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07/02/2024

Sostener un comedor en medio de la crisis y el recorte en la asistencia alimentaria

Yessica es cocinera del comedor “Alma mía” en Batán y junto a sus hijas asiste a más de 200 personas, pero hace más de dos meses no reciben asistencia del gobierno nacional.

Sostener un comedor en medio de la crisis y el recorte en la asistencia alimentaria
(Fotos: Qué digital)

Desde 2019 Yessica es coordinadora del comedor “Alma mía” en el barrio La Serranita, a pocos kilómetros de Batán. La situación de vulnerabilidad que atravesaban niños y niñas fue lo que la llevó a conformar el espacio que hoy asiste a más de 200 personas -entre adolescentes y personas adultas mayores- donde, asegura, aumentó la necesidad alimentaria en medio de la crisis que vive el país.

Yessica es una de las tantas cocineras y referentes que estuvo presente durante la jornada de este miércoles en el Paseo Dávila para denunciar, al igual que en otras ciudades del país y junto más de 70 comedores y merenderos de Mar del Plata, el recorte en la asistencia alimentaria realizado por parte del Ministerio de Capital Humano que conduce la ministra Sandra Pettovello, que ni siquiera tiene un articulador designado a nivel local.

Durante la jornada de visibilización y tras tomar la palabra ante la asamblea, Yessica contó su experiencia a Qué digital y relató que, junto a dos sus hijas y en articulación con Libres del Sur asisten en “Alma mía” a 47 familias -un total de 235 personas- que se acercan cada día por un plato de comida o “un paquete de arroz o lo que sea para ayudar”.

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Así, es otra clara muestra de cómo, mientras el poder de compra cae cada día más y acceder a alimentos se vuelve un desafío en medio de la profunda crisis económica y también en Mar del Plata, los comedores y merenderos funcionan como espacios de refugio y contención, a pulmón y una presencia estatal que se diluye.

Es que hace más de dos meses que, asegura Yessica, el gobierno nacional -a través de su sede ministerial local- cortó todo tipo de ayuda mientras la necesidad, sobre todo de personas adultas mayores en su barrio, aumenta.

“Es un barrio de zona de quintas donde hay mucha necesidad porque hay gente extranjera que no tiene documentación, que no cobra un salario universal ni ningún tipo de beneficio”, explicó la trabajadora barrial.

Así, el comedor se sostiene con el aporte vital de Yessica y sus dos hijas además de los alimentos que pudieran conseguir: “Antes, cuando no se entregaba la mercadería, lo hacíamos funcionar con ayuda nuestra. Pero hoy mi bolsillo no alcanza ni para mi casa, y no puedo asistir más con la ayuda que daba para el comedor”, lamenta.

Incluso, cuenta que muchas de las familias del barrio que “antes ayudaban a bancar el comedor” son las mismas que hoy se acercan por un plato de comida.

“Hoy se puede hablar de la necesidad de alimentos, pero hay necesidad de todo. Una garrafa la pagamos 13 mil pesos y el comedor consume al menos cuatro garrafas por mes. Tratamos de sostenerlo con la ayuda de mis hijas, de mi pareja y mía”, reitera Yessica como parte de una realidad en común a la situación que atraviesan los comedores y merenderos de la ciudad, al punto tal que alguno no solo redujeron su capacidad de asistencia, sino que incluso están paralizados, con todo lo eso implica en este contexto.

Sin asistencia estatal, una de esas alternativas para intentar subsistir con su propio aporte, cuenta, es comprar en el Banco de Alimentos pero lamenta que muchas veces es insuficiente o no rinde. “El Estado está ausente”, afirma Yessica sobre el presente y, a su modo de explicar el rumbo de las políticas públicas actuales, “los mismos que recortan la entrega de alimentos son los mismos que nunca pisaron un barrio”, ahí donde las necesidades abundan y el hambre se vuelve una moneda corriente.

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07/02/2024