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09/05/2015

Tito Arriagada: la piña que sufre toda Santa Clara

El herrero de 64 años murió en agosto de 2014 luego de que Martín Mansilla lo golpeara por haber atropellado accidentalmente a un perro en la avenida Tejedor. El dolor de la familia y un pueblo que piden justicia.

Tito Arriagada: la piña que sufre toda Santa Clara
(Foto: archivo / QUÉ Digital)

El 22 de agosto de 2014, Tito Arriagada salió de su casa en Santa Clara camino a Mar del Plata para comprar unos fierros que necesitaba para uno de sus trabajos de herrero. Eran pasadas las 15.00, iba en su rastrojero por la avenida Tejedor y, al llegar a Beltrán, no vio a un perro labrador que se le cruzó y lo golpeó. Detuvo el vehículo para ver cómo estaba el animal. Detrás de él, un auto frenó y se bajó un hombre. “Disculpá, no lo vi”, dijo Tito, y el otro sujeto lo empezó a pinchar en las costillas con un objeto punzante. Tito se dio vuelta, para ver cómo seguía el perro. Entonces, la piña.

Una sola piña le pegó Martín Mansilla (un joven de 32 años, grandote, que practica artes marciales y trabaja —aunque nadie sabe bien de qué— en la empresa de transporte 25 de Mayo) a un tipo de 64 años que había golpeado a un perro. Una sola piña y todos los dientes de Tito volaron; la nariz del herrero quedó fracturada y el cráneo roto, al darse la cabeza contra el cordón de la vereda. Entonces, la piña.

Un patrullero de la séptima fue hasta el lugar. También una ambulancia. Sangre por todas partes y un tipo canoso y de barba tirado en el piso, con ropa sucia de trabajar. “¿Quién es?”, preguntaron. “Un linyera borracho”, dicen que respondió Mansilla. Lo cargaron a la ambulancia y lo llevaron al Hospital Interzonal. Nadie preguntó nada más. Ni si hubo pelea, ni si el rastrojero era de él, ni cómo se llamaba. Entonces, la piña.

Cuando tocaron la puerta de la casa de Tito, abrió Manuel, su hijo de 19 años. “Están trasladando a tu papá al hospital, parece que tuvo un accidente”, le dijo el hermano de Mansilla —las familias se conocían de Santa Clara—. Manuel no lo dudó y buscó a su mamá, la exesposa de Tito, y salieron urgente para Mar del Plata. En el camino, pasaron por la avenida Tejedor y encontraron el rastrojero del herrero. Un verdulero que había visto todo les dijo: “Un tipo le pegó y lo llevaron al Interzonal”. Entonces, la piña.

Mónica estaba trabajando. Eran cerca de las 19.00 y estaba en su puesto de cajera y encargada de un comercio de Santa Clara. Le llegó un mensaje al celular que decía: “Che, Moni, ¿sabías que tu papá está internado?”. Se desesperó, llamó al fijo de Tito y nada. Después al celular y atendió Manuel, llorando, que le pidió que por favor fuera al Hospital Interzonal. Entonces, la piña.

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Tito Arriagada, el herrero del pueblo. (Foto Facebook)

En el Hospital Interzonal, la imagen era la de siempre, pero peor para la familia Arriagada: Tito estaba en el pasillo, sin atención; lo habían ingresado alrededor de las 15.30 como un “NN” borracho y le habían puesto un suero para limpiar la sangre. Eran las 20.15 cuando Mónica llegó y lo vio: su papá tenía los ojos morados, le brotaba sangre de la boca y nadie hacía nada. Mónica empezó a gritar y a putear a cuanto médico pasaba, hasta que dos doctores se llevaron a Tito y la invitaron a ella a retirarse. Entonces, la piña.

Mónica se mandó a la comisaría séptima. Necesitaba encontrar al tipo que le había pegado a su papá, o necesitaba al menos que alguien empezara a buscarlo. En la comisaría, no sabían qué móvil había ido y le dijeron que, si hacía unos trámites, tal vez conseguiría el dato. Entonces, la piña.

Esa noche, el Hospital Interzonal estaba invadido por familiares y amigos de Tito. Un doctor los buscó, pidió hablar solo con los familiares directos, y esa veintena de personas le dijo que eran todos familiares directos. El doctor lo aceptó y dijo: “Tiene un golpe tremendo en la cabeza, derrame, mucha sangre, y lo vamos a operar para darle una esperanza de vida. Está en muy mal estado”. Entonces, la piña.

Al día siguiente, Tito seguía igual. Mónica insistía en encontrar a quien le había pegado a su papá y sabía que necesitaba cambiar la carátula del hecho. Consiguió que en el hospital le dieran una constancia del delicado estado de Tito y con eso logró que el fiscal cambiara la carátula de “lesiones leves” a “lesiones graves”. La hija del hombre al que un médico buscaba darle “esperanza de vida” tuvo que ponerse a tramitar un cambio de carátula para que alguien hiciera algo. Entonces, la piña.

Al tercer día, un neurocirujano del hospital —que era conocido de la familia Arriagada— vio a Tito, la llamó a Mónica y le dijo: “Me encantaría decirte cualquier otra cosa, pero en el estado en que está es inevitable que muera”. Entonces, la piña.

El agresor seguía sin ser identificado. Mónica le pidió ayuda a la policía de Santa Clara, que en un día consiguió averiguar qué patrullero había ido al lugar y quién era el hombre que le había pegado a Tito. Mónica se comunicó con Gustavo Pulti para pedirle ayuda, pero nada del intendente de Mar del Plata. Una mañana, un medio de Mar Chiquita daba por muerto a su papá cuando él todavía respiraba. Entonces, la piña.

Pasaron los días y Mónica tocó cuanta puerta pudo. Eso le ocasionó problemas y comenzó a recibir amenazas. Para ir al Hospital Interzonal, tenía que hacer siempre caminos distintos; tuvo la protección de la policía de Santa Clara y la ayuda de sus amigos. Ella tenía que ir custodiada a ver a su papá y Mansilla estaba libre. Entonces, la piña.

Tito estuvo internado siete días hasta que finalmente murió el 29 de agosto. La familia aceptó donar sus órganos. Fue enterrado dos días después y al funeral fueron su familia, parientes de Chile y amigos, muchos amigos. Ese mismo día, la policía detuvo a Martín Mansilla, identificado por testigos como el que le pegó la piña que sufrieron todos.

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“JUSTICIA POR TITO”

La muerte de Tito Arriagada se volvió una causa de toda Santa Clara. La leyenda “Justicia por Tito” se puede leer en carteles, en esquinas y comercios. Para afrontar los gastos del proceso, vecinos y amigos colaboran con la familia Arriagada. Se hacen rifas y eventos solidarios.

Se han hecho numerosas marchas. La familia de Tito nunca quiso que ningún político aprovechara su muerte para ningún tipo de redito electoral. Algunos se suman igual para caminar como ciudadanos; otros, directamente, prefieren no ir. Entonces, la piña.

LA CAUSA

La semana pasada, el fiscal Alejandro Pellegrinelli pidió la elevación a juicio de la causa por “homicidio simple” que tiene como único imputado a Martín Mansilla. Antes de eso, gracias a un pedido del defensor de Mansilla, César Sivo, la Justicia le cambió la calificación a la imputación y consideró que el hecho fue “homicidio preteritencional” y fue excarcelado.

Ante esta situación, esta semana, la familia Arriagada cambió de abogado particular y optó por dejar de contar con los servicios de Luis Perna y contratar a Adelina Martorella, quien recientemente fue la letrada querellante de la familia de Melina Briz.

“Cambiamos de abogado porque no nos sentimos representados ni acompañados por Perna. Lo llamaba y no me contestaba”, explicó Mónica sobre la decisión.

Mónica contó que, además, hay una demanda contra el Hospital Interzonal por “abandono de persona”. Entonces, la piña.

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Tito en el Galpón de Jeremías con el sombrero de cuero que le regaló Jimmy Rip. (Foto Facebook).

TITO: BATERISTA A LOS 60

Tito nació en Chile, de familia conservadora y con hermanos militares. Él era el “rebelde”. Hippie, desprolijo, pelo largo y, aunque no sabía tocar, llevaba una guitarra al hombro. De adulto quiso aprender a tocar el instrumento, pero como le faltaban unos dedos, no podía puntear, por lo que se decidió a probar con la batería. A los 60 años, comenzó a practicar y, al poco tiempo, ya le sacaba sonidos a los golpes.

Tito iba los sábados a El Galpón de Jeremías, un bar de Santa Clara que es el punto de encuentro de todos los amantes del rock y del blues. Ahí tenía su lugar, se ubicaba en el final de la barra y se pedía unos whiskys. Se animaba a subir al escenario y zapar desde la batería. Cada tanto cantaba, casi siempre el tema de PappoBlues local”.

Armó una banda de rock llamada los BarbaCkurdens. Sacaron un EP con cuatro canciones. El grupo anunció que volverá a presentarse sin Tito en unas semanas.

En El Galpón de Jeremías, los sábados hay un vaso de whisky y una vela al final de la barra, donde Tito se sentaba. Los que van al bar brindan con él y después se lo toma Mónica o el “Bocha”, uno de sus grandes amigos. Además, está prohibido que se cante “Blues local”, porque ese solo lo cantaba Tito. Entonces, la piña.

 

“NO QUIERO PLATA, QUIERO JUSTICIA”

Lo que más me duele es la forma —dice Mónica—, denigrar a una persona sin saber y decir que era un linyera de la calle, porque mi viejo estaba sucio por su trabajo. Se me cruza la imagen de mi padre indefenso, recibiendo la trompada y cayendo al piso. Me enloquece. Le metió una piña y lo mató. Y dijo que era un borracho. Hace días que eso no me deja dormir. Todo el día pienso en eso, todas las noches”.

“Me mata ver el cartelito que dice ‘herrero’, el rastrojero con el escudo de Racing. Él no se merecía irse de esta forma. La forma me destruye”, remarca.

Mónica había pensado en irse a vivir a Córdoba. “El pueblo me dolía”, dice y se agarra el brazo, como simulando que un vecino la sujeta en un gesto tácito de apoyo, de acompañamiento. Todos los días, alguien le pregunta por Tito y eso es duro para ella.

En noviembre, las amigas la ayudaron y se fue a Chile a visitar a la familia de su padre, que también es su familia. Al cruzar la Cordillera, encontró contención por parte de los hermanos y hermanas de su papá. “Me di cuenta que a mi dolor me lo voy a llevar a donde vaya. Que lo de la gente no es lástima, es cariño. Me ayudaron a transformar todo ese odio”, cuenta Mónica.

“No quiero plata, quiero justicia”, dice y agrega: “Que pague y que sienta el sufrimiento que yo sufrí. No va a cambiar nada, pero él tiene que pagar por lo que hizo”.

El dolor de Mónica quedó en todo el pueblo. Tito era el herrero de todo el pueblo. Entonces, la piña.

 

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Mónica, hija de Tito, lleva el dolor por la muerte de su padre a todas partes. (Foto Kito Mendes)

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