Lunes 27 de mayo | Mar del Plata
24/03/2023

La memoria entre los trabajadores militantes y sobrevivientes del puerto de Mar del Plata

Cómo es el trabajo de la Comisión Memoria Portuaria en su lucha por reconocer al puerto local como otro de los escenarios del genocidio y recordar a los más de 40 desaparecidos.

La memoria entre los trabajadores militantes y sobrevivientes del puerto de Mar del Plata
(Fotos: Qué digital)
Celeste Verdicchio

Por: Celeste Verdicchio

“La memoria se fue hilvanando en rondas de mates, en actos recordatorios, en asados y hasta en movilizaciones. Es que los recuerdos siempre vivos se nos vuelven con insistencia cuando nombramos a cada uno de nuestros desaparecidos en los setenta”,
(Comisión Memoria Portuaria. 2011).

Mantener los recuerdos vivos y no olvidar el accionar que la maquinaria represiva del terrorismo estatal desplegó en complicidad con sectores de la sociedad sobre el puerto de Mar del Plata fue lo que impulsó en 2005 y casi como una necesidad a ex trabajadores militantes y sobrevivientes a reencontrarse, compartir sus historias, buscar información sobre detenidos y desaparecidos y consolidar la Comisión de Memoria Portuaria

El Pescadito, el Batata y el Anteojito, son algunos de los trabajadores que forman parte de esos recuerdos vivos para Jorge Agüero. Esos que aparecen entre la nostalgia y el homenaje, pero también junto al terror, al habitar los mismos lugares por los que solían trabajar y organizarse.

Es martes al mediodía, el cielo está despejado y restan muy pocos días para el Día de la Memoria y el acto que cada 23 de marzo los trabajadores encabezan en la Plaza de los Fileteros, símbolo de asambleas y espacio cargado de resistencia y memoria.

En la Banquina de los Pescadores —entre rostros conocidos, camiones que van y vienen, cajones con mercadería y también las tradicionales lanchitas amarillas y buques pesqueros—, emergen los recuerdos de Jorge sobre lo que fueron años oscuros pero también años de lucha, mucha militancia y compañerismo. 

“El Batata cortaba pescado enfrente mío. También teníamos a otro compañero que le decíamos Anteojito. Te encontrás a cinco desaparecidos en una sola fábrica”, cuenta Jorge al recordar con quienes compartía horas de trabajo en la fábrica M.I.A —hoy desaparecidos— en un relato que va desde el sindicalismo, la política, la lucha obrera por condiciones dignas de trabajo hasta la persecución y el genocidio cometido mayormente en la década de los ’70 y de manera sistemática en la última dictadura cívico militar inaugurada tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. 

“El Pescadito desgraciadamente falleció el anteaño pasado. Era un compañero de la fábrica Polo Sur que lo detuvieron a fines de 1974 con 17 años y lo liberaron en 1983. Lo mandaron a la cárcel con sus dos hermanos y le decían Pescadito porque cuando estabas preso, ¿de qué hablabas? del puerto. Al hermano le decían Pescado y cuando cae él también le ponen Pescadito”, recuerda con humor y nostalgia.

Hace pocos meses, la Comisión comenzó, justamente, con una búsqueda de información —no solo a través de los legajos que contiene el archivo de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, entre otros organismos que aportan datos, sino a través del encuentro con familiares y de personas conocidas— para relevar quiénes son y qué cantidad de “detenidos liberados” (es decir, personas sobrevivientes víctimas de secuestro y, en algunos casos, de tortura) hay en el puerto de Mar del Plata. Hasta el momento, ese registro suma más de 20 sobrevivientes.

Fileteros, fileteras, envasadores, obreros de astilleros, estibadores y peones son, sin embargo, quienes forman parte de los relatos y homenajes en lo que hace a una búsqueda sin cesar por reconstruir sus historias de vida y militancias plasmadas en el libro Trabajadores militantes del puerto desaparecidos en Mar del Plata 1975-1983, editado en 2011 luego de recopilar todo el trabajo que encabezó por años la Comisión de Memoria Portuaria (en su comienzo denominada Comisión por los Obreros del Puerto Detenidos Desaparecidos) en paralelo a su presencia en la calle en las luchas de las y los trabajadores, ante cada hundimiento o cada 24 de marzo. 

Al momento de la presentación del libro, la Comisión de Memoria Portuaria había alcanzado a confirmar 40 trabajadoras y trabajadores portuarios desaparecidos. Sin embargo, con el paso de los años, ese registro que da cuenta de la dinámica secuestro-tortura-desaparición desplegada de manera sistemática sobre los trabajadores considerados “subversivos” por el propio Estado al cuestionar el orden económico y social, se amplió a 42 víctimas (con tres trabajadores de Necochea incluidos).  

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Ellas y ellos son Lidia Beatriz Álvarez Montenegro de Sadet, María de las Mercedes Argañaraz Lescano de Fresneda, Olga Margarita Benzone Piñeiro de Petter, Raúl Ricardo Bustamante Dolcemas (conocido como Patita), Eduardo Alberto Cagnola López (conocido como Mocho), Juan Carlos Carrizo Correa (de la fábrica La Campagnola), Susana Aurora Collinet Galíndez (conocida como Rusa), María Eleonora Cristina Álvarez de Domínguez (de la fábrica M.I.A), Mario Alberto D’favio (conocido como Chuchi), Roberto Anselmo Echeveste, Delia Elena Garaguzzo Viera de Roldán (conocida como Tali de La Campagnola), Daniel Faustino Garramone Groch (pescador y patrón de lancha de Necochea), Alcira Ángela Giacomozzi Ruiz (de La campagnola), Silvia Noemí Giménez Gómez de Guido, Mónica Susana González Belio de Padro (de la fábrica Filcon Diez), Laura Adhelma Godoy Beccerica de De Angeli (conocida como Estela), Rubén Ernesto Guevara Ibáñez, Rubén Jaimez Fernández (conocido como Ñato), Estela Beatríz Lombardo Palacios de Olave (conocida como Gringa).

También, Sergio Lorenzo, Julio Mártirez Manza Galarza, Juan Felipe Miyares, Donaldo Davida Molina Cornejo, Haydeé Cristina Monier Gallo de Carrizo (conocida como Lita de La Campagnola), María Josefina Mujica Tiscornia de Frigerio (conocida como Lía), Jorge Raúl Olave Moreno (conocido como Periscopio, Peris, Pichón), Ponciano Argentino Ortiz Cabotti (conocido como El Negro), Telmo Juan Ortiz Acosta, Liliana Carmén Pereyra (conocida como Lali), Heriberto Gabriel Prado Martinet, Alfredo Reym (conocido como El Rubio de Necochea), Néstor Miguel Roldán Cepeda (de la planta Izzo), Germán Mario Rodríguez (de Rojo Mar Mellino), Antonio Mario Sasso Petruzzi, Antonio Satutto (del astillero Dante Grassi), Carmen Gloria Sánchez Alonso de Blanco, Carlos Alberto Sánchez Prado (conocido como el Batata de la fábrica M.I.A y SAPIA), Liliana Haydeé Scocimarro Miranda de Sánchez (de la fábrica M.I.A), Nora Inés Vacca (de La Marplatense), Susana Haydeé Valor de Diego (conocida como Cristina), Jorge Máximo Vázquez (de Valastro) y Angel Luis Verón Coceres (conocido como Anteojito de la fábrica M.I.A).

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HOSTIGAMIENTO, EXILIO INTERNO Y REENCUENTRO

Jorge y Adela, su compañera de vida, aseguran haber vivido “días de terror” entre 1976 y 1977. Además de militar, ambos eran delegados en las fábricas de pescado para las que trabajaban en Mar del Plata, actividad en la que la principal premisa era “llevar adelante las reivindicaciones de los compañeros”

Esa postura política —en medio de un contexto económico convulsionado por la caída de las capturas y exportaciones en 1975 y 1976 y de profundización de la precariedad laboral y la intensificación de las medidas de lucha del sector obrero, según relatan desde la Comisión— terminó con muchos de las y los trabajadores portuarios perseguidos y secuestrados

En el caso particular de Jorge y Adela (al igual que para muchos otros trabajadores), no hubo más opción —ante las amenazas, la persecución e incluso varios intentos de secuestro— que huir

“Hasta que me fui de Mar del Plata, los días fueron de terror. Vivía clandestino. Era encontrarte todos los días con no saber qué iba a pasar con un compañero. Salías a la calle y era el terror, veías pasar a los coches Falcon y ya sabías lo que eso significaba”, recuerda. 

Como parte de ese plan sistemático de exterminio que fue precedido por una acción intensa de grupos parapoliciales en los años previos vinculados al gobierno peronista, en agosto de 1975 un grupo civil ingresó a la casa de Jorge “sin identificarse” algo que se traducía en una situación de peligro mucho mayor —describe Jorge— en comparación a las identificaciones que podía realizar la Policía Federal en donde “por lo menos tenías algo blanqueado, te llevaban, te torturaban, te soltaban, pero algo tenías de blanqueado”, recuerda. 

“En mi caso personal, me intentaron secuestrar varias veces y en una oportunidad mis compañeros de fábrica evitaron que me suban arriba de un auto. Ellos me acompañaban del trabajo a la casa, de la casa al trabajo. Se turnaban. Con Adela también ocurrió lo mismo. Intentaron subirla y ella se tiró con el coche en marcha. Pero esto pasó en muchas fábricas”, asegura. 

Ese hostigamiento en el puerto de Mar del Plata llevó a que muchos de las y los trabajadores portuarios de diferentes corrientes políticas, ideológicas y sindicales se fueran entre 1974 y 1975 a otras provincias. Jorge y Adela, después de varios intentos de secuestro y con cuatro hijos de poca edad, siguieron ese curso: con dinero prestado y en la clandestinidad, huyeron primero al campo y luego a Necochea, donde continuaron trabajando en el sector portuario. 

“Van a pagar las consecuencias”, fue la amenaza directa que recibieron familiares y compañeros de Jorge y Adela ante la posibilidad de su regreso a Mar del Plata algo que, finalmente, se concretó en 1991, ya muy entrada la última recuperación democrática. 

“Cuando volví, la idea era encontrarme con conocidos y compañeros de aquellos años y empezar a preguntarnos qué pasó con este, con el otro, a decir a éste lo llevaron, a éste también. Así fueron los reencuentros de los primeros años: más emotivos que otra cosa. Y eso nos llevó a ver la necesidad de empezar a reunirnos para de alguna forma ordenar todo eso que había pasado en el puerto de Mar del Plata”, relata Jorge en lo que hizo al comienzo de un camino por reconstruir lo que pasó con las y los trabajadores militante durante la dictadura, en una construcción de la memoria colectiva que aún continúa.

LUCHAS PORTUARIAS QUE MARCAN EL PASADO Y EL PRESENTE

“Mar del Plata no solo vive de espaldas al mar, sino lo que es mucho más grave, de espaldas a las luchas y conflictos sociales
que le dan sentido a los tiempos actuales”,
(Eduardo Maro Pradas. Ediciones El Mensajero. 2006).

A mediados de los ’70, en el puerto de Mar del Plata se multiplicaron las plantas elaboradoras de filete, envasadoras y de secado de pescado, una actividad que —describen desde la Comisión de Memoria Portuaria— fue altamente rentable para el capital mientras las cámaras empresariales ponían todo su foco cada vez más en las exportaciones dejando de lado el desarrollo del mercado interno.

Según datos aportados por Eduardo Maro Pradas en su libro Un acercamiento a la problemática pesquera marplatense, el sector pesquero de Mar del Plata registró en 1971 el 82% de las capturas marítimas, la capacidad de flota de altura se triplicó y en 1973, junto a la flota costera, representó más del 90% del total de la producción nacional.

La necesidad de mano de obra en este contexto de expansión del sector empresarial atrajo a un importante número de migrantes internos quienes a pesar de lo que implica abandonar el lugar de residencia esperaban mejorar su suerte en La Feliz.

Pero ese deseo se encontró con otra realidad: una intensa lucha por defender, de manera constante, los derechos laborales de los trabajadores y una puja por desarticular la conducción del Sindicato Obrero de la Industria del Pescado (SOIP) “en ese momento, cuidadosa de los intereses empresariales”, describe el libro de la Comisión de Memoria Portuaria.

“Hay un pico en el proceso de desarrollo de la industria en el puerto en el ’65, con la huelga de los fileteros y en la década del ’70 con un alza en la lucha por pedidos de reivindicación. Aparece en la industria del pescado la corriente clasista en oposición al sindicato y toma las reivindicaciones de los trabajadores”, recuerda Jorge.

Así, por ejemplo, en 1975, como resultado de asambleas multitudinarias, tomas de fábricas, huelgas, piquetes, paros, pero sobre todo una “obstinación persistente”, los obreros y obreras en común acuerdo con el SOIP, conquistaron el Convenio Colectivo de Trabajo 161/75 (en continuidad al régimen de garantía horaria de 1974 —incorporado previamente por la industria de la carne—) en un reconocimiento de la jornada laboral de ocho horas, garantía horaria, categoría, horario de planilla, estabilidad laboral y defensa del recurso marítimo, entre otros puntos.

En paralelo a esos reclamos y conquistas que derivaron, por ejemplo, en la importante toma de la planta Galeote con delegados de otras fábricas que también se sumaron al reclamo y en donde, recuerdan, comienza vislumbrarse la solidaridad entre la clase obrera en medio de una crisis con la conducción sindical, también comenzó una dura represión en el ’74 con muchos detenidos luego liberados y otros que tuvieron que abandonar el puerto de Mar del Plata.

“Los reclamos eran justos. Que los dueños de la materia prima se hicieran cargos de los obreros porque vos trabajas, te cerraba el que estaba ahí y te quedabas sin nada”, relata Jorge casi como hablara del presente. “Para eso fue la dictadura. Reivindicar a los dueños de la materia prima que, a su vez, eran los que tenían los barcos, plantas, conservas y también manejaban la harina”, sostiene.

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“Llegó un momento en el que empezaron a procesar el pescado a través de otras plantas clandestinas o semi clandestinas que no se respetaba lo mínimo que había hasta ese momento. Vos corrías el riesgo que hoy estabas y mañana te podías quedar sin trabajo”, explica mientras en el presente se repite el mismo modus operandi a través de cooperativas “truchas” y trabajadores portuarios precarizados —como los 27 que encabezan desde hace semanas un acampe en las instalaciones del frigorífico Ostramar en reclamo por la registración laboral— y en condiciones de explotación: movimientos repetitivos en el caso de los “fileteros que sufren cortes, enfermedades por el frío, problemas en las articulaciones y los pulmones además de la columna”, describe Jorge.

Lograron imponer sistemas de trabajo como los de las ‘cooperativas’ y hoy desgraciadamente las plantas están clandestinas. Está lleno de esas fábricas, pululan por toda la periferia. Se aprovechan de la necesidad de trabajar de los jóvenes y los llevan al trabajo en negro

MEMORIA PORTUARIA

Los discursos de la memoria instalados en la sociedad, describen desde la Comisión de Memoria Portuaria, suelen estar enfocados en las desapariciones forzadas -una de las aristas de lo ocurrido en esos tiempos- y particularmente en aquellas sucedidas en el ámbito universitario, en los colegios secundarios y en los círculos profesionales como el caso emblemático de la “Noche de las corbatas”. Esa construcción, sin embargo, deja en un segundo plano “las experiencias sufridas por los trabajadores”, consideran desde el espacio.

Por eso, para Jorge pero también para toda la Comisión y el sector portuario es tan importante la revisión de lo sucedido en términos de todo lo que significa el puerto para la ciudad de Mar del Plata y también el puerto marplatense para la Argentina como el principal en cuanto a descargas.

“Es necesario ver no solo la represión que hubo sino con qué fines fue. Está claro que la represión implicó un cambio importante a nivel de las reivindicaciones de los trabajadores. Se perdieron conquistas logradas a través de años de lucha y también sucedió toda una entrega”, señala.

“Nosotros nos oponíamos a los barcos extranjeros. Llamábamos a preservar la riqueza ictícola. Lo que produce la dictadura es barrer una cantidad de personas que podían ser ‘opositoras’ a ese objetivo que ellos tenían e instaurar algo que permitiera enriquecer a un grupo importante de empresarios pesqueros y también favorecer a algunos para no tener oposición o reclamos en lo sindical”, describe Jorge.

Ese pasado, lleno de dolor, tiene una lucha que hoy continúa. Por un lado, en la búsqueda activa de reconstruir lo sucedido, hacer memoria y no permitirse olvidar. Y por el otro, en el acompañamiento de los pedidos de quienes hoy toman las calles para exigir lo mismo por lo que las y los trabajadores lucharon a lo largo de décadas incluso durante la dictadura: condiciones laborales dignas.

Antes de despedirse, Jorge saca de su bolsillo una fotografía. Y cuenta: “Ella es una compañera que murió en el ’77. Era trabajadora del pescado y tenía 21 años cuando murió. Estamos investigando cómo fue. La hija de esta compañera se nos acercó a la Comisión a ver si podemos reconstruir la vida de la madre. Hacemos mucho esto con los familiares. En el último período, hijos de desaparecidos se fueron acercando a nosotros. La hija de esta chica tenía 2 años cuando murió. No conoció nada de su madre. Quiere que alguien le cuente quién era como trabajadora, quién era su mamá. Tenemos 42 desaparecidos confirmados y alrededor de 20 detenidos liberados, pero esto es mucho más grande de lo que hay. Va creciendo día a día y comienza a acercarse mucha gente que no denunció”.

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