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09/07/2019

Cerca de Noche, segundo invierno: “La calle es muy heterogénea”

Desde 2017 en Plaza Rocha se monta un dispositivo estatal, donde las personas en situación de calle son registradas y trasladadas a los paradores. Cómo funciona y qué falta todavía.

Cerca de Noche, segundo invierno: “La calle es muy heterogénea”
(Fotos: QUÉ Digital)

Cerca de Noche es un dispositivo estatal de atención primaria, registro y traslado de personas en situación de calle hacia los paradores municipales, que se monta cada tarde desde hace dos años en Plaza Rocha. El objetivo es que los cientos de personas en esa condición -por la razón que fuere- tengan la chance de no pasar la noche a la intemperie y ser asistidos, sobre todo en época invernal, donde las muertes por hipotermia son una realidad.

Las historias y las razones pueden ser muchas. Pero con sus particularidades, la calle es una realidad para cientos de personas que son atravesadas por la marginalidad de un sistema que genera exclusión. Poco a poco, el Estado va articulando mecanismos para afrontar una realidad que ya no puede ser ignorada y a la cual definen como “heterogénea”. Justamente por eso, por su complejidad, todavía los mecanismos están lejos de ser suficientes, aunque lo cierto es que desde hace dos años, existe un dispositivo conjunto entre Provincia y Municipio que antes no existía.

Leticia González es trabajadora social, se desempeña desde hace años en la Municipalidad y coordina el programa desde sus inicios, desde que fue diseñado y puesto en marcha en diciembre de 2017. “Me tocó hacer la parte de planificación. En enero de 2018 lo lanzamos con aportes de Nación y Provincia, y a partir de marzo de ese año Nación dejó de participar y quedó el Municipio y Provincia”, explicó en diálogo con QUÉ Digital.

Durante el invierno de 2017, al menos 13 personas que estaban en situación de calle murieron en Mar del Plata por pasar la noche a la intemperie. Y ese fue el detonante para establecer una nueva herramienta que se acercara a dar respuesta a ese flagelo: “Se precipitó y no se podía tomar el tiempo para planificar a largo plazo. Ahí arrancamos y armamos un buen equipo de trabajo, con gente que ya trabajaba en ONG con gente en situación de calle y muchos de ellos fueron contratados por el Estado. Tenemos gente que soporta desde hace años una adicción, es complicado. No es un trabajo que pueda hacer cualquiera. Si bien no es un voluntariado, esto es política pública, somos agentes del Estado, tampoco lo podés hacer si no tenés cierta vocación para trabajar con este sector de la población”.

 EL FUNCIONAMIENTO DEL PROGRAMA 

Cerca de Noche es un programa dirigido a las personas que duermen en la calle, que está disponible entre las 18 y las 22 para captar, atender denuncias, registrar y trasladarlos a los paradores. Los móviles que incluyen dos psicólogos, un enfermero y dos empleadas administrativas son financiados por el gobierno provincial, mientras que el equipo de trabajo de calle y de los paradores es municipal. En total, son 25 las personas que se desempeñan en el dispositivo denominado formalmente “Programa de atención integral de personas en situación de calle”.

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“Nosotros trabajamos 24 horas. Acá es de 18 a 22 pero el parador también abre a las 18 y funciona hasta las 8 de la mañana, cuando la gente sale del parador. Ahí arranca el turno mañana con los trabajos de empezar a preparar la comida y poner en condiciones los paradores. En la Secretaría de Desarrollo Social tenemos el equipo desde la mañana con trabajadoras sociales haciendo entrevistas, operadores haciendo gestiones, acompañando a la gente, turnos, trámites y también tenemos cobertura de denuncias y recorridos de calle, mañana, tarde y noche. Es intenso, es todo el día”, comentó González.

En Plaza Rocha, las personas se presentan, se les toman los datos, les hacen una entrevista, reconstruyen sus historias y más adelante hacen el seguimiento de cada caso particular. “Nosotros estamos de lunes a lunes y es algo que si no te gusta no lo hacés, pero acá hay un buen equipo. Sí, son trabajadores de la Municipalidad, pero más allá de los prejuicios, acá estamos. Si no es esto, es la calle”.

“Nosotros tenemos idea de lo que hay en calle, porque hacemos recorridas diarias, sobre todo a la noche, porque recibimos muchas denuncias al 147, donde mucha gente se comunica solidariamente para avisarnos. Nosotros cubrimos al toque la denuncia y llamamos por teléfono, devolvemos el resultado de lo hecho. En general todo lo que está en calle lo conocemos, pero nos puede pasar que no. Siempre aparecen nuevos pero en general la tenemos bastante conocida”, agregó.

En el marco del dispositivo, todos los días salen tres combis. En general, trasladan un promedio de 40 personas por día aunque tienen capacidad para mucho más. “Tenemos un parador en Las Américas que es de gestión municipal y el Hogar de Nazaret, que es financiado en buena medida por el Municipio. Tenemos también un ala de la Residencia Eva Perón, donde se derivan personas crónicas de calle con alguna patología severa que requiere otro tipo de cuidado”, explicó sobre los destinos.

 LA PERCEPCIÓN, LA REALIDAD Y LA JUVENTUD EN LA CALLE 

“Yo tenía una idea de lo que era la calle antes de entrar, pero esa idea se me desarmó cuando empecé a trabajar en esto. Uno supone que la calle es de gente grande, alcohólicos, gente pobre, que nunca estuvo integrada a nada y la calle es otra cosa. Está eso, pero también hay muchísimos chicos. Lo que más nos preocupa y a lo que le queremos encontrar la vuelta es a esa tanda de chicos que tiene entre 18 y 30 años que en su mayoría quebraron vínculos con la familia, que en su mayoría tienen problemas graves de consumo de alguna sustancia y que quedaron desafiliados de todo. Sin nada. De golpe empezamos a atender a ese estereotipo que teníamos y a esa franja de gente que entra y sale de la calle”, resaltó.

Y justamente a ese grupo de chicos, González lo destacó como el principal desafío del programa: “Estamos trabajando con la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) buscándole la vuelta en la búsqueda de voluntades institucionales. A veces se pone complicado porque no cualquiera está en calle. Esta cosa lineal de que la gente es pobre y no tiene dónde vivir, no es así, no es lineal. Son muchos los componentes que hacen que una persona esté en calle: creemos que la desafiliación familiar es la primera causa. A veces la pobreza es consecuencia, no causa de su situación, hay otros que sí, por supuesto. Hay trayectorias de vida, de exclusiones que también están. Es muy heterogénea la calle pero yo siempre digo que si no están con nosotros, están en calle”.

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Esta heterogeneidad hace también que el número de personas asistidas sea importante: “Los números que tenemos son infinitos. Hacemos estadísticas diarias, semanales y mensuales. La del año pasado nos daba como 1800 personas atendidas. Pero no hay 1800 personas en calle. De golpe una persona puede estar en calle dos días, y otro haber venido a trabajar y no encontró el trabajo y se tiene que ir al otro día y esa noche durmió con nosotros. Es heterogénea y distinta”.

 EL PROBLEMA DE LOS QUE QUEDAN AFUERA 

Ante la complejidad de historias y de realidades de vida que se encuentran en la calle, y también ante la necesidad de articular todavía más las políticas para dar respuesta efectiva a las situaciones que se pueden generar, muchas personas quedan afuera de los paradores.

“Hay gente que ya no puede ingresar con nosotros, esto es así. Tenemos un reglamento de funcionamiento. Yo siempre digo que tenemos que cuidar a 60. A veces vienen algunos que por distintas circunstancias generan agresividad a la madrugada en el parador o vienen muy alcoholizados, y en esos casos llamamos al SAME, pero no los podemos tener nosotros. En general la idea es que todo el mundo pueda dormir en el parador y que nadie se quede a dormir en la calle. Y hay situaciones en las que nos han obligado a dejar a algunas personas sin ingreso, además de los que hay en calle que no quieren venir”, resumió la trabajadora.

 EL PROBLEMA DE LA ESTACIONALIDAD 

En Mar del Plata, en verano la demanda sube, en primer lugar, por la gran cantidad de gente que llega desde otros puntos de la Provincia y el país en busca de trabajo durante la temporada, o porque por distintas circunstancias no tuvieron otra opción que apelar a la calle: “Nosotros en los últimos dos veranos trabajamos distinto. Este trabajo te expone a reflexionar mucho sobre la práctica, te plantea dilemas éticos no fáciles de resolver. El primer verano alojábamos a todos. La gente que venía de cualquier lado, se ubicaban, trabajaban y los alojábamos. Con un año de experiencia encima dijimos que no podíamos facilitar de manera ficticia en una ciudad que tiene una tasa de desempleo tan alta entre sus ciudadanos, alojamiento gratuito para otras personas. Fue difícil tomar esa decisión pero lo que hicimos fue alojarlos lo mínimo e indispensable, o pagarles los pasajes de regreso, que son facilitados por Provincia. A veces te enfrentás a estas cosas”.

En cuanto a los meses de invierno, también representan otro pico de demanda ante las bajas temperaturas que se hacen sentir en la ciudad. No obstante, otro factor importante y ajeno a la estacionalidad es la gente que no puede seguir pagando un alquiler: “Esos casos los vemos, no somos nosotros los que intervenimos porque pasa a ser un problema habitacional. A veces nos cuesta esta caracterización de qué es una persona en situación de calle y que nosotros somos un programa que trabaja específicamente con esa gente, que vive en la calle y no tiene otro lugar para vivir. No es un programa que le da un lugar para dormir a gente que no tiene dónde hacerlo. Trabajamos con gente cuya vida y medios de subsistencia están en la calle. Es el que no tiene otra alternativa”.

 LOS OBJETIVOS DEL PROGRAMA 

“La idea nuestra es trabajar para que la gente se vaya del parador. Que la gente termine con su situación de calle. Con muchos se ha podido y con otros no se puede. A veces la gente se ordena gracias a que saben que tienen un lugar donde los van a alojar, les dan de comer, se pueden bañar y los tratan bien. Eso a veces permite que una persona pueda organizarse, salir del momento de estrés y empezar a planificar otra cosa. En el mientras tanto muchos cuidan autos, la mayoría, y a muchos eso les genera los ingresos que les permiten pagarse una pensión”, contó González.

Según expuso, también buscan otro tipo de oportunidades para las personas que se encuentran en esta situación, gracias a los vínculos con escuelas de formación profesional o a la iniciación en algún tipo de empleo: “Hay mucha gente que sale y nosotros trabajamos para eso, para que la gente salga de la calle. Sobre todo esta franja de chicos que no han terminado la escuela. Le ponemos empeño, pero es difícil que lo sostengan”.

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 EL PROBLEMA DE LOS QUE SE NIEGAN 

En cualquier recorrida que se hace y en la que se dialoga con gente que permanece en la calle en lugar de ir a los paradores, el concepto en común tiene que ver con la noción de “libertad”, la cual ven alterada en estos dispositivos de atención, por lo que muchos se niegan a ir.

“De la calle, cuando vos le preguntás a alguno de los que no quiere venir a dormir con nosotros, te dicen que les gusta la libertad. La calle es eso. No tiene horario, no tiene espacio, no tiene límite. Ese es el sentido de la libertad. Después están a los que no les gusta para nada, que los ves que están hace dos días en la calle y tienen un nivel de estrés altísimo. Pero el que tiene mucho tiempo en calle te argumenta por qué no acepta la asistencia, lo vincula a la libertad”, señaló la trabajadora.

En cuanto al qué hacer con estas personas, la pregunta aún sigue sin tener una respuesta ni una solución: “Nosotros nos la preguntamos casi permanentemente. Porque le queremos encontrar la vuelta. Nosotros sabemos que el nivel de asistencia con la gente lo cubrimos. La gente come bien, tiene un lugar, pero nos interrogamos todo el tiempo. Sabemos que lo asistencial lo hacemos bien. Nos cuestan los que no vienen. Pero también es cierto que el hecho de que vengan es de a dos. Nosotros nos tenemos que esforzar en generar las oportunidades”.

“Es muy complicado, pero yo digo que abrimos una puerta que no estaba abierta. Abrimos la puerta de qué hay en la calle en la ciudad. Con esa imagen que tenemos todos del hombre tapadito con su colchón en el piso, alcohólico, barbudo y que hace mil años está ahí. Pero si vos te cruzás un chico de estos, vos no te das cuenta que está en la calle, por eso. Lo ves deambulando, pero son de calle. Abrimos una puerta de la calle en la ciudad y vimos de todo. También esto”, añadió.

 LO QUE FALTA: “DEBERÁN SUMARSE OTRAS ÁREAS PARA ABARCAR LA HETEROGENEIDAD” 

Ante la heterogeneidad y las particularidades, ante la diversidad de historias en la calle y con un dispositivo de atención que aún tiene que perfeccionarse, para González lo que falta son “procesos institucionales internos que acompañen lo que encontramos”.

“Hoy es Desarrollo Social y este programa. Creo que en adelante deberán sumarse otras áreas para bancar la heterogeneidad, para bancar los padecimientos psíquicos, para salir a bancar donde la cosa está. No es de un equipo solo. Falta poner mucha cosa toda junta, o al menos intentarlo, porque todavía no está. Nosotros estamos haciendo el intento de que nos vayan acompañando pero la conflictividad social tiene un montón de vertientes. No siempre están los tiempos de los demás para ponerlos acá. Pero también porque esto era una realidad desconocida y de a poco se empieza a caracterizar de alguna manera. Es un programa reciente, pero hemos acumulado un montón de experiencia”, completó.

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