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16/09/2020

La pandemia en los barrios: emergencia alimentaria, déficit habitacional y falta de trabajo

Investigadores del Conicet presentaron los primeros resultados de un trabajo en base a los comités barriales. La profundización de problemas existentes, una de las conclusiones.

La pandemia en los barrios: emergencia alimentaria, déficit habitacional y falta de trabajo
(Foto: ilustrativa / Qué digital)

El grupo de investigación del Conicet de Mar del Plata a cargo del proyecto “Monitoreo y seguimiento de las estrategias para minimizar la circulación del coronavirus en el Municipio de General Pueyrredon” presentó el primer informe sobre la situación social que atraviesan los barrios de Mar del Plata y Batán en el actual contexto de aislamiento, social y preventivo. Y, en base a la actuación de los comités barriales de emergencia (CBE), relevó como problemas ya existentes pero potenciados por la pandemia la emergencia alimentaria, el déficit habitacional y, fundamentalmente, la falta de trabajo en sufren miles de personas.

El informe fue elaborado a partir de encuestas realizadas en agosto -previo al retorno a la fase 3 – a integrantes de los comités barriales de emergencia, los dispositivos que surgieron en el contexto de pandemia sobre la base de una red de asociaciones preexistentes, como lo son las asociaciones vecinales, organizaciones sociales, iglesias, clubes, entre otras, para ofrecer soluciones de contingencia a las necesidades de los vecinos y vecinas de comunidades vulnerables.

Los especialistas involucrados en el proyecto explicaron que los principales problemas detectados fueron la emergencia alimentaria, la sanitaria, el déficit habitacional y el hacinamiento agravados por la falta de servicios -en especial, de tendido de la red de agua potable- y, sobre todo, la falta de trabajo que impacta directamente en el sector informal y cuentapropista, en especial entre personas ligadas a la construcción y el trabajo doméstico, y la violencia institucional y de género. Y el trabajo plantea que si bien estos problemas ya existían antes de la pandemia, los entrevistados destacaron que los mismos se han profundizado.

Según puntualiza el trabajo, el 90% de los casos consideró que se han sumado nuevas problemáticas como las dificultades de acceso a insumos de higiene y limpieza y a servicios de comunicación, herramientas fundamentales en tiempos en que la educación se realiza a distancia.

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Actualmente, los CBE trabajan en conjunto con diversas instituciones y asociaciones para abastecer a los 350 comedores y merenderos que funcionan en la ciudad, que alimentan entre 30 y 150 familias en cada caso, 110 en promedio, detalla el informe y plantear que el 4% de los comedores relevados comenzaron a funcionar a partir del inicio de la declaración del aislamiento social, preventivo y obligatorio para evitar la propagación del coronavirus.

Por su parte, en aquellos comedores que ya existían con anterioridad, la cantidad de personas que concurre ha aumentado significativamente desde entonces, y en algunos casos se ha duplicado y hasta triplicado. Con el recrudecimiento de la pandemia, el 40% de estas instituciones modificó su funcionamiento y comenzó a entregar viandas de comida para llevar, llegando alrededor de 44.500 viandas semanales.

Del relevamiento se desprende que el 90% de los comedores cambió los modos de realizar la limpieza del lugar, pero sólo el 30% cuenta con los elementos de limpieza necesarios. Cabe destacar que el 80% de estas cocinas populares funcionan en casas particulares, de las cuales el 60% no cuenta con redes de gas, de modo que el combustible es gas envasado o leña. En ellos opera una red de 2600 voluntarios, que en un  80% son mujeres.

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Respecto a las donaciones de alimentos, elementos de higiene y tapabocas, el informe reporta que provienen de aportes particulares, de las organizaciones sociales, de la Fundación de la UNMdP, instituciones religiosas y del Estado. Asimismo, existe una demanda generalizada que pide mayor presencia del Estado municipal para asistir sus derechos básicos en materia alimentaria y de infraestructura.

A su vez, los investigadores explican que otra conclusión a la que arribaron es que el cumplimiento del aislamiento fue alto, cercano al 80%, pero que “se relajó con el tiempo”, debido a las necesidades de buscar alimento, salir a trabajar y, en última instancia por la necesidad de salir.

En detalle, los barrios monitoreados fueron: López de Gomara, San Cayetano, La Herradura, Hipódromo, San Jorge, Las Américas, Regional, Don Emilio, Parque Hermoso, Valle Hermoso, Las Heras, Las Dalias, Alto Camet, Don Bosco, B. Rivadavia, Los Andes, Santa Mónica, Estación Norte/Centenario, Puerto, Villa Lourdes, Antártida Argentina, Monte Terrabusi, Santa Rosa del Mar, Quebradas y Nuevo Golf, Batán, Boquerón, Pueyrredón, Fortunato de la Plaza y Villa Evita.

Esta iniciativa, que obtuvo financiamiento a través del Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal de las Capacidades en Ciencia y Tecnología Covid-19, es liderada por Marcela Ferrari, investigadora del Conicet y directora del Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (Inhus- Conicet, UNMdP).

Este primer informe fue elaborado por Augusto Bianchino, en colaboración con Gabriela Quiriti y Santiago Casamitjana. Además, se encuentra la labor de un equipo de encuestadores junto con Fernando Cacopardo, Manuela Fonseca, Claudia Mikkelsen, Ornella Polini, Pablo Salgado, Tamara Sosa y Juan Pablo Ubici.

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