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24/04/2016

Desayunador Don Bosco: reparar vínculos para salir de la calle

Entre 60 y 100 personas en situación de calle encuentran allí a diario un desayuno caliente, ropa limpia y duchas. Además, una escuela con talleres les brinda herramientas para resignificar sus vidas.

Desayunador Don Bosco: reparar vínculos para salir de la calle
(Fotos: Nicolás Dumrauf)

Las mesas, estantes, rincones y habitaciones del desayunador Cáritas Don Bosco ofrecen todos los días lo que en la calle, para quienes en ella viven y duermen, está ausente a diario. La odisea de cada mañana para servir un desayuno caliente, entregar ropa limpia y seca, brindar una ducha y un espacio para estudiar o simplemente hace valer un gesto amable y una palabra que contiene, comienza a las 7.30, de lunes a viernes, con unos 20 voluntarios, puertas adentro de la esquina de Rivadavia y Don Bosco.

Las hornallas encendidas y jarras humeantes recrean el olor del hogar. Un mate caliente circula de mano en mano mientras voluntarios y los mismos hombres y mujeres en situación de calle que allí van preparan el té, el mate cocido y la leche que se sirve cada mañana. A veces hay café, a veces ni siquiera hay galletitas. A veces hay sabrosas medialunas dulces de manteca y torta, a veces no hay prácticamente nada y hay que salir a pedir más donaciones para que no falte el pan arriba de la mesa, en su sentido más literal.

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A partir de las 8 se sirve de lunes a viernes un desayuno “a demanda” para entre 60 y 100 personas en situación de calle

Entre 60 y 100 personas que viven en las calles de Mar del Plata, tanto hombres como mujeres con o sin niños, concurren a esta esquina en informa intermitente. Luego de pasar una noche entre cartones llenos de olvido, se reencuentran en el desayunador Don Bosco con el recuerdo de lo que alguna vez fue su hogar, su techo, su lugar y su familia, seguramente antes de que ese vínculo se deteriorara, se volviera ausente, abandónico, abusivo. Antes de que la vida se volviera calle.

Ricardo Máspero es el director de Cáritas Don Bosco. Antes de hablar con QUÉ de la reconstrucción de esos vínculos familiares, antes de referirse a la escuela para adultos que funciona cuando las mesas del desayunador se transforman en un aula, antes de señalar cómo funcionan las donaciones, el trabajo de los voluntarios y de mostrar con orgullo la huerta orgánica del patio, cuenta que puertas adentro rige una regla general e implícita -luego explicará sus condiciones- para tratar todos los días a quienes en situación de calle van a buscar un desayuno y un espacio que los contenga. Esa regla básica y clave indica que “si tienen frío hay que abrigarlos y si tienen hambre, hay que darles de comer”. Y está claro: no es poco.

Ricardo nació en Buenos Aires y hace unos diez años se trasladó a Mar del Plata, donde conoció a su “ángel”, la directora de la Escuela Primaria para Adultos Nº 710, Mónica Bravo, con quien además de casarse por civil y por iglesia ató las riendas de una cadena de solidaridad que permite que desde hace cuatro años no falte el alimento ni el abrigo en el desayunador para quienes más lo necesitan.

“Llegamos 7.30 para empezar a preparar todo. Algunos vienen de la calle muy temprano y ayudan a preparar el desayuno. A las 8 se dan los buenos días, una práctica salesiana, que consiste en hacer una reflexión. Ahí se sirve el desayuno, que es demanda y en base a donaciones particulares, de panaderías, de alguna empresa y otros comercios (ni el Municipio, ni Provincia ni Nación aportan nada hasta el momento). Todo se comparte y lo que no consumen en el día, no se lo llevan para ellos sino que lo dejan para otros que también lo necesitan. Todo se comparte”, explica y remarca el director de Cáritas Don Bosco.

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Juan Hay (Red Solidaria), Ricardo Máspero (director de Cáritas Don Bosco), colaboradores y voluntarios del desayunador

Pero el estómago lleno y una ropa seca no alcanzan. “Hay que escucharlos, abrir los oídos, darles lo que piden pero también lo que no nos piden pero también necesitan”, afirma y aclara que la caridad apunta a que solo funcione “por un tiempo” ya que “si lo único que ofrecemos es un vaso de leche o un pantalón, esa persona que vive en la calle va a seguir viniendo para ser asistida, pero no le estaríamos dando herramientas para que salgan de su situación de calle”. Ahí entra el rol de la escuela, de esa escuela.

 LA ESCUELA, CLASES DE VIDA 

Las tazas y platos vacíos son retirados de las mesas de madera sostenidas por caballetes y en su lugar de pronto hay libros, revistas, cuadernos, lápices. Pero también hay pintura, macetas recicladas a base de neumáticos, herramientas, juegos, carpetas, recetas, tornillos, de todo. La escuela, amplia en su concepción, abarca desde la alfabetización en su nivel más básico hasta el aprendizaje de pequeños oficios o salidas laborales rápidas.

Gerardo Farías y Sebastián Elizalde son dos jóvenes docentes que diariamente y de manera voluntaria se encargan de llevar adelante todos los días de 8 a 12 el anexo de la Primaria de Adultos Nº 710 que funciona en la misma esquina. Hoy dictan clases para unos diez alumnos, todos con niveles distintos.

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Gerardo Farías es uno de los docentes que acompañan a sus alumnos en situación de calle

“La matrícula varía mucho. Algunos se anotan, vienen un tiempo, dejan de venir y vuelven. Los que tienen ganas de hacer tareas hacen actividades más relacionadas con la escuela. Con otros trabajamos con los talleres, como la huerta que tenemos a partir de una capacitación que nos dio el INTA”, cuenta Gerardo.

“Nuestra idea en Cáritas es que la caridad no se quede en la caridad por sí misma. Es un espacio para ayudarnos entre todos y que aprendan a hacer cosas. Todos están en situación de calle y tenemos que darles herramientas para que salgan de esa situación”.

El director de Cáritas Don Bosco se suma a las palabras del docente y afirma que “dar un plato de comida es más importante que dar dinero”, y si bien entiende que necesitan también efectivo, advierte que “hay que ver cómo se les da” y aclara: “Es preferible darle una herramienta y explicarle cómo cocinar algo para que salga a venderlo, o enseñarle a rayar pan duro para hacerlo pan rallado o contarle cómo se cultiva la tierra o cómo pueden ganarse el sustento para que le den un mejor uso, porque el dinero por caridad el 80% se lo gasta mal”.

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Actualmente hay casi diez alumnos que asisten a las clases y talleres en el anexo de la Primaria de Adultos Nº 710

Entre líneas se lee en la explicación de Ricardo algo que los resultados del primer censo realizado en Mar del Plata sobre la realidad de personas en situación de calle se encargaron de mostrar: el 51% terminó en la calle no a causa de un problema de adicciones sino fundamentalmente a partir de vínculos familiares que se quebraron. El abusivo consumo de alcohol o drogas llegó después, en más de la mitad de los casos.

 RECONSTRUIR EL VÍNCULO PARA SALIR DE LA CALLE 

El único censo realizado en Mar del Plata en torno a esta problemática indica que hay -al menos- 213 personas que viven en las calles de la ciudad. Quienes lo realizaron en 2015, la organización civil Nada es Imposible y la Defensoría del Pueblo bonaerense (la Municipalidad desestimó su participación a último momento), confirmaron que la ruptura de vínculos familiares es la principal causa por la cuales estos hombres y mujeres, entre los que hay niños y adultos mayores, quedaron en la calle.

Entonces, a partir del contacto cotidiano junto a los voluntarios del desayunador Don Bosco, ¿cómo se trabaja para que la caridad cumpla su ciclo y esa persona salga de la calle?

Existen tal vez tantos prejuicios como respuestas posibles. Ricardo Máspero aseguró al respecto: “Tratamos de reconstruir el vínculo con la familia, es lo principal, es clave y prioritario. Muchos llegaron de otras ciudades. Entonces prestamos un teléfono para que llamen. Les proporcionamos una mesa y un espacio para que tenga en buenas condiciones esa comunicación, ese contacto que en muchos hace tiempo no ocurre. Además buscamos por Internet a su familia y llegado el caso -y esto pasó de verdad- ofrecimos cubrirle el pasaje para que se reencuentre con sus seres queridos”.

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El desayunador de Cáritas Don Bosco funciona en la esquina de Rivadavia y Don Bosco de lunes a viernes de 8 a 12

Tan solo con imaginar y recordar las conversaciones que el teléfono fijo de la iglesia Don Bosco permitió tener entre quienes terminaron en la calle con un padre, una madre, un hijo o un pariente lejano, los ojos de Ricardo se llenan de emoción.

-Entonces, ¿qué aprendiste en estos cuatro años en el comedor?

-Aprendí que acá te llevás más de lo que traes. Llego cansado y me voy exultante. Agradezco no tener problemas verdaderos como sí tienen estas personas. Hay un hombre que está en la calle que todas las mañanas me trae el diario. Solo por este tipo ya vale la pena dar nuestro día por todos ellos.

Renglón seguido, Ricardo Máspero afirma y destaca que “nada de todo esto sería posible” sin la dedicación de los docentes y los voluntarios que allí concurren: los hay independientes, de Cáritas, de Nada es Imposible, de la Fundación Sí, Red Solidaria y un grupo de la Universidad Nacional de Mar del Plata de jóvenes terapistas ocupacionales que hicieron su tesis en base a esta problemática de las personas en situación de calle, quienes llevan adelante en el lugar un proyecto de extensión y se ocupan -por ahora- una vez por semana (los lunes) del funcionamiento de las duchas.

Entre las habitaciones llenas de ropa proveniente de donaciones y las mesas del comedor, dos puertas conducen a las dos duchas que tiene el desayunador: una para hombres y otra para mujeres. Las voluntarias se encargan de que las personas en situación de calle que las necesitan puedan usarlas ordenadamente y ofrecen toallas secas, jabón, shampoo, crema enjuague y una muda de ropa interior limpia (un calzoncillo o bombacha, una remera y un par de medias). Pero la ropa, por cierto, también tiene toda una concepción.

 CABEZA, CORAZÓN Y CONCIENCIA 

El director de Cáritas Don Bosco hace hincapié en lo que denomina como “las patías”: “Hay muchos voluntarios que toman simpatía por alguno. Algunos te caen antipáticos, otros apáticos. Eso no lo podemos permitir. Ni la apatía ni la excesiva simpatía. Tenemos que pensar siempre en la empatía, ponernos en el lugar del otro. Si alguien no te saluda habrá qué pensar qué le pasa, cómo habrá pasado la noche y buscar el diálogo para ver cómo está. A veces no hace falta hablar, alcanza con una sonrisa”.

¿Qué tienen que ver las “patías” con la ropa? Mucho, demasiado. El ropero funciona dentro del mismo espacio de lunes a jueves. Se les entrega desinteresadamente la ropa que proviene de donaciones a los destinatarios y se controla en un cuaderno quién se llevó qué tipo de prenda.

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Dos habitaciones y una oficina (la del director) funcionan como guardarropas y roperos organizados de acuerdo al tipo de prendas

Los viernes, con lo que “sobra”, se organiza una feria de ropa y con lo que se recauda se paga por el servicio de “una limpieza profunda y profesional de todo el lugar”; se adquieren insumos que no son donados; todo vuelve para garantizar el diario funcionamiento del desayunador.

Pero, ¿cómo se administra la entrega de ropa en forma proporcionada, sin favorecer más a unos que a otros? Tal vez por su paso por la carrera de filosofía o bien en función de su formación salesiana o quizás simplemente en base a su sensibilidad, el director Ricardo Máspero tiene su propia regla en este sentido: cabeza, corazón y conciencia.

“Es una regla. Es la regla de las tres “C”: cabeza, corazón y conciencia. Tratamos de dar ropa una vez por mes a cada uno. Pero si le diste una campera y te dice que se la robaron la noche anterior, ¿qué hacés? Cabeza, corazón y conciencia. Si después de ese camino le volvés a dar una campera, está muy bien. Y si después de ese camino le dijiste que no y que cuide más sus cosas, también me parece válido. Cada caso es una historia aparte, distinta”, explicó.

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Desde hace cuatro años Ricardo Máspero dirige Cáritas Don Bosco junto al equipo de voluntarios

Desde hace cuatro años el desayunador de Cáritas Don Bosco, en Rivadavia y Don Bosco, abre sus puertas a entre 60 y 100 personas en situación de calle por día, de lunes a viernes. Ofrece un desayuno caliente, ropa seca, una ducha, una sonrisa, un hombro, un oído, una escuela, una huerta para aprender a cultivar, una palabra de aliento, un aprendizaje, un ejemplo de voluntariado y ayuda sin rédito económico.

Afuera, en las calles de Mar del Plata, hay más de 200 historias de personas que duermen en rincones fríos sin intimidad ni derechos; a la espera de que el Estado los ayude a recordar lo que es un hogar. Mientras se gestan pujas e internas políticas y el asistencialismo se disfraza de caridad, hay voluntarios y organizaciones que sin más recompensa que la gratitud de “hacer algo” por quienes menos tienen y más necesitan, son ejemplo y testimonio de que menos -a veces- es más y de que con poco -igualmente- mucho se puede ayudar.

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