva-  y a la mujer.

Gareca Gutiérrez y Arenas Baldiviezo están acusados de ser coautores del delito de trata de personas con fines de explotación laboral, agravado por la cantidad de víctimas, por el abuso de su situación de vulnerabilidad, por haberse consumado la explotación y por haber sido cometido en perjuicio de menores de edad –3 hechos  siendo un total de 9 hechos -4 hechos sólo bajo la modalidad de acogimiento y 5 bajo las modalidades de captación, traslado y acogimiento- que concurren en forma real entre sí y que a su vez concurren idealmente con el delito de haber facilitado la permanencia irregular de una persona extranjera en el territorio nacional, doblemente agravado por abusar de su necesidad y por tratarse de un menor de edad .

 CÓMO VIVÍAN 

De acuerdo a la investigación, en la quinta se realizaban tareas agrícolas dedicadas a la producción y cultivo de verduras como lechuga, radicheta, choclos, acelga, remolacha, repollo, verdeo, entre otras, que luego se encargaban de vender sus responsables a distintos compradores. Las víctimas -dos de ellas de 17 años- se encargarían de todas las tareas generales, como siembra, riego, cosecha, carpís, carga, entre otras.

“Surge de la pesquisa que las ocho personas que prestan servicios en las quintas corresponde a trabajadores en negro, clandestinos o no registrados, es decir a trabajadores sin contrato escrito, que no reciben comprobante alguno de lo que perciben por sus tareas, pudiendo afirmarse que en el lugar existe explotación laboral”, afirmó el juez en el procesamiento, y señaló que se verificó “la extensión abusiva de las jornadas laborales, la falta de horas y días de descanso, la manipulación sin elementos de seguridad adecuados y la existencia de trabajo ilegal o migratorio y de personas menores de edad”.

Por otro lado, los investigadores sostienen que todos los trabajadores tienen procedencia boliviana, y previo a aceptar este trabajo se hallaban en condiciones de vulnerabilidad atravesando una mala situación en su país de origen, adonde iban los imputados a ofrecerles trabajo y el pasaje en algunos casos, que luego les era descontado de su trabajo.

Además, hacen hincapié en el “deterioro de las condiciones de vida” ya que no contaban con agua corriente en los baños, los que a su vez se encontraban afuera de la habitación donde dormían. “Se trata de precarias construcciones de madera y chapa, algunas con colchones sobre cajones de maderas, con instalaciones eléctricas inestables, con escasa luz, sin ventanas y/o ventilación”, puntualizaron.

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