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22/08/2021

Nicol, de la oscuridad de la calle a ser parte del equipo del Centro Modular

La mujer trans relató cómo pasó de la prostitución a trabajar dentro del predio ubicado en el HIGA. Su presente, la discriminación, los desafíos y la importancia de la lucha para que más mujeres del colectivo puedan tener un trabajo formal. 

Nicol, de la oscuridad de la calle a ser parte del equipo del Centro Modular
(Fotos: Qué digital)

“Nací un 13 de agosto. Soy una leonina, una gran peleadora”, define Nicol Parra, un ejemplo de la importancia del acceso al trabajo formal en la comunidad trans, en una charla íntima con Qué digital. Nicol en junio del 2020 se quedó sin trabajo y, a raíz de la pandemia de covid-19, la necesidad por conseguir dinero para vivir la llevó a prostituirse. Sin embargo, gracias al apoyo de las organizaciones que luchan por los derechos del colectivo LGBTIQ+, pero sobre todo gracias a su fortaleza, logró transformar su vida y hoy es parte del Centro Modular Sanitario que funciona en el predio del Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA) para la atención de pacientes de coronavirus. Su presente, la discriminación, los desafíos y la importancia de la lucha para que más mujeres del colectivo puedan tener un trabajo formal.

“Este es el segundo trabajo que tengo gracias a la organización Asociación Mundo Igualitario (AMI) como mujer trans”, reconoció desde su actual puesto en el Área Covid. Durante once años, Nicol trabajó brindando acompañamiento terapéutico a una persona que tenía una parálisis cerebral. “Era un artista plástico y pintaba con la boca. Lo asistía, lo cuidaba, le hacía higiene y confort. No tenía el curso de acompañante terapéutica pero fui aprendiendo porque siempre me gustó”, explicó.

Sin embargo, su realidad cambió abruptamente el año pasado cuando se quedó sin su principal fuente de ingreso. “Me quedé sin trabajo en plena pandemia. Había comenzado con mi transición y me quedé sin trabajo ya como mujer trans”, confesó. Nicol reconoció que a pesar de contar con un currículum y una carta de recomendación de quienes le dieron trabajo durante más de una década “a las mujeres trans no se les da la oportunidad y lamentablemente tuve que tomar el camino de la prostitución”.

En junio del 2020, cuando se quedó definitivamente sin trabajo y la única opción que encontró fue comenzar a prostituirse para poder comer, pagar la luz, el gas y el alquiler, desde la organización AMI se pusieron en contacto para ofrecerle ayuda. En una primera instancia, y gracias a la gestión de Agustina Ponce, Cintia Pili y Claudia Vega, Nicol pudo acceder al programa Potenciar Trabajo. “Con eso yo sustenté mi alquiler, ya no tenía que preocuparme por eso, solo por conseguir comida y pagar los servicios de luz, agua, gas. Tampoco me mataba, salía cuando realmente lo necesitaba”, reconoció.

Nicol entregó su currículum a la organización y en octubre le llegó la solicitud para poder trabajar en un geriátrico de Mar del Plata. “El dueño me tuvo trabajando durante cinco meses, me tendría que haber puesto en blanco al mes y recién lo hizo el 10 de febrero, a los siete días me dieron de baja con la excusa de reducción de personal”, expuso.

“Mi trabajo fue impecable y hasta tengo recomendaciones de familiares del lugar. Pero sufrí nuevamente discriminación en el trabajo y tuve que volver a prostituirme”, recordó. Con el miedo y la incertidumbre de no saber si viviría para contarlo atravesó varios meses. “Vuelvo a la calle, sigo trabajando y de la noche a la mañana me llaman a trabajar, me dicen que ingreso por el cupo laboral travesti trans provincial y me dan la posibilidad de entrar en el Hospital Interzonal General de Agudos”, sintetizó.

Al haber tenido el secundario completo, Nicol pudo ingresar en el área de administración y reconoció: “El encargado Luis Salcedo y la directora Verónica Martín me recibieron muy bien. Me integraron a este maravilloso equipo, es muy humano el grupo que trabaja”.

“Me empezaron a capacitar porque mi ingreso era al Área 12 Covid”, señaló orgullosa y cuando estuvo preparada comenzó a desempeñarse en sus funciones dentro del Centro Modular ubicado en el predio. Así, “de la noche a la mañana”, Nicol se sumó al sector que dirige Anabella Deris -donde se realizan los testeos rápidos, de PCR y se derivan pacientes a internación- quien la presentó a todo el equipo de trabajo. “Hizo hincapié a que no sufra maltrato, ni discriminación, que ya había vivido un montón de cosas y que ahora el Estado nos estaba devolviendo lo que históricamente nunca nos había dado: un trabajo digno, una posibilidad de vivir dignamente”, detalló.

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Cabe destacar que el ingreso al trabajo formal de Nicol se dio gracias a la iniciativa de diferentes organizaciones, cuando ya regía en la Provincia la Ley “Diana Sacayán” y previo a que se promulgara y reglamentara la ley que establece el cupo laboral travesti trans en la administración pública nacional. “Obviamente sin la organización AMI y sin Atahualpa esto no hubiese sido posible”, consideró la trabajadora que se encarga de recibir a las y los pacientes que llegan con sintomatología al predio donde funcionan el Hospital y el Centro Modular Sanitario.

Hoy Nicol elige compartir su historia para que sus compañeras puedan acceder a otra forma de subsistir. “Comencé a capacitarme, a trabajar y mi vida cambió. Mi vida estaba llena de oscuridad y comenzó a tener luz. Comencé a ser feliz, a levantarme temprano y cumplir un horario, tener una rutina, a no tener que padecer la prostitución”, cerró.

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“LOS CLIENTES NOS TOMAN COMO OBJETO Y LA MAYORÍA DE LA GENTE COMO BURLA”

“Hay otro camino posible pero el Estado tiene que seguir haciéndose cargo”, reflexionó Nicol. Por sus vivencias sabe que las organizaciones van a seguir militando pero también reconoce que sin las herramientas estatales es muy complejo dejar la prostitución. “No solo nos afecta psicológicamente sino que afecta nuestra salud, nos golpean, nos violan, nos matan en la calle”, acentuó conmovida.

Nicol es una agradecida y una luchadora. Hoy le agradece a Daniela Castro, a Cintia Pili, a Agustina Ponce y a Claudia Vega, entre otras, ya que “son quienes lucharon para que yo tenga hoy este puesto de trabajo”. Actualmente y gracias a que su situación se estabilizó, ella colabora en AMI para que sus otras compañeras puedan entrar a trabajar como corresponde. “Que vean lo hermoso que es estar todas juntas unidas, es hermoso y no tiene explicación”, describió.

Una y otra vez Nicol insiste que la oscuridad de la calle quedó atrás y también agradece el equipo de trabajo del cual forma parte. “Es muy lindo, me tratan a la par, cuando en realidad estoy acostumbrada a recibir maltrato, discriminación”, resaltó.

“Llegó a mi vida el cupo laboral travesti trans para cambiarla y para llenarla de colores. No está más el color oscuro en mi vida. Ahora se llenó de los colores del arcoíris, de felicidad, luz, siento esperanza y siento orgullo”, enfatizó.

“En la calle pasaban y nos gritaban insultos, acá no. Todo lo contrario, es un grupo maravilloso”, reforzó y agregó: “Estoy con gente con corazón y me encanta estar en este lugar. Todo esto que me está pasando a mí tengo muchas ganas que les pase a mis compañeras y que la calle, la esquina, no sea más el lugar donde estemos paradas. Donde tenemos que estar paradas es en un puesto de trabajo”.

“Mi experiencia es horrible porque el cliente no viene a hacerte el amor. No estás con una persona porque vos querés. El primer tiempo es horrible y después se hace rutina, lo tomás como un trabajo”, evocó.

Los clientes nos toman como objeto y la mayoría de la gente nos toma como burla o como que no formamos parte de la sociedad.

Dejar de prostituirse no fue fácil, sin embargo una vez que consiguió su puesto actual, Nicol recibió el acompañamiento de los profesionales que necesitaba. “La gente de servicio social del hospital me asistió, también tuve acompañamiento psicológico. En terapia me fui sacando esta mochila que es tan pesada”, admitió.

“Si tengo que volver a nacer elijo volver a nacer trans con todo lo que tuve que pasar porque demuestra la fortaleza y la fuerza que tenemos. El compañerismo entre las compañeras en no permitir que nos pase nada y que si tocan a una nos tocan a todas, y ahora en el trabajo eso también lo veo”, confirmó Parra.

– Desde que ingresaste a trabajar al Centro Modular ¿cómo es ahora tu rutina laboral?

– Ingreso, le hago el triage a la gente, les doy la bienvenida. Es a la primera persona que ven cuando ingresan con síntomas: dolor de cabeza, falta de aire, fiebre. Soy a la primera que le cuentan, les doy el turno, las ubico en un lugar determinado. Hay pacientes que ya están con covid positivo que les falta el aire y directamente van a parar al área restringida positiva. También me encargo de acomodar a cada persona que se tiene que realizarse el hisopado, después los vuelvo a acomodar para que esperen el resultado. La gente de mantenimiento va higienizando absolutamente todo. Es todo muy impecable, es todo muy profesional en el lugar de trabajo.

– Ahora en la pandemia venís a estar en un puesto, como se diría, “en situación de guerra”, como si fuera “un puesto de trinchera” ¿eso te afectó en algo?

-Estoy en el frente, en el Centro Modular Covid, en la detección de covid. Se inauguró en mayo de este año y me designaron este puesto. Me llena de orgullo y de placer que una travesti esté inaugurando un puesto laboral en el modular en plena pandemia.

-¿Sentiste discriminación?

-La única discriminación que tuve fue de un paciente que me trataba de forma masculina y automáticamente mi compañero de seguridad se levantó y le pidió que se dirigiera con respeto. Yo me angustié, mis compañeras fueron enseguida a decirle que soy mujer y que me tenía que tratar como corresponde. Fue la única vez que me pasó eso y es muy lindo sentirme así acompañada, protegida y cuidada. Nunca me había pasado.

En la calle te subís a un auto y no sabes a qué auto te estás subiendo; no sabés a que te expones. Esa vida no es una vida digna, es una vida fea y oscura. Ahora estoy llena de amor, estoy acompañada de profesionales que se ocupan.

-¿Con qué qué situaciones te encontrás diariamente?

– He visto pacientes que entran sin aire, morados y al borde de no poder seguir viviendo porque no pueden respirar. Yo lo veo, no me lo cuenta nadie. Antes tampoco creía la gravedad de la pandemia pero cuando lo ves con tus propios ojos todo lo que vive la gente no podés creerlo.

-¿Qué material de protección tenés para poder trabajar?

– Uso un barbijo especial (N95), un guardapolvo y me dan todas las herramientas para trabajar. Igualmente estoy aislada, estoy en mi despacho con vidrio blindado y no tengo contacto físico con la gente. Obviamente usamos guantes, alcohol  en gel  con anteojos protectores, con máscaras. En ese sentido, se cuida mucho al personal. Acá no se atiende a nadie o no se toca nada si no tenés la protección adecuada. Los directivos del lugar, Verónica Martín y Anabella Deris, cuidan al equipo de trabajo. No se empieza a atender y no se da prioridad al paciente si el personal de salud no está como corresponde para proteger su cuerpo y su salud.

Qué loco tener que recurrir a una ley para tener un trabajo digno. Tuvimos que ir al Congreso a pedir una ley y que la apruebe la gran mayoría. Y siguen ayudando al colectivo, porque no es solo ingresar a una institución sino que se abren programas para que nos capacitemos, para que trabajemos como corresponde.

– ¿Sentís que estamos en un momento en el que desde el Estado comienzan a restaurar los derechos del colectivo?

– El Estado está reconociendo derechos porque es un gobierno que pelea por los derechos humanos. Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner nos dieron el matrimonio igualitario, nos dieron la posibilidad de tener un DNI a personas travestis trans, ya sean hombres o mujeres. El gobierno ha ayudado a todo el colectivo LGBTIQ+. Con Macri nos sentimos desamparadas porque no hubo nada. Cuando volvieron, en plena pandemia comenzó la lucha de todas porque sabíamos que nos iban a apoyar porque pelean por una sociedad justa, por un derecho de igualdad.  Sin ir más lejos se aprobó la ley de cupo laboral travesti trans.

– Después de que te echaron del trabajo, del maltrato y de tener que volver a la calle y en el momento más oscuro ¿te imaginabas un presente así?

– Nunca me imaginé este presente, más cuando llegó un momento en el que no tenía más ganas de vivir. No tenía más ganas de vivir. Con ese sufrimiento, con tanta incertidumbre de salir a la calle y nos saber si iba a volver a mi casa, si mi mamá me iba a llorar. Era horrible porque vivís preocupada. El miedo a no enfermarte de nada, a no agarrarme ningún virus. Salir a trabajar en plena pandemia, no solo temer a poder contagiarme de cualquier enfermedad de trasmisión sexual sino también de contagiarme de covid y tener miedo de que me maten. La gente mata, la homofobia y la transfobia no se terminan.

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