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05/09/2021

Luca Flow Flow: “Sin la música hoy estaría en el penal o muerto”

Previo a un show en el Teatro Refasi, el trapero marplatense revisa su pasado entre consumo y delito hasta que el arte cambió su rumbo.

Luca Flow Flow: “Sin la música hoy estaría en el penal o muerto”
(Fotos: Qué digital)

De la esquina al escenario, del barrio al estudio. Luca Flow Flow carga con una adolescencia oscura pero lejos de ocultarla se hace cargo y hace una década que lo manifiesta en sus temas. “Cambié armas por micrófonos, fui reemplazando cosas que me hacían bien”, remarcó quien se reconoce como pionero del trap en Mar del Plata. A días de presentarse con su compañía en el Teatro Refasi, el músico, productor y operador terapéutico celebra un presente de oportunidades.

De los 13 a los 17 años, Luca Messina conoció la cara más cruenta de la realidad. “Empecé a drogarme, a robar, a vender droga, estafas. Me metí en la delincuencia, en todo lo que tiene que ver con la mala vida. A los 14 años me metí de lleno en todo eso y estuve así hasta los 17 años. Era menor y entraba y salía de las comisarías. Fue la peor época de mi vida, me drogaba con muchas pastillas”, sostuvo en una charla íntima con Qué digital.

Luca vivió su adolescencia al límite hasta que fue internado en un centro de rehabilitación en la Ciudad de Buenos Aires. Después de una larga hospitalización, el tratamiento de a poco comenzó a dar sus frutos y a base de mucho esfuerzo logró salir adelante. La reinserción no fue fácil pero sostiene que la constancia y la música fueron el motor necesario para salir adelante. “De a poquito me empecé a meter de lleno en el tratamiento y fui viendo mis cambios. Estuve dos años y medio en Buenos Aires”, afirmó.

Ya recuperado, se formó como operador terapéutico y desde ese lugar acompaña a otros jóvenes en Posada del Inti -institución a cargo de su padre Fabián Messina- para que no vivan lo que él tuvo que atravesar. “Con los pibes hago meditación, yoga y tomé clases de psicodrama. Me fui formando y la música me ayudó mucho. Sin la música hoy estaría en el penal o muerto”, reflexionó.

Su carrera artística comenzó cuando el reggaeton era furor y luego de organizar eventos empezó a producir artísticamente a pibes de la calle. En este sentido, Luca admitió que su compañía nació de ver el potencial en quienes “no tenían para pagarle a un filmaker”, y hoy son quince talentos los que lo acompañan tanto en distintas fechas como en eventos solidarios.

Ahora con 32 años, produce a artistas callejeros con The World’s King producciones junto a su pareja Florencia Arcuri. Así, Luca Flow Flow ofrecerá el próximo sábado 18 de septiembre su show Top Boy Tour en el Teatro Refasi, ubicado en avenida Luro 2320. Las entradas a $320 están a la venta a través de sus redes sociales.

En esta fecha tan especial, el trapero estará en el escenario junto a Lukas Binghi, Noar Uno, RFI, Power Flow, Prometeo, King Niggaz, Facu Largo, Dock y Tainá. “El 19 de septiembre es mi cumpleaños y la fecha es para celebrar que estoy vivo, que estoy bien con toda mi familia y mis amigos”, reconoció.

Según adelantó, en el teatro va a presentar “The Top Boy” un disco de estudio en el que viene trabajando hace un año y ocho meses. “Los videos los producimos nosotros, es todo autogestionado. También hacemos eventos solidarios a cambio de un alimento no perecedero y llenamos un comedor de comida”, destacó.

Entre mi historia de vida, la constancia con la música se potenció y a veces me sorprendo de la repercusión. Se están abriendo un montón de puertas. Me cambió la vida 360°; se está dando todo”, confesó.

-¿Cómo te acercaste a la música?

-De chiquitito tocaba la guitarra, escuchaba mucho Pink Floyd, Sumo, heavy metal y la droga me sacó de todo eso. Uno de mis tíos es sonidista, otro canta folclore. Tengo una historia de vida con la música pero al meterme en la delincuencia me sacó de todo.

-¿Qué viviste en esos años?

-La realidad es que a los 13 empecé a drogarme, a robar, a vender droga, estafas. Me metí en la delincuencia, en todo lo que tiene que ver con la mala vida. A los 14 años me metí de lleno en todo eso y estuve así hasta los 17 años. Era menor y entraba y salía de las comisarías. Fue la peor época de mi vida. Llegué a estar preso en tres días dos veces.

-¿Cómo lo lograste salir de todo eso?

-Estuve internado en el Centro Juvenil Esperanza en Buenos Aires. Ahí me costó mucho porque me quería escapar pero estaba ahí por el Juzgado; si salía terminaba en el penal. Antes estuve internado en la Clínica Psiquiátrica Atlántica. De a poquito me empecé a meter de lleno en el tratamiento y fui viendo mis cambios. Estuve dos años y medio en CABA. Fueron nueve meses de internación sin pisar la calle y a partir de ahí me dieron la primera salida. Como era de Mar del Plata mis visitas eran cada 15 días y ahí conocí a un chico que improvisaba, yo tocaba la guitarra y empezamos a componer.

-¿Ahí la música y el arte te empezaron a mostrar otra realidad?

-Componía sin saber que iba a ser trapero, empecé a componer y llegó un momento en que me re importó. Terminé la primera etapa de internación y me quedé haciendo la reinserción social, empecé a laburar en Buenos Aires y empecé a comprarme discos de diferentes bandas y géneros y a ver qué era lo que me gustaba.

-¿Qué pasó cuando te dieron el alta?

-Salí de estar internado en el 2009 y empecé a jugar al fútbol, siempre jugué bien. Jugaba desde los 6 años pero como salía de estar internado sentía que me discriminaban los mismos jugadores, los técnicos. No me sentí cómodo pero tenía ganas de ser diferente y de tener un futuro.

Hasta los presos me escriben, me dicen que vaya a la cárcel a hacer un show en vivo. Hay gente que se siente identificada por la música que yo hago.

-¿Entonces te inclinaste por el lado artístico?

-En esa época no se hacía trap, estaba de moda el reggaeton y lo que hacía se llamaba crunk; era la cultura del hip hop, nos sentíamos discriminados. Ya estaba en Mar del Plata, nos presentamos en muchos lugares como Nevermind, Casa Rock, GAP, Bambudha, Bookan. Pero yo era muy calle, ni redes sociales tenía. En 2012 me empecé a ser más conocido, a participar en las competencias de freestyle en plazas, con todo un pasado muy oscuro atrás. La misma cultura del hip hop me discriminaba por pibe chorro. Yo era más del barrio.

-¿Cómo llegaste a producir a otros artistas?

-En el 2012 formé mi primera banda, King Niggas, la gente nos iba a ver y esperaba que sacáramos temas. Después empecé a organizar un evento con mi novia, organizábamos esas fiestas y convocábamos a 200 personas. Ahí me empezó a gustar la producción de eventos y de temas. Me compré un micrófono y una computadora y me armé un home studio en mi casa. Empecé a sacar mi música y me hice más conocido con mi compañía The World’s King. Ahí empecé mi carrera solista. Tocamos en Villa Gesell, Necochea, Buenos Aires, no sé cuántos escenarios pisamos.

-¿Cómo abordaste tu tarea terapéutica?

-Empecé a ayudar gente con problemas de adicción, en el 2017 me dieron la posibilidad en Posada del Inti. A los chicos los encaro por el lado musical, de la responsabilidad, la constancia, de aferrarse a la disciplina y de que yo la viví y a mí nadie me la contó. Ahora me ubicaron del Batancito, tengo una entrevista para dar un taller de hip hop. Me ubicó la directora de reducción de daños para hacer algo, también me contactaron de Casa Caracol. Se me están abriendo puertas laborales y musicalmente. Sin voluntad no se llega a ningún lado pero si no generás una demanda de tratamiento no salís. Yo fui generando una demanda constante en querer superarme.

-¿Te sentís un pionero en el género en Mar del Plata?

-Nadie entendía la movida del trap y gracias a muchos artistas de Buenos Aires se abrieron las puertas. Acá en Mar del Plata soy el primero en hacer trap, soy trapero. Hace más de 10 años que estoy en la cultura del hip hop, siempre apunté al estilo callejero. Trap viene de trampa, de la venta de crack, y yo vengo de ahí pero ahora hice un cambio profundo.

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