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08/02/2015

Villa de Paso: la costumbre de vivir entre promesas

A once años de anunciado el traslado, hay 80 familias que todavía habitan en el asentamiento. “A fin de año se termina”, es la frase de los funcionarios que Santos del Rosario Ávila, como tantos vecinos, escucha cada año.

Villa de Paso: la costumbre de vivir entre promesas
(Fotos: Lucho Gargiulo)

Jueves 15 de enero. El ministro de Infraestructura bonaerense, Alejandro Arlía, y el intendente Gustavo Pulti inauguran 30 cuadras de asfalto en el barrio Las Heras. Anuncian la firma de un acta compromiso entre la Provincia, el Municipio y la Asociación Civil “Trabajar” para la construcción de más viviendas “que permitan la erradicación definitiva de la Villa de Paso”.

El plan de viviendas para la erradicación de la Villa de Paso -delimitada por las calles Paso, Larrea, Lamadrid y Alsina, en el barrio San Carlos- comenzó a desarrollarse en 2004. Por aquel entonces se hablaba de un plazo de 180 días. Once años después, hay unas 80 familias que todavía esperan, que llevan años de espera, que llevan una vida entera de espera.

En la esquina de Vieytes y Las Heras vive Santos del Rosario Ávila: 73 años, jubilada luego de trabajar en pesqueras y hoteles. Hace 32 años que habita en la villa, desde que compró un ranchito de chapa y cartón a cambio de un equipo de música más 200 pesos. Hoy ese ranchito es una casa precaria desarrollada a base de muchos años de esfuerzo: un comedor, una cocina, una habitación y dos baños: uno clausurado porque se hundió el piso y uno nuevo que le armó hace poco su hijo. Es que en la parte de atrás de su vivienda, el terreno comenzó a ceder.

Santos del Rosario Ávila fue una de las primeras vecinas en ser censadas cuando se anunció la relocalización de las familias de la  villa. Pero hoy sigue esperando y no sabe si algún día la trasladarán. Su nueva casa debería ubicarse en el predio de la zona de 180 y Juan B. Justo. Ahí fue trasladada hace unos años su hija con seis hijos, quienes antes vivían con ella.

“Me cansé de ir a la Municipalidad”. Santos dice muchas veces que está cansada, que en toda su vida se esforzó mucho y pide que si no la van a trasladar se lo digan porque quiere arreglar su casa con lo que pueda, así como hace 32 años.

En la cuadra de la casa de Santos el único servicio presente es la energía. No hay cloacas, no hay gas. Tiene un pozo de agua, y cada tanto pide a la Municipalidad que se lo desagoten. Y hasta eso tarda. Dice que ahora tiene que ir a pedir si otra vez se lo pueden hacer. En el año 2015 Santos dice que ya se acostumbró a vivir sin cloacas.

Los alrededores de la casa están llenos de escombros, pastizales, basura, ratas. Santos dice que hay muchos bichos, que las ratas pasan por la calle constantemente y que tiene a su gata para que las mate. Dice que les tiene terror a “esos bichos”. Pero, otra vez, ya se acostumbró.

VILLA DE PASO 03

“Nos han olvidado. No hay nada que hacer”. A Santos le gusta hablar, le gusta recordar detalles, no le gusta olvidar. Se acuerda y relata cuando llegó a Mar del Plata desde el barrio Villa Nueva de Santiago del Estero, cuando trabajaba en una planta pesquera y estuvo tomada por falta de pago, y cuando consiguió trabajo en un hotel y hacía muchas horas extra para ganar un poco más y así poder mejorar su casa. Santos ya no espera que el Estado le garantice una vivienda digna, porque ya se acostumbró o, en todo caso, la hicieron acostumbrarse.

Santos dice que vivió toda su vida encerrada, que la villa años atrás fue muy peligrosa, que hoy eso cambió mucho. “Ahora entran los taxis y remises”, reconoce como un avance mayúsculo.

Después de años de sufrimiento, dice estar tranquila ahora. “Quiero que me trasladen o que me digan que no lo van a hacer así mejoro la casa”, pide. Desde hace un tiempo tiene buena parte de sus cosas guardadas en cajas para cuando le avisen que la van a trasladar. En ese caso, quiere concretar la mudanza lo más rápido posible.

Repite varias veces que está cansada, que vio como varios vecinos fueron trasladados y que ella después de tantos años sigue acá, en la precariedad, sin más servicios que la luz. Pero de pronto su cara se llena de felicidad. Cuenta que hace unas semanas tuvo la mayor alegría de su vida: el cumpleaños de 15 de una de sus nietas, a la canasta, con luces, con humo, con cámaras, con pantalla gigante, con ropa nueva, con un paso por la peluquería. Los logros en una vida de sacrificios.

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UN ANUNCIO DE TODOS LOS AÑOS

A fin de año completaremos el traslado de todos los vecinos de la Villa de Paso”. El anuncio de los funcionarios del gobierno de Gustavo Pulti se escucha una y otra vez, cada año.

El Plan Dignidad fue anunciado en 2004 por el entonces gobernador Felipe Solá. El objetivo era la construcción de 547 viviendas, a través de la Asociación Civil “Trabajar” -ONG que ha recibido denuncias por estar supuestamente relacionada con los dirigentes de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (Uocra)- para erradicar la Villa de Paso. Con el paso del tiempo, las casas fueron levantadas en los barrios Don Emilio, Las Heras, El Martillo y en la zona de Juan B. Justo y 180.

“Tenemos al menos dos llamados por mes que nos dicen hay gente nueva que se está metiendo en la villa”, dice José Luis Rey, presidente de la Sociedad de Fomento del barrio San Carlos. Denuncia “desidia” y asegura que “nadie se hace cargo” de que once años después todavía el traslado completo de la villa sea sólo un anuncio.

Rey señala que hoy 80 familias siguen instaladas allí. “Habrá dos o tres que dicen que no se quieren ir, pero el resto está esperando que le den la casa que les prometieron”, sostiene.

“Hay familias que van constantemente a Promoción Social (dependencia de la Secretaría de Planeamiento Urbano) y solo les dicen que hay que esperar”, relata.En cuanto a los últimos plazos, Rey se ríe y dice no poder confiar más en ningún anuncio. “Todos los años dicen que a fin de año se completa, pero nunca cumplen”, apunta.

La última vez que funcionarios hablaron públicamente de la Villa de Paso fue durante la inauguración de 30 cuadras de asfalto para el barrio Las Heras. Estuvieron, además de Arlía y  Pulti, el secretario general de la Uocra, Jorge  Trujillo,  y el administrador del Instituto de la Vivienda provincial, Pablo Sarlo.

“Este es el resultado de las políticas de inclusión que viene llevando adelante este gobierno, que quiere trabajo y progreso para que la gente viva mejor“, resaltó Arlía. Las 80 familias de la Villa  de Paso escucharon algo muy parecido hace once años. Esperan que algún día sea verdad.

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